domingo, 30 de junio de 2013

Hacer memoria... no es hacer la memoria

Hoy termina junio. Para la mayoría de docentes, esta fecha significa el inicio de las vacaciones estivales, aunque ya sabemos que julio es un mes no lectivo en el cual estamos a disposición de la administración, como periódicamente nos recuerdan desde ésta, por si nos olvidamos. Este mes que hoy acaba es tiempo de tomar decisiones, recapitular, preparar -mínimamente o con más profundidad- el año escolar próximo. Estos menesteres se llevan a cabo con las sesiones de evaluación, la elección de materiales curriculares, etc.  Además, durante la semana no lectiva del mes, se realiza la memoria del curso que finaliza. Y aquí querríamos detenernos para analizar un poco más esta práctica habitual en nuestros centros.
Este documento, que tiene carácter prescriptivo, puede tomarse de diversas maneras, como tantas cuestiones en educación. En el artículo anterior hablábamos de lógicas enfrentadas en el sistema escolar. La perspectiva burocrática considera la memoria como un trámite farragoso a liquidar por la vía rápida; normalmente, se aprovecha la del curso pasado, se cambian algunos aspectos -casi siempre fechas, cifras y algún objetivo ya conseguido- y se entrega sin más. Supongo que todos los docentes habremos hecho alguna memoria de esta manera. Esta mentalidad, además, está convencida de la inutilidad del documento,  basada en la idea de que inspección no lee las memorias de los centros que supervisa. Una memoria así confeccionada, efectivamente, quizás no merezca ser leída. Pero esto no justifica ni que no se lea, por una parte, ni que se haga con tanta desgana, por otra. 
Aparte de lo dicho en el párrafo anterior, hay un déficit permanente en el enfoque burocrático-funcionarial: nos referimos a la ausencia de debate pedagógico. Cómo dar clase, de qué manera conseguir el aprendizaje, favorecerlo y no entorpecerlo, no es tema a tratar, pertenece a la privacidad de cada docente. Lo vemos en muchos claustros, incapaces de abordar temas estratégicos sobre el proyecto real del centro, o temas didácticos como unas pautas comunes para iniciar a la escritura de textos o para favorecer la comprensión lectora. Por tanto, los debates se centran en temas comunes como las celebraciones escolares, las salidas, las filas, los horarios de entrada y salida... Apasionantes cuestiones de vital importancia, sin duda.
Frente a esta actitud elusiva, el enfoque profesional incide en solucionar los problemas escolares de enjundia, a través de la cooperación, el diálogo y la negociación; insisto en esto último: la negociación, que va más allá de la simple votación en claustro o comisión, y que implica una argumentación de la postura, una posibilidad de que la minoría convenza a la mayoría y haya transvases entre grupos de opinión.
Una memoria hecha desde estos parámetros, sería una reflexión sobre los acontecimientos del curso, y no un ejercicio de última hora, cuando ya acaba el año escolar, sino que se iría realizando durante el año, a través de la evaluación de actividades, de prácticas, de iniciativas. Para conseguir un documento válido, es necesario un registro durante el año, con las técnicas que se consideren oportunas. Y el final sería consensuar una redacción que, más o menos, pudiera contentar a la mayoría -o a todos- los que participan en su elaboración, y que son los ciclos en primaria, los departamentos en secundaria. 
Por último, este documento ha de servir de base para programar el curso siguiente. Un enfoque que primase el uso de la memoria en este sentido mejoraría, sin duda, la calidad de su elaboración, su utilidad para el profesorado. Y quién sabe, tal vez se produciría un cambio sustancial en muchos centros. Sería hacer memoria, no hacer la memoria. 

3 comentarios:

  1. la burocracia nos aburre porque hemos entrado en el juego de hacerla para cumplir con inspección, porque a esta parece que es lo único que le importa, tener los papelitos al día. Sin embargo el debate es fundamental para no caer en la retroalimentación, la critica constructiva es necesaria para mejorar. Gracias por el post Salvador.

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  2. Es bastante excepcional que un Proyecto Educativo de Centro sea el resultado de un trabajo conjunto y una reflexión colectiva. Lo habitual es que cada profesor, departamento, ciclo o comisión pedagógica confeccione los documentos que le corresponden y que sea el equipo directivo el que los agrupe, los organice y aporte lo necesario para que se ajusten a norma y tengan cierta coherencia.

    Y aunque cada colegio es un mundo no resulta extraño que, al comparar sus Proyectos, PGA y Memorias, se encuentren muchos lugares comunes, frases casi idénticas, valoraciones e intenciones muy similares y programaciones muy parecidas; como si todas ellas hubieran bebido de las mismas fuentes o se hubieran ajustado a la misma plantilla. Hay, claro está, honrosas excepciones, pero no es la tónica, ni tampoco se fomenta o se facilita.

    Nadie duda de la utilidad de los testimonios escritos, en cuanto que aportan reflexión, experiencia y sugerencias de futuro; pero en muchos casos, más que para un uso personal, estos documentos se elaboran para calmar al legislador o para proporcionarle los datos que necesita para vender su gestión, para dar la falsa impresión de que todo está pensado, controlado y medido; de que el proceso educativo no se deja al azar, ni está sometido a la idiosincrasia de los que lo integran.
    http://www.otraspoliticas.com/educacion/programaciones-y-mentiras-compartidas

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    1. Muy de acuerdo con tus apreciaciones; la existencia de una "zona intermedia" permite dar un uso coherente a los documentos prescriptivos. En el caso de la memoria, si se hace de ésta la base de la programación del año siguiente, el interés aumenta. Si no se ve la utilidad, al final tampoco hay reflexión. Gracias por tu comentario.

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