sábado, 10 de noviembre de 2018

La repetición de curso en primaria: algunos apuntes

Estos días se está hablando más de educación en los medios, a raíz de las iniciativas del gobierno central para reformar por enésima vez la ley general de educación, que actualmente es la LOMCE, reforma a su vez de la LOE de 2006, que enmendó la plana a la LOCE de 2002, que fue la respuesta conservadora a la LOGSE de 1990. Como podemos ver, no hay gobierno sin ley educativa. 
Aquí hemos analizado la LOMCE desde antes de su entrada en vigor, a finales de 2013, obra de un ministro de cuyo nombre nadie quiere acordarse. Una de las peores iniciativas de la ley, a mi entender, fue la desaparición de los ciclos en educación primaria, una medida arbitraria que no ha producido mejoras y que ha desarticulado una manera de funcionar -el ciclo- que se había mostrado eficaz. O al menos, no había sido un problema en sí misma. En vez de eso, se volvió a los seis cursos como única referencia, dejando la opción de agrupar al profesorado por equipos docentes, tantos como quisiera cada centro. La mayoría de CEIP optaron por mantener tres equipos, al igual que se hacía con los ciclos.
Otra consecuencia, quizás la buscada con esta modificación, fue que la repetición de curso ya no se hacía al final de cada ciclo, sino de cada curso. Con la normativa anterior, se podía repetir el último curso del ciclo -segundo, cuarto, sexto- una vez finalizados los dos años de permanencia en el mismo, con una visión más amplia del desempeño del alumnado. Extraordinariamente, se podía autorizar una repetición en el primer curso del ciclo, por motivos muy justificados. En un artículo reciente de Lucas Gortázar, se muestra que el resultado ha sido el aumento de la repetición en primaria desde 2014. Parece lógico que se haya aprovechado la posibilidad de repetir en cada curso. Otra cosa es qué razones llevan a la repetición del alumnado, ya en primaria. 
He sido tutor de primaria durante quince años, y he tenido todos los cursos, excepto primero (y no por voluntad de evitarlo). En estos años, he hecho repetir cursos a algunos alumnos. En todos los casos, la medida les ha ido bien, han podido recuperar y han seguido su escolaridad con normalidad. Por el contrario, alguna vez ha promocionado alumnado a pesar de mis dudas, y no ha funcionado tan bien en el curso siguiente. De todas maneras, no soy un ferviente defensor de la repetición: creo que es el último recurso y que hay que buscar todas las maneras para que un alumno supere el curso y, atención, adquiera el saber estipulado. No siempre coinciden estos criterios. 
¿Qué es lo decisivo para que se decida la no promoción de un niño o niña de siete, ocho, diez años? La perspectiva del curso siguiente. Si vemos que no va a poder seguir los aprendizajes propuestos, se ha de plantear la repetición, porque no le hacemos ningún favor pasándole alegremente de curso. En mis años de director me he encontrado con alumnos que venían de otro centro en tercero de primaria... sin saber leer. Recuerdo un caso en que, dando yo lengua castellana, hice leer un breve texto a un alumno recién llegado del pueblo vecino, y no reconocía algunas letras. Tras ver esto, decidimos, previa consulta a inspección, bajarlo a segundo para que, al menos, adquiriera la lectura mecánica. Y desde el centro anterior nos dijeron que era un alumno absentista, pero como se iba del centro, decidieron pasarlo de curso. No busquen lógica, amigos. No la hay.
Y ese es uno de los problemas más acuciantes de la promoción: la falta de criterios claros. Se dice que con tres áreas suspendidas, se ha de repetir curso en primaria. Pero no olvidemos que en esta etapa la figura del tutor o tutora tiene una importancia capital, cosa que no ocurre en secundaria. El alumnado pasa muchas sesiones, dieciocho o más, en su tutoría, y la opinión del tutor pesa mucho, porque conoce al alumnado. Lo que no funciona, nunca, y algún caso me ha tocado sufrir, es la repetición como represalia o castigo (lo he sufrido porque me han pasado algún alumno así a mi tutoría). Es necesaria una cultura de centro también en este tema, sensible y que lleva, muchas veces, a posturas encontradas. A nadie nos gusta, entiendo yo, que un alumno permanezca un año más en el curso. No es agradable, se puede contar con la oposición de la familia, hay diversos factores que tener en cuenta... y sobre todo, hay que pensar en lo mejor para el alumno. Una decisión complicada y trascendente. Y que no tiene buena fama. Además, se ha de plantear un conjunto de medidas para que la repetición sea más que la permanencia; debemos buscar la adaptación a la nueva situación, y no siempre se hace. También aquí hay que evolucionar.
En mi centro, este curso, han repetido siete alumnos de primer curso. Nunca nos había pasado. He de decir que todos los casos están justificados. Tras un curso entero, con ayuda de compensatoria, no habían aprendido a leer. En algunos casos, ni siquiera las vocales o los números hasta el diez. La complejidad del alumnado en la escuela pública aumenta, evidentemente. Y los recursos que tenemos son los que son. Entiendo que es mejor dejarles un año más y que, siguiendo con la ayuda de compensatoria, puedan adquirir la lectoescritura.
Hace dos años, se planteó que algunos alumnos repitieran en tercero, porque su rendimiento había sido calamitoso. Al final, se impuso el criterio del tutor, contrario a la repetición. Yo sí apoyaba que se quedaran, porque veía que no podrían aprovechar cuarto. Efectivamente, los cuatro alumnos han repetido cuarto. En mi opinión, habría sido mejor adelantar la repetición. Porque algo sabemos de esto, aunque sea por los años vividos en el aula.

Final de trayecto: balance desapasionado de cuatro años en la dirección.

Hace unos días, acabé mi mandato como director de un centro de educación infantil y primaria. Como muchos sabéis, han sido cuatro años, de ...