martes, 6 de febrero de 2018

La educación artística, más allá de la ficha.

Este año, por esas cosas de la dirección de centro, doy clases de Arts and Crafts, o sea, plástica en inglés. He optado por no usar cuadernos de dibujo y pintura (antes solíamos adquirir un cuaderno económico, con 20 láminas de Editorial Tradid). Nunca he usado libro de texto tradicional, porque, entre otras cosas, me parece poco adecuado pedir un material que fácilmente vale 30 euros y que normalmente se queda a medio hacer. Además de lo que ya sabemos sobre la parcialidad de esos materiales, que no cubren buena parte del curriculum del área artística. 
En mi comunidad autónoma, el curriculum de artística tiene tres grandes apartados: expresión plástica, lenguaje audiovisual y dibujo técnico. Por desgracia, el segundo apartado, la educación audiovisual, es la hermana pobre de un área, la maltrecha educación artística, ya bastante deprimida dentro del curriculum o, mejor, dentro de la distribución horaria de la LOMCE. Porque el curriculum, a decir verdad, está bastante completo y se toma en serio el aprendizaje de lenguajes plásticos y audiovisuales; por ejemplo, la publicidad, el cómic, la fotografía... forman parte de los contenidos contemplados en el decreto curricular.
Nº 1,1962. Mark Rothko, en http://dailyartist.blogspot.com.es/
2010/12/mark-rothko-september-25-1903-february.html
Pero claro, el formato libro, por lo general, no plantea actividades de educación audiovisual, o al menos, no lo hace con la inmediatez y facilidad que puede hacerlo internet. Y ese déficit se viene arrastrando tradicionalmente en los planteamientos del profesorado de educación artística, en primaria (y me atrevería a decir que en secundaria también). Decíamos hace tiempo en este mismo blog que los niños y jóvenes del siglo XXI necesitan una alfabetización audiovisual: aprender a mirar, tanto para acercarse al mundo del arte como, sobre todo, para entender una realidad tan icónica y tan meditatizada por la imagen; tanto que algunos filósofos, como Giovanni Sartori, protestaban contra el empobrecimiento de la palabra y del pensamiento, en su obra Homo Videns. Otros, como Nicholas Carr, hablaron del peligro de la superficialidad y falta de profundidad en internet (Superficiales). Sin ponernos apocalípticos, es evidente que nuestro alumnado necesita, requiere, unos conocimientos básicos de semiótica, de comunicación, de manejo de imágenes -para evitar lo contrario, que las imágenes manejen su vida con tanta facilidad como a veces ocurre.
Por tanto, seguir dando artística como si no existiese internet, basando la práctica en fichas o similares, en productos que se realizan en cuarenta y cinco minutos -es tiempo habitual en primaria-, es cuando menos una opción incompleta. De todos modos, ya podríamos estar satisfechos si estas prácticas se hicieran conscientemente, con docentes formados y deseosos de ayudar al alumnado a desarrollar sus capacidades para el dibujo, la pintura, el collage... Sabemos que no siempre es así. Hay docentes que no sienten especial interés por la artística -no existe el especialista en primaria- y fían todo a la calidad del libro de texto (evidentemente, no toman en consideración no usar manual). Yo tenía un compañero -ya jubilado- que me decía que él no tenía ni idea de dibujo, así que les hacía comprar un maletín de artística a los alumnos y ellos se apañaban. ¿Reconocería un docente una carencia así en ciencias sociales o en lengua? Supongo que no, que no "les daría el libro y que se apañaran".
En secundaria, me consta que hay magníficos docentes en esta área, junto con otros que se basan sólo en el producto final obviando que el alumnado necesita ayuda y guía en el proceso (tan importante como la ficha evaluada, porque ésta depende de aquél). De todas maneras, hay que ir "más allá de la ficha". En infantil, primaria y secundaria. La cuestión es cómo, pero hay maneras, evidentemente
Conviene saber de dónde venimos en educación. Y justamente, una de las (pocas) cosas rescatables de la escuela tradicional española era que muchos maestros dominaban el dibujo y hacían, en la pizarra, dibujos para que los copiáramos y practicáramos así. Eran ejemplo para nosotros. Pero eso es anecdótico. La educación artística ha estado relegada a un papel terciario, que se intentó arreglar con la incorporación de la música también en primaria, y la creación del especialista en educación musical. Qué oportunidad perdida para haber potenciado también la dramatización y la plástica, con un profesorado que no sólo estudiara música. Por cierto, sufrí los rigores de la asignatura de música en magisterio, con una exigencia elevada para alguien que no había solfeado nunca; también sobreviví a profesoras caóticas de plástica. Pese a ambas experiencias, me encanta la música clásica y la pintura. Y la clase de artística. Que no es poco.
Y en los últimos años, otra moda sobre la artística: Arts & Crafts, es decir, la incorporación del inglés a las clases de plástica, con lo que supone, por regla general, de cambio de profesorado, de aumento de horas lectivas a cubrir -cuando el tutor no está habilitado en inglés- y de pérdida de un espacio afectivo, más relacional, entre tutores y alumnado. Todo sea por el inglés. Pero esta cuestión la trataremos otro día.


2 comentarios:

  1. Hay múltiples aspectos de aquello que nos hace humanos que apenas se contemplan en las escuelas, entre ellos la sensibilidad y, yendo más allá, la capacidad de reconocer la belleza. Y esa capacidad se puede desarrollar; aunque el concepto de belleza sea impreciso y subjetivo, como también lo son los conceptos de amor o de felicidad.

    Si tuviéramos la suficiente sensibilidad, deberíamos ser capaces de distinguir entre una obra de arte y un artificio, entre la labor de un artista y la aplicación de un truco o de una técnica, por muy virtuosa que esta sea; es decir, podríamos reconocer lo que es auténtico y percibir la impostura. De alguna manera, al buscar la belleza también nos estaríamos aproximando a la verdad. Tal vez eso explique porque tenemos certezas que no somos capaces de justificar.

    Todavía no sabemos lo suficiente para educar este tipo de percepción de modo sistemático, pero al menos debemos ser conscientes de que existe e intentar fomentarla, propiciando las circunstancias para que se produzca, para que haya que utilizarla.
    http://www.otraspoliticas.com/educacion/educar-para-la-belleza/

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  2. Completamente de acuerdo. Hemos "curricularizado" el arte, perdiendo casi siempre la capacidad de observación al convertirlo en un producto escolar más. Y así, renunciamos al asombro como base del aprendizaje. En una sociedad hipericónica, saber mirar es fundamental. Y no enseñamos a eso. Gracias por el comentario.

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