jueves, 9 de abril de 2026

Altas capacidades: la escuela, ¿para quién?

Hace tiempo que no publico una entrada sobre #cineyeducación, pese a que es uno de los ejes del blog. Esto se debe a que no todas las películas sobre educación llegan a mi provincia, y que no hay tantos largometrajes dedicados a lo educativo. 

En este caso, Altas capacidades es una película española que trata el tema de la elección de colegio como manera de situarse en la vida. Está dirigida por Víctor García León, quien además es coguionista junto con Borja Cobeaga.

Alicia y Gonzalo son un matrimonio de mediana edad con un solo hijo, Fer, que tiene nueve o diez años, cursa cuarto de primaria. Los padres no parecen demasiado preocupados por la escolaridad de su hijo, a pesar de que este envía señales con su conducta en clase. 

Todo cambia cuando leen una noticia luctuosa: la muerte de un presunto narcotraficante cerca de un colegio privado de élite, el Piros. Ahí surge la oportunidad de solicitar plaza para Fer, que en realidad es una plaza para los padres, que cambiarían de ambiente escolar y podrían subir en la escala de relaciones sociales. 

Se movilizan para conseguirlo y Domingo, uno de los jefes de Gonzalo, se pone en contacto con ellos porque también lleva a sus hijas al mismo colegio. La trama avanza, conocemos a otras familias, también a la viuda del narco, y se va complicando la entrada de Fer, pese a los esfuerzos de su familia. 

Mientras tanto, Fer sigue dando muestras de sus problemas de relación, sin que sus padres reaccionen. Es lo más terrible de la historia, a mi entender: el niño es lo último, mejor dicho, la realidad de Fer no se tiene en cuenta. Es cómico, y para nosotros los docentes nos resulta frecuente, cómo se recurre a dos etiquetas que oímos mucho en los colegios: altas capacidades y dislexia. 

En mi dilatada experiencia en los centros, me he encontrado con familias convencidas de que su retoño tenía dislexia. En un caso, porque la profesora particular (una alumna universitaria, creo recordar) así lo había dicho. Ni rastro de dislexia hallé yo; no había problemas de lectura. En otros casos, se llama altas capacidades a un buen rendimiento escolar, y no es lo mismo. He tenido alumnado con sobredotación y adelanto de curso, y no siempre es una suerte para ellos. 

En la película se trata el tema con cierta ironía: cualquier razón es buena para justificar el cambio de centro, donde estará mejor atendido, con menor ratio... y sin esperar al curso siguiente, hay que aprovechar la ocasión. En ese sentido, se agradece esa distancia que huye del tono reivindicativo, dejando que el público saque sus conclusiones.

No desvelaré más de la trama, que ya está suficientemente esbozada, a mi entender. Se recoge el dilema entre ser fiel a lo público, que funciona razonablemente, o dar el salto a un cole elitista, que cuesta mucho dinero cada mes y que asegura otro ambiente, tanto en el aula como en el grupo de familias. Un cole pijo, vaya. 

Entre estas familias destaca Paz, la viuda del narcotraficante y madre de un alumno del centro, que da mucho juego a la trama y es un contrapunto a tanta falsedad e hipocresía social. Ella es consciente de que no encaja en ese lugar, pero no quiere cambiar a su hijo que está integrado.

La escuela pública se ve como un espacio de normalidad. Aparece el director, no el profesorado ni la vida en las aulas. Nos reconocemos en la figura de ese docente que habla con las familias para reconducir la situación, con poco éxito, a lo que se ve. Porque la película no es exactamente un film sobre la escuela, sino sobre la elección de centro, es decir, sobre los valores que llevan a una decisión fundamental para los hijos. En este caso, no relacionada con el tema religioso, ya que el centro es laico. Eso sí, con mediateca, que queda muy aparente.

El reparto está muy conseguido y las actuaciones son creíbles. Aparte del matrimonio protagonista, Juan Diego Botto está muy bien como displicente padre del colegio y profesional de éxito. Y Natalia Reyes, como la viuda del narco, ofrece la fuerza de un personaje que no encaja pero que lo lleva con dignidad.

El final cierra un círculo de ironía que envuelve toda la película y que reivindica, a mi entender, la prioridad del niño y la relación con sus padres, como primer e insustituible espacio educador. En un cole público o en uno de (mucho) pago. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Altas capacidades: la escuela, ¿para quién?

Hace tiempo que no publico una entrada sobre #cineyeducación, pese a que es uno de los ejes del blog. Esto se debe a que no todas las pelícu...