domingo, 6 de marzo de 2022

Repensar espacios para empezar cambios. Una jornada en Valencia

 Este sábado, 5 de marzo, se ha celebrado la I Jornada sobre Educación organizada por UGT en Valencia. Ofrecía un buen plantel de expertos sobre intervenciones artísticas en la escuela, nexo de unión entre los ponentes e hilo conductor de la jornada, que no defraudó mis expectativas en absoluto. Recupero aquí, como ya he hecho en tantas otras ocasiones, mi síntesis de lo contado y acontecido.

La cita estaba pensada, sobre todo, para profesorado de infantil y primaria, es decir, para CEIP. Las ponencias se ajustaron a ese perfil, lo cual es de agradecer siempre. Abrió la mañana, tras una breve presentación, Silvana Andrés, profesora de la UPV (Politécnica de Valencia) y cofundadora de Arquitecturas, proyecto de intervención escolar. 

Propuesta de juego para alumnado de infantil, 
Ángeles Ruiz de Velasco

Silvana recordó que la escuela es un lugar para el cuidado, para los cuidados, y se preguntó qué obstáculos existen para que se den esos cuidados: el tiempo escolar, la exigencia curricular, las prácticas poco reflexionadas... Sobre todo, que vivimos en "el día de la marmota" y ya sabemos lo que va a pasar (y nos anticipamos, evitando tantas veces dar nuevas oportunidades al alumnado). Me llamó la atención el comentario que hizo, que a su vez le dijo una compañera de secundaria, acerca de no llamar a unos padres si no tenía tres cosas positivas que decir de su retoño. Un ejemplo de buscar el cuidado, sin duda.

Al mismo tiempo, hay que observar la cultura escolar, considerar qué se enseña, puesto que es la manera en que la escuela transmite lo valioso (esto me recordó a Hannah Arendt, aunque entiendo que no es una referencia explícita). Cuidar no significa rebajar los niveles, sino buscar brillar juntos, en palabras de Silvana. 

La ponente también reivindicó incluir el movimiento en la escuela, que tantas veces se queda fuera, como algunos sentidos (propioceptivo o vestibular, que no se trabajan en las aulas). Nos mostró algunas intervenciones en espacios no usuales, como las cristaleras, o con materiales poco convencionales, como la cinta aislante. También animó a no quedarse en las buenas intenciones, sino a reflexionar sobre el espacio y las prácticas escolares buscando la verdad: que estamos en función del alumnado.

Tras el descanso fue el turno de Siro López, quien no defraudó. Empezó diciendo que somos espacio. Siguió comparando la arquitectura de la escuela y de la cárcel, llegando a afirmar que hay prisiones más confortables que algunos centros escolares. La comparación me evocó a las instituciones totales, a Foucault y a Bentham y su panóptico, tan de la época moderna. 

Siro reclamó una fundamentación pedagógica para replantearse los espacios, más allá de modas. El espacio está mediado por el tiempo, como bien sabemos. Además, el espacio expresa, sin palabras, el proyecto educativo. En esto coincido mucho: sin repensar el espacio no cambian las prácticas, y al revés. El primer paso es rediseñar el espacio. Una escuela con una biblioteca convertida en almacén, sin una organización eficaz de los espacios compartidos, no tiene un proyecto solvente.

La infancia está cada vez más constreñida: pueden hacer pocas cosas solos, tienen un acceso más restringido a la naturaleza,  y se tiene menos tiempo para actividades libres, no programadas. En la escuela el panorama no es mucho mejor, ya que el tamaño de las aulas continúa disminuyendo, lo que invita a repensar los espacios disponibles.

Según Siro, parece que la normativa está en contra de la infancia, por constrictora. Por ejemplo (esto lo digo yo, no él), en la C. Valenciana no es posible instalar un parque con tobogán en los patios de primaria, solo en infantil. Y, para Siro, lo que sirve en infantil sirve en primaria, a pesar de la creciente inmovilización del alumnado a medida que va creciendo, que él califica de proceso de castración. Se pregunta por qué no se trabaja en el suelo en primaria (o se hace de manera muy ocasional).

Se lamenta Siro de que no se consulta a los docentes para planificar los centros, y así se van perdiendo elementos pedagógicos. El patio pasa a ser dominio del hormigón, y hay que recuperar espacios naturales, de contacto con la naturaleza. Habló de dos espacios esenciales en educación infantil y primaria: el espacio cueva, que recuerda el seno materno, y que puede ser una cabaña, una tienda, un teepee indio... Y también el espacio nido, alrededor de un árbol, o tejido efímeramente por los pies de un grupo sentado en círculo.

El ponente nos enseñó diversos centros que sobresalen por una distribución diferente, más humana y pensada para alumnado y familias. Como bien dijo, el cambio en los espacios comienza en la cabeza y en el corazón.

Por último, en la tarde llegaron Javier Abad y Ángeles Ruiz de Velasco, a quienes tuve la oportunidad de escuchar en julio pasado en las jornadas JALEO, también en Valencia. Para esta ocasión habían preparado una ponencia sobre sus intervenciones que difería mucho de la presentada en el verano anterior, cosa que les agradecí. Su intervención partía de dos palabras-fuerza: nube e imaginario. En ambas se da la posibilidad de crear, de imaginar, de no dar todo por hecho. La oportunidad de trazar un camino, pasar de lo real y tangible a lo simbólico. A este efecto, Javier explicó el origen de la palabra símbolo, que remite a dos mitades de un objeto que poseen dos personas que se buscan para encajarlas, en un intento de recuperar la amistad, la confianza... Una explicación muy sugerente, sin duda. Por eso, el símbolo siempre es colectivo. 

Se nos invita a pensar desde la tríada espacio-contexto-lugar. Es conocida la distinción entre espacio y lugar: el segundo incluye la vivencia del mismo; de hecho, se da por sentado, y es así, que el niño vive la escuela como un lugar, es decir, allí donde ocurren cosas. El espacio es más abstracto, más abierto e indefinido, pero por tanto, menos habitable. A partir de esta distinción, pregunté a Javier sobre los no lugares (según los define Marc Augé) y su capacidad para albergar cambios en el diseño escolar. Su respuesta fue fantástica: el no lugar es "la posibilidad de la posibilidad", un espacio por descubrir, que contiene la obtención de un recuerdo (pero que solo es posible, no evidente). Los pasillos, las cristaleras, el patio vacío, las paredes del gimnasio o los porches son no lugares que pueden ser intervenidos para interpelar.

Javier y Ángeles, como habían hecho anteriormente Silvana y Siro, creen que, en la mayoría de ocasiones, las paredes de las aulas o las entradas de los centros están demasiado llenas y que falta reflexión sobre qué queremos transmitir y a quién. Hay mucha información centrada en los adultos, en la docencia, y falta expresión infantil, en su opinión. O simplemente, falta un diseño eficaz. Aquí también, menos es más.

Por su parte, Ángeles nos habló de sus propuestas de juego a través de tres elementos propuestos en un espacio donde los niños de infantil pueden jugar, interactuar, de manera libre aunque con la presencia observadora de un adulto (la propia Ángeles). Surge así la elaboración (no siempre) de un relato simbólico por parte de los intervinientes, los relatos del imaginario.

En definitiva, una primera jornada que no defraudó y que merece continuidad, cuidando la selección de ponentes, como en esta ocasión, y el interés que han suscitado.

 





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