El verano es tiempo de descanso, y si así se desea, de reflexión. En un ámbito tan necesitado de ser repensado como la educación, es evidente que es una época privilegiada, repito, siempre que se quiera. Encontramos a muchos compañeros que acaban cansados del curso y quieren desconectar de lo escolar. También hay compañeros que no quieren dedicar un segundo a la escuela fuera de ella (conozco algunos). Además, este final de curso ha sido complicado en la educación pública valenciana por la huelga idefinida desde el once de mayo, cuya gestión en los centros ha supuesto un desgaste importante en los claustros.
Pese a todo, sigo pensando que se puede aprovechar para la lectura pedagógica -y de la otra- y para realizar pequeñas investigaciones que mejoren la práctica propia desde la comprensión más clara del hecho educativo.
Decía Gimeno Sacristán, a quien tuve de profesor de Didáctica General en quinto de Pedagogía hace muchísimo tiempo, que él tenía que estudiar siempre, para estar al día, y lo decía con tranquilidad, asumiendo que iba implícito en su trabajo universitario. Estamos hablando de un reputado autor pedagógico, con libros que ya son clásicos de la reflexión sobre lo educativo. Y admitía que siempre tenía que estar leyendo.
Ya sé que Gimeno no es santo de la devoción de parte del profesorado sobre todo de Secundaria, pero lo englobo en esa actitud antipedagógica que se ha extendido en la docencia española. Por cierto, no logro distinguir entre ese adjetivo y antipedagogista, el vocablo que se usa para rechazar cualquier intervención técnica de los que no pisan aula. Esa separación de conceptos implicaría conocer bien qué es la pedagogía, cuáles son sus fines y a qué ámbitos se aplica. Cuestiones todas, por cierto, que están fijadas en las leyes.
No nos desviemos, aunque con Gimeno siempre hay motivos para la digresión en un artículo. Yo hoy quería hablar de las situaciones de aprendizaje, la gran aportación de la LOMLOE, esa ley elaborada de manera exprés en 2022 y que, por avatares políticos sigue vigente hasta que el gobierno cambie de signo, supongo. España no es un país hegeliano, en ese sentido. No hay progreso, solo retrocesos intercalados en el tiempo.
Aquí ya hemos dado nuestra opinión sobre la LOMLOE, una ley con todos los defectos de las reformas hechas de arriba abajo, agravados por la premura en su aprobación por la perspectiva socialista de pérdida del poder estatal en 2023. Finalmente, han podido seguir gobernando, a pesar de perder las elecciones de julio de aquel año. Hablamos de una ley orgánica que regula el sistema educativo español, sin consenso ni tiempo. Así nos va.
La ley propone un planteamiento competencial con una situación de aprendizaje, tanto en primaria como en secundaria. Enlazo las definiciones que el Ministerio de Educación publicó en su momento, por si nos sirven de guía.
A la vez, comprobamos que el libro de texto sigue siendo una realidad en muchos centros, en la mayoría. He aquí la gran paradoja de esta reforma: lo competencial metido en un formato esencialmente no competencial, diseñado para la transmisión de contenidos (ahora saberes) y no para ser un esqueleto sobre el que poner carne, es decir, información relevante acorde con el perfil competencial.
El libro de texto configura la práctica docente porque marca el tiempo escolar de manera inexorable, a no ser que exista una reflexión didáctica sobre el tema. Como siempre, no demonizo el manual, sino que cuestiono su predominancia en el aula. No se trata de dejar de hacer unas actividades o saltarse un tema, es más profundo: no saber qué hacer sin el libro, ese es el drama.
La reforma actual pretendía devolver atribuciones al profesorado, pero de una manera desacertada. El enfoque competencial, es cierto, permite mayor flexibilidad en la programación de saberes. Si se impone como la manera de presentar el curso, probablemente se hará, con la ayuda de IA, mirando otros centros... pero la práctica en el aula seguirá con pocas variaciones, amparada por el libro de texto y su lógica de funcionamiento.
No quiero obviar a esos compañeros docentes que trabajan de otra manera, que sé que existen, y han adoptado el enfoque competencial con sus ventajas e inconvenientes.
Mi conclusión es esta: probablemente estamos viviendo una ficción educativa a nivel de sistema escolar. Se programa según LOMLOE, se trabaja según el libro de texto. Tristísimo panorama.


