viernes, 3 de julio de 2026

Cambio de centro: nueva perspectiva

 Este verano cambio de centro, por última vez, espero. Vuelvo a la localidad donde resido, Borriana, tras seis años en Vila-real, en dos centros distintos. No soy lo que en fútbol se llama one-club-man. Esta vez no ha sido por mi voluntad: de hecho, concursé a este colegio hace dos años y he estado cuatro en total, los dos primeros en comisión de servicios. Pero las cosas han venido así: he tenido que optar entre seguir en el centro y no dar primaria (a pesar de que es la especialidad de mi plaza) o cambiar de centro y recuperar una tutoría. Este último curso he dado inglés a tiempo completo y, aunque me gusta el inglés, no es lo que quiero. Así que, sin mucho entusiasmo, he concursado y ya conozco el centro Pare Villalonga, al que voy y donde, si no pasa nada, estaré los próximos dos cursos, en el transcurso de los cuales cumpliré la edad de jubilación. Es un centro de una línea, otra novedad para mí tras veinticinco cursos en centros de doble línea. La impresión ha sido muy buena.

Biblioteca del CEIP Pare Villalonga
Página web del centro

He dedicado algunos artículos al tema de hacerse mayor en la escuela. Creo que la edad da otra perspectiva, pero no tiene por qué influir en las ganas de hacer cosas. De hecho, en el nuevo centro asumiré la coordinación de biblioteca, y mi cabeza ya está pensando iniciativas, ya tengo ideas que plantearé al claustro y seguro que disfrutamos fomentando la lectura, que es un fundamento de la primaria.

He recuperado también mis bártulos para la tutoría, que será de tercer ciclo, sin saber todavía qué nivel daré. Me hace ilusión quinto de primaria, porque hace mucho tiempo que no ejerzo en ese curso. Aunque lo importante, para mí, es volver a ser tutor, a plantear actividades, a reforzar aprendizajes, a leer en clase, a animar a leer en casa... Por eso digo que la edad no conlleva perder entusiasmo, a pesar de que las fuerzas no sean las mismas que hace veinte años. Permitidme hoy que hable un poco más de mí mismo, tras un año complicado, y que comparta con vosotros cómo me siento ahora.

Tengo preparado un cuaderno para que, cada día, una persona del grupo escriba una página en el diario de clase, práctica que he hecho otros años y que permite ver la realidad desde los ojos del alumnado, aunque sea parcialmente. También haremos autoevaluación, una rutina mensual que ha funcionado bien. Que el grupo reflexione sobre su trabajo y actitud siempre me parece adecuado y positivo. Leeremos en clase y en casa. El centro dispone de una buena colección de libros de lectura colectiva, y seguro que encontraremos los adecuados. Además, usaremos la biblioteca de centro, ya veremos cómo.

Me apetece mucho volver a dar matemáticas, la verdad. Plantear cuestiones que se salgan de la rutina, ayudar a construir conocimiento y valorar el razonamiento, que sepan ir y volver, dándole importancia al itinerario que realizan. Unas matemáticas que busquen la comprensión, no solo la repetición.

Podría seguir hablando de conocimiento del medio -felizmente recuperado el término y la asignatura, tras la funesta LOMCE- y de cómo me gusta presentar la realidad en el aula, más allá de lo que diga el libro de texto. O de las lenguas, buscando un tratamiento integral en una comunidad bilingüe, con el desafío de aprovechar aprendizajes y no repetirlos de manera forzada o, peor, inútil.

Ya veis que no me ha costado mucho cambiar la perspectiva; me costó considerablemente más hacerme a la especialidad de inglés, a mis años, pasando a tener cien alumnos y renunciando a tantas prácticas que son propias de la tutoría. Pero bueno, eso ya pasó y ahora se viene otra realidad, muy estimulante.


domingo, 21 de junio de 2026

Por qué he dejado X-Twitter

Nunca pensé que llegaría a escribir este artículo, la verdad. Desde 2010 he estado en Twitter, que hace un tiempo se convirtió en X por la desgraciada adquisición de Elon Musk de la plataforma. De hecho, mi blog, este que lees, amable lector, es de 2012, y la interacción entre la red social y el blog ha sido una constante.

Hasta hace unos meses. Notaba cómo mis posts (ahora se llaman así) en los que daba difusión a mi trabajo en el blog pasaban casi desapercibidos. De hecho, no aumentaban significativamente las visitas. Digamos que no había repercusión. Por tanto, uno de los motivos que me han mantenido en X ya no estaba. No se debía, a mi entender, a la temática del artículo, sino a una tendencia propia de X que ignora mi contenido. Con casi ocho mil seguidores, la repercusión de lo que escribo es minúscula. Cansado de ver esto, va ganando terreno la desilusión y la desidia. Se empieza a entrar menos, a publicar más ocasionalmente, hasta que llega la pregunta: ¿Vale la pena seguir?

Ya habíamos dejado claro que Twitter-X no era un ámbito adecuado para el debate pedagógico, muy polarizado y sesgado, poco dado a los matices y a una visión holística, lejos de la dinámica de buenos y malos. En ese debate ya no entraba casi nunca, sabedor de que me caerían descalificaciones gratuitas y juicios de valor sobre mi trabajo, que tanta gente pondera sin conocimiento. Otro motivo para replantearse seguir.

Como me gusta interactuar, me puse a hablar de otras cosas que también me interesan: medios de comunicación, libros y lecturas, fútbol... Llega un momento en que no se sabe bien por qué se está ni para qué. Además, y no es un tema menor, estar conectado quita tiempo para otras tareas u ocupaciones de mayor valor añadido. Tengo comprobado que a más tiempo en redes, menor dedicación a la lectura y, lo que es más grave, la capacidad de concentración y de tiempo de lectura se ve afectada para mal, ya que cuesta más esfuerzo mantener la atención sin interacciones que son adictivas.

Con todo lo anterior, había que tomar una decisión desde la responsabilidad personal: aprovechar el tiempo o seguir por seguir, a ver si la tendencia cambiaba y recuperaba sensaciones. Pero no ha sido así. A la vez, el blog está marcando unos números increíbles de difusión, con cifras que no había visto antes. Sobre todo, de fuera de España: Estados Unidos en el primer lugar. Estoy sorprendido, aunque a efectos prácticos no hay ninguna mejoría, pues no gano un euro con el blog, ni nunca lo he pretendido. Ha sido y es un entretenimiento que me ha servido para reflexionar y ofrecer esta reflexión al conjunto de la comunidad educativa y a quien esté interesado en la educación.

No es un drama, ni tendrá conmoción en la fuerza, por usar un término friki. Simplemente, ya no reconozco la red que tanto me ayudó y de la que tanto disfruté. Supongo que Musk tendrá mucho que ver en esta deriva infame. Conmigo que no cuenten, eso es todo.


sábado, 6 de junio de 2026

La fugacidad de lo efímero y la atención menguante: un drama de nuestro tiempo.

 Algunos artículos, como este, vienen motivados por cosas que pasan en clase. Es lógico porque uno de los objetivos del blog es reflexionar sobre lo educativo, y lo que ocurre en las aulas es el meollo, donde se corta el bacalao. Eso sí, intentando trascender la anécdota, buscando significados más allá de las paredes que delimitan, pero solo físicamente, nuestra tarea.

Hace poco, expresé en X,  la versión actual del añorado Twitter, mi sorpresa por un hecho que ha ocurrido dos veces en poco tiempo. Como sabréis, en la educación valenciana hay una huelga desde el once de mayo. Me ha tocado ejercer servicios mínimos a tercer ciclo en este tiempo. La primera parte de la mañana la dedicamos a alguna tarea de comprensión lectora, sin avanzar contenidos, evidentemente. Tras la pausa del patio, pensé en poner una película para llegar así al fin de la jornada, que en mi caso es a las 14.00.

Hasta hace unos años, poner una película era garantía de éxito en primaria, a poco que se eligiera bien. El alumnado recibía la novedad con agrado, en líneas generales. En la actualidad, también se aprovecha lo cinematográfico para la programación en algunas áreas. Así, el curso pasado di Valores sociales y cívicos a sexto de primaria, y vimos Wonder, Matilda y Spirit, películas relacionadas con el planteamiento de la asignatura. Los filmes funcionaron bien, sirvieron a su propósito y creo que gustaron. Además, el visionado ocupó dos o más sesiones, ya que la asignatura es de cuarenta y cinco minutos. Durante el curso pudimos trabajar otros aspectos en otros formatos, añado.

Una joven Alaska en "La bola de cristal"
https://sevilla-b4f9.kxcdn.com/wp-content/uploads/
2020/04/la-bola-de-cristal-01-sevillaconlospeques.jpg

En esta ocasión, el fin era solo recreativo. Estaba con alumnado de quinto de primaria, diez u once años. Mi sorpresa, como digo, es que muchos no quisieron ver la película antes incluso de ponerla. Sin evaluar el contenido, la temática... Esto pasó en dos ocasiones, y me quedé un tanto perplejo. De hecho, no acabamos de verlas. Los filmes eran distintos, aunque eran de animación. En ambos casos, solo una minoría mostró interés. Me quedé desconcertado.

Mi primera sensación fue de tristeza, una vez superada la sorpresa. No querer entrar en una narración a priori indica poco interés por conocer historias. Otra cosa es que la historia, cuando se está inserto en ella, no enganche, no emocione. Eso nos ha pasado a muchos espectadores habituales en el cine, si no a todos. Pero el rechazo previo... me preocupa. ¿Por qué pasa esto, por qué chavales que no han acabado primaria desarrollan prejuicios contra el cine convencional, de noventa o cien minutos, pensado para ellos? Me preocupa como aficionado al cine y como docente. 

Se puede pensar que más adelante aprenderán a valorar esas obras. No sé yo. La práctica hace maestros, y cuánto más cine se ve, más se acostumbra uno a su lenguaje; digamos que se requiere un aprendizaje informal, que en estos años se da naturalmente. No me parece adecuado que se lleve a los niños de pocos años al cine, a ver cosas que no entienden porque no están preparados. El placer se convierte en tortura. Pero los que sí pueden disfrutarlo... ¿pasan del tema?

Creo que Tik-tok tiene mucho que ver con lo que está pasando. El acceso indiscriminado a las redes desde muy temprano está haciendo estragos en la atención. Todo pasa muy rápido. De hecho, es una tendencia generalizada en lo audiovisual. Hace unos meses, volví a ver un vídeo en el que la cantante Alaska interpretaba La bola de cristal, el tema del legendario programa de mediados de los ochenta. El vídeo consistía en planos de ella bailando y cantando. La sensación de lentitud me invadía. Lo que era normal en los ochenta, hoy parece anticuado en cuanto al ritmo. Y eso se debe a la aceleración de los estímulos.

Tik-tok es el exponente máximo, a entender, de esta manera de proceder. Si nos afecta a los adultos, como acabo de comentar, ¿cómo no va a moldear la percepción de quien está formándose también en su manera de leer la realidad con atención? El smartphone configura una gramática de la comunicación, como nos dice Byung-chul Han en No cosas. Y la atención continuada, la capacidad de mantenerla, se resiente, disminuye, sufre. No es ocioso recordar que existe una edad mínima para entrar en las redes, edad que se ignora sistemáticamente.

Y llegamos así al desinterés por la narración, con su estructura, con su gramática, con su manera de mostrar el mundo, que nos ha hecho humanos desde siempre. ¿Es o no preocupante?

El tema da para mucho, por lo que amenazo con más artículos. Decía unos párrafos más arriba que mi preocupación también era como docente, no solo como un cinéfilo particular. La escuela no sabe, en general, cómo responder a estos cambios, cunde el desconcierto al que yo aludía. Pero eso ya será tema para otra entrada.

jueves, 9 de abril de 2026

Altas capacidades: la escuela, ¿para quién?

Hace tiempo que no publico una entrada sobre #cineyeducación, pese a que es uno de los ejes del blog. Esto se debe a que no todas las películas sobre educación llegan a mi provincia, y que no hay tantos largometrajes dedicados a lo educativo. 

En este caso, Altas capacidades es una película española que trata el tema de la elección de colegio como manera de situarse en la vida. Está dirigida por Víctor García León, quien además es coguionista junto con Borja Cobeaga.

Alicia y Gonzalo son un matrimonio de mediana edad con un solo hijo, Fer, que tiene nueve o diez años, cursa cuarto de primaria. Los padres no parecen demasiado preocupados por la escolaridad de su hijo, a pesar de que este envía señales con su conducta en clase. 

Todo cambia cuando leen una noticia luctuosa: la muerte de un presunto narcotraficante cerca de un colegio privado de élite, el Piros. Ahí surge la oportunidad de solicitar plaza para Fer, que en realidad es una plaza para los padres, que cambiarían de ambiente escolar y podrían subir en la escala de relaciones sociales. 

Se movilizan para conseguirlo y Domingo, uno de los jefes de Gonzalo, se pone en contacto con ellos porque también lleva a sus hijas al mismo colegio. La trama avanza, conocemos a otras familias, también a la viuda del narco, y se va complicando la entrada de Fer, pese a los esfuerzos de su familia. 

Mientras tanto, Fer sigue dando muestras de sus problemas de relación, sin que sus padres reaccionen. Es lo más terrible de la historia, a mi entender: el niño es lo último, mejor dicho, la realidad de Fer no se tiene en cuenta. Es cómico, y para nosotros los docentes nos resulta frecuente, cómo se recurre a dos etiquetas que oímos mucho en los colegios: altas capacidades y dislexia. 

En mi dilatada experiencia en los centros, me he encontrado con familias convencidas de que su retoño tenía dislexia. En un caso, porque la profesora particular (una alumna universitaria, creo recordar) así lo había dicho. Ni rastro de dislexia hallé yo; no había problemas de lectura. En otros casos, se llama altas capacidades a un buen rendimiento escolar, y no es lo mismo. He tenido alumnado con sobredotación y adelanto de curso, y no siempre es una suerte para ellos. 

En la película se trata el tema con cierta ironía: cualquier razón es buena para justificar el cambio de centro, donde estará mejor atendido, con menor ratio... y sin esperar al curso siguiente, hay que aprovechar la ocasión. En ese sentido, se agradece esa distancia que huye del tono reivindicativo, dejando que el público saque sus conclusiones.

No desvelaré más de la trama, que ya está suficientemente esbozada, a mi entender. Se recoge el dilema entre ser fiel a lo público, que funciona razonablemente, o dar el salto a un cole elitista, que cuesta mucho dinero cada mes y que asegura otro ambiente, tanto en el aula como en el grupo de familias. Un cole pijo, vaya. 

Entre estas familias destaca Paz, la viuda del narcotraficante y madre de un alumno del centro, que da mucho juego a la trama y es un contrapunto a tanta falsedad e hipocresía social. Ella es consciente de que no encaja en ese lugar, pero no quiere cambiar a su hijo que está integrado.

La escuela pública se ve como un espacio de normalidad. Aparece el director, no el profesorado ni la vida en las aulas. Nos reconocemos en la figura de ese docente que habla con las familias para reconducir la situación, con poco éxito, a lo que se ve. Porque la película no es exactamente un film sobre la escuela, sino sobre la elección de centro, es decir, sobre los valores que llevan a una decisión fundamental para los hijos. En este caso, no relacionada con el tema religioso, ya que el centro es laico. Eso sí, con mediateca, que queda muy aparente.

El reparto está muy conseguido y las actuaciones son creíbles. Aparte del matrimonio protagonista, Juan Diego Botto está muy bien como displicente padre del colegio y profesional de éxito. Y Natalia Reyes, como la viuda del narco, ofrece la fuerza de un personaje que no encaja pero que lo lleva con dignidad.

El final cierra un círculo de ironía que envuelve toda la película y que reivindica, a mi entender, la prioridad del niño y la relación con sus padres, como primer e insustituible espacio educador. En un cole público o en uno de (mucho) pago. 

sábado, 4 de abril de 2026

Leyendo "Aula o jaula", de Toni Solano.

 Con cierto retraso respecto a su salida, he leído Aula o jaula, de Toni Solano. Aprovechando la jornada de Edaulablog, reseñada en este mismo blog, adquirí el ejemplar firmado por su autor. 

He dudado un poco sobre si escribir esta reseña, ya que Toni es amigo de hace tiempo, de la época de Novadors, en la que él fue parte importante. Después, coincidimos en el curso para la habilitación en dirección de centros, hace diez años, y hemos charlado mucho por Twitter-X. También hemos compartido críticas a nuestra manera de ver la educación, aunque en esto se ha llevado Toni la peor parte, al tener más repercusión en redes. Otro punto en común, que no sé si hemos comentado ambos, es que los dos tenemos experiencia en trabajar en oficios no relacionados con la educación, y ese hecho nos ha servido para bien.

Este dilema también me pasó con Un viaje por las letras, de Pedro Cifuentes, y creo que se solucionó satisfactoriamente: escribir un texto elogioso por amistad con el autor no aporta nada valioso, a mi entender. En cambio, una reseña centrándose en la obra, sí merece la pena ser leída.

El libro de Toni es un viaje divulgativo sobre el sistema educativo español. Es un libro que puede leer el público en general, ya que explica con claridad cómo funciona la Escuela (él la escribe con mayúscula en su obra) al tiempo que utiliza un enfoque irónico marca de la casa (los que hemos compartido mesa con él podemos dar fe). Este viaje utiliza personajes de la mitología griega para ir avanzando: Apolo, Prometeo, Hércules, Aracne, Ulises... hasta llegar a Sísifo, con cuya tarea tanto podemos identificarnos los docentes, como también escribimos por aquí hace unos años. 

El autor reconoce que prefiere una escuela épica a una catastrófica, "porque la épica alberga la esperanza del triunfo del héroe sobre las adversidades," nos dice en su epílogo, a pesar de que el héroe docente, al igual que el mítico, "es demasiado humano y comete errores, pero, como Hércules, es capaz de sacar adelante sus tareas bajo la presión de una sociedad que cada vez le exige más." No es mala conclusión, sin duda. Reivindicar la esperanza en educación es necesario en estos tiempos inciertos. Hacerlo con lucidez y los pies en la tierra, como propone Toni, es acertado y poco frecuente, a mi entender.

En su camino por la Escuela, revisa temas como el acceso a la profesión, la formación inicial del profesorado, el funcionamiento real de los centros, las TIC y su complicada implantación en la educación formal... Su perspectiva de docente y director nos sitúa en la realidad sin dramatismos, con ese punto de lejanía que da la ironía. Se nota la madurez en la docencia -otro rasgo que compartimos, pues tenemos la misma edad aunque él parece insultantemente más joven que yo- que apacigua la mirada sin caer en el desánimo.

Me parece acertado el diagnóstico sobre las redes sociales en educación, la evolución negativa de aquella ilusión que supuso la Escuela 2.0 y que ha acabado en mucho ruido, mercantilización y desunión virtual, más acentuada que en los claustros, donde finalmente se convive.

Toni retrata el ambiente de un instituto de secundaria con mucha exactitud, y también echa un vistazo a los que trabajamos en las etapas primeras, infantil y primaria, que conoce bien. Tampoco falta un breve repaso a la continua reforma educativa, un carrusel desde 1990 y la LOGSE. Todo ello conforma un texto ameno, con pocas referencias bibliográficas pero con mucha experiencia razonada, que es la única que gana valor con el tiempo y nos ayuda a seguir adelante con esperanza, malgré tout. Por poner un pero, tal vez el título no acaba de expresar la esencia del libro, pero ese siempre es un asunto complejo, la elección del título, y no siempre depende del autor.

El libro incluye un glosario irreverente de términos al final, ordenado alfabéticamente, que en algún caso me ha llevado a la carcajada. Toni deja ver aquí toda su capacidad para mirar irónicamente nuestra institución, nuestras manías docentes, sin dejar de tocar aspectos relevantes como el sesgo del superviviente o la teoría de las ventanas rotas, que yo desconocía.

En resumen, una obra amena, bien escrita y recomendable para quien quiera conocer la educación actual. 

miércoles, 4 de marzo de 2026

EdAulablog en Castelló: Una crónica (II)

 Continuamos con la segunda parte de las intervenciones del encuentro EdAulablog que se celebró en Castelló el último día de febrero. Como decíamos en el artículo anterior, tomamos la pausa para café como separación entre ambas entradas.

Tras dicha pausa, María José y Vanesa, miembros del MRP de Castelló explicaron sus actividades más sobresalientes. Evidentemente, apareció la Escuela de Verano, o Escola d'Estiu, santo y seña de los MRP desde hace tanto. Como novedad, celebran la escuela de invierno con mucha participación. También nos hablaron de sus dos grupos de trabajo, Bufanúvols y Tramuntana. La iniciativa Recrea-Cas completa su catálogo de actividades. Es un espacio con talleres los sábados y oferta de materiales para las escuelas, que pueden acudir un día entre semana con el alumnado.

A continuación, María José Prats nos explicó cómo funciona una escuela rural, en Cinctorres, una pequeña población de la comarca de Els Ports, al norte de la provincia. Me gustó mucho la coherencia del proyecto, que ha prescindido de los libros de texto y plantea otros aprendizajes a partir de un proyecto compartido, con talleres multigrado, uso de cajas de aprendizaje. También utilizan estaciones y cada alumno tiene un plan de aprendizaje personalizado. El hecho de que sean unos cuarenta alumnos en total ayuda a poder llevar a cabo esta manera de educar.

Otra iniciativa interesante es combinar evaluación con autoevaluación y la elaboración de un pasaporte del alumnado, un documento útil para que el docente del curso siguiente pueda ponerse al día fácilmente sobre el grupo que le ha tocado, puesto que la rotación de profesorado es la tónica habitual, al estar la población lejos de la costa y de los grandes núcleos urbanos. Me pareció una propuesta valiente para la escuela rural.

Después fue el turno de Pedro Cifuentes, muy conocido profesor de Ciencias Sociales y autor de cómics, que nos habló del sentido de la maravilla, esa chispa que surge en el aula y que engancha al alumnado, aunque no siempre. Como docente de Historia del Arte, se quejó, con razón, del abandono de la asignatura, relegada a una optativa en Bachillerato. También recordó que la educación no puede ser cortoplacista, sino que es un trabajo de fondo.

Reivindicó, como decimos, la búsqueda del thauma, del asombro, de la maravilla, que encontramos ya en las pinturas del Paleolítico o en la tragedia griega. Aprendemos con ficciones, recordó. El aprendizaje significativo tiene su parte de episteme, de conocimiento, pero también de doxa, para llegar a ser creativo a través de las emociones. Pedro dejó unas pinceladas bien interesantes, como podéis comprobar.

Aún quedaban dos ponencias más. María José Pareja, que nos habló del uso de la literatura infantil y juvenil (LIJ) como herramienta didáctica a partir de su propia experiencia como autora de libros para adolescentes. Nos mostró interesantes ejemplos de trabajo de los clásicos en el aula. Si os apetece indagar un poco más en su estupenda obra, podéis consultar la web mariajosepareja.es, donde encontraréis muchos recursos.

Por último, Diana Montserrat nos recordó que los docentes también tenemos que cuidar nuestra educación emocional, planteando caminos hacia el autoconocimiento. Muchas veces nos preocupamos de lo emocional en nuestro alumnado, pero obviamos la pregunta que Diana nos hizo: ¿Qué necesitamos los profesionales de la educación? En varias de sus obras intenta dar respuesta a esta pregunta.

Como veis, un abanico de propuestas y de realidades que muestran que EdAulablog está atento a lo que ocurre en las aulas y que, como decían en una provincia vecina, Castelló existe.



domingo, 1 de marzo de 2026

EdAulablog en Castelló: Una crónica en dos partes

El sábado 28 de febrero se ha celebrado en Castelló la jornada EdAulablog, un evento complementario a las jornadas de verano de Aulablog, que en 2025 fueron en Moraleja, a las que tuve la suerte de acudir. 

En esta ocasión, el equipo organizador ha confeccionado un programa variado y muy interesante, a base de trabajo, tesón e interés. La verdad es que pocas veces he encontrado un nivel sostenido en las ponencias, bien planteadas y, atención, ajustadas al tiempo previsto. Como hemos hecho anteriormente en el blog, intentaré dar unas pinceladas de lo más relevante. Cabe resaltar que todos los ponentes son de la zona, lo que indica que en este rincón del País Valenciano se trabaja mucho y bien en educación.

Abrió plaza Toni Solano, quien compartió su visión de la escuela como lugar seguro. Usando una metáfora de ámbito local, fácilmente entendible, planteó que la educación es un paso que desemboca en distintas salidas, y que ha de proporcionar seguridad, sobre todo a quienes no la tienen. El Parque Ribalta es un espacio central en la capital castellonense, lugar de tránsito, como la escuela. No puede convertirse en un laberinto para el alumnado, que necesita ser acompañado, porque no es fácil transitar.

También se refirió a los problemas de la educación y a cierta visión catastrofista, pero en realidad los problemas de la escuela son los mismo que los de la sociedad. Resaltó la distancia que todavía separa a las familias de la escuela. Un buen comienzo, sin duda.

Siguió Ana Pitarch, docente de primaria, quien nos habló de metacognición para crecer. Ciertamente, la autoevaluación y la metacognición son imprescindibles, de hecho, las practicamos cotidianamente, o deberíamos. En educación, ha de estar presente no solo al final, sino durante todo el proceso. Me interesó especialmente cómo tratar el error, aprovechándolo como un elemento más del aprendizaje, analizando qué ha fallado para consolidar la buena práctica. Me gustó la definición que dio de metacognición: hacer visible lo invisible, y para ello hay que rascar, como podéis ver en la imagen que acompaña este artículo. También usó la expresión "menos es más", buscando la profundidad en los aprendizajes, tantas veces planteados superficialmente por falta de tiempo. Me vi identificado con muchas afirmaciones que hizo la ponente.

Cambio de registro para la siguiente ponencia. Rosario Raro, escritora, se preguntaba cómo se lee a mediados de la década de los años veinte de este siglo. Empezó desmintiendo, con datos, que la juventud española no lee; sí que lo hace.

A continuación, tocó algunos temas sobre cómo se lee. Abordó el tema de la productividad en la lectura, leer cuánto más mejor, independientemente de la calidad, de los títulos elegidos, sin importar demasiado qué se lee. Hemos visto esta tendencia en redes sociales, que albergan una competición a ver quién ha leído más en un año, en una ludificación de la lectura (en un sentido competitivo, insisto) que me recuerda al estajanovismo soviético más que a una práctica placentera. Contó una pequeña historia de Woody Allen sobre lectura rápida en su libro Cuentos sin pluma. Se apuntó a un curso de esa habilidad y leyó Guerra y paz en unos minutos. "Creo que iba de Rusia", fue su conclusión.


También se refirió al síndrome del escáner, que yo desconocía. Se trata de leer una página impresa como si fuera una lectura online, en forma de F: leer el titular y hacer deambular la vista por el centro de la página. Evidentemente, no se tiene la misma intención lectora; lo online está sujeto a la rapidez, a lo que la autora llama el scroll infinito. Esta práctica influye en la lectura en papel, puesto que resulta más excitante a corto plazo y puede relegarla. Es lo que denominó la trampa de la dopamina, frente a la recompensa diferida de la lectura de libros. Está bien expresado en la imagen adjunta.

La solución que propone la ponente es recuperar la soberanía cognitiva, es decir, estar a lo que estás (manera española de designar el mindfulness). Es cierto que, a más tiempo en redes, menor capacidad de concentración en la lectura larga, en papel. Creo que todos los que practicamos ambos entretenimientos podemos confirmar este hecho. Estamos a tiempo de revertirlo.

Tras esta intervención, hubo una pausa. Y nosotros también la hacemos, para no cansar al abnegado lector. En un segundo artículo recogeremos la parte final de la jornada. Por poner un pero, habría estado bien poder preguntar a los ponentes, haber tenido unos minutos de debate. Pero eso no empaña el buen hacer de la organización.

Sin embargo, Rosario afirmó, con datos, que la juventud española es lectora, contra lo que se puede pensar y se afirma con facilidad.


Cambio de centro: nueva perspectiva

  Este verano cambio de centro, por última vez, espero. Vuelvo a la localidad donde resido, Borriana, tras seis años en Vila-real, en dos ce...