martes, 8 de septiembre de 2026

Tomar la educación en serio (a partir de PISA 2025)

 Hoy, 8 de septiembre, se han conocido los resultados de la última prueba PISA en matemáticas, ciencias y lectura, correspondiente a 2025. Más adelante se publicarán los datos respecto al aprendizaje de lengua extranjera (inglés) y sobre el desempeño digital. Esta edición ha sido más completa, como vemos.

Conviene no quedarse en los titulares de prensa en este tema. El Ministerio de Educación, a través del INEE, ha subido un informe de más de cuatrocientas páginas que repasa exhaustivamente las pruebas y sus resultados y que tenéis enlazado en este artículo. 

De todas maneras, creo que la prensa ha reflejado bien la tendencia que muestran los datos. España sigue bajando con respecto a ediciones anteriores, y se sitúa por debajo de las medias de OCDE y UE. Preocupante, y mucho, perder 23 puntos en comprensión lectora desde la edición anterior. Si lo miramos desde 2015, son 45 puntos menos. Casi dos cursos de diferencia. Esto es demoledor, no veo otro adjetivo. En matemáticas, se pierden 16 puntos desde 2022, y 29 desde 2015. En ciencias los resultados se acercan más a las medias anteriormente mencionadas, aunque siguen por debajo. Por cierto, mi comunidad autónoma está a la cola de España. 

Biblioteca de mi aula de quinto EP

No se puede seguir así. Más allá de reconocer o no el valor de PISA, cuestión que entiendo superada, la tendencia a la baja de nuestro sistema educativo debe analizarse con seriedad. No tengo demasiadas esperanzas en ese sentido. Porque, probablemente, tras el chaparrón informativo de estos días, se volverá a la rutina educativa. Es difícil esconder el desastre o camuflarlo entre la bajada generalizada a nivel internacional, aunque seguramente lo intentarán las autoridades gubernamentales.

En este sentido, si los resultados hubieran sido otros, más positivos, supongo que el gobierno se pondría la medalla y otorgaría la responsabilidad a la reforma LOMLOE, esa reforma exprés que no funciona más allá de la nomenclatura, que es confusa y que, una vez más, se nos da a los docentes como la fórmula milagrosa, la verdad revelada. Ahora que PISA nos saca los colores, la reforma no tiene incidencia en los datos. 

Es conveniente seguir la aplicación de una reforma, más allá de publicar el texto en el BOE. Creo que hay coincidencia en que esta reforma se ha puesto en marcha de manera muy mejorable, por decirlo suave. El enfoque competencial casa mal con los libros de texto, que siguen siendo predominantes. La programación por competencias es un sudoku bastante ineficaz, por no hablar de los criterios de evaluación, muchos de ellos surrealistas. Este desconcierto docente no sale gratis. 

Es cierto que la vertiginosa evolución tecnológica nos descoloca; la escuela no puede seguir ese ritmo. La pantallización permanente, la brevedad de los mensajes en Tik-tok, cada vez más cortos, segmentan la atención y dificultan la concentración. Frente a eso, la escuela puede ser alternativa o cómplice. Lo que ocurre en la escuela es importante, esa es mi batalla desde siempre. Tal vez esta vorágine de la tecnología se lleve por delante la educación formal como la entendemos. Pero creo que no podemos rendirnos sin más, aceptando lo que ocurre como inevitable.

Lo último que necesita nuestro sistema es el vaivén legislativo, el cambio de manuales de texto, cada vez más escuálidos, y las ocurrencias en forma de planes. El edificio está en un estado deplorable y la solución es pintar las paredes. 

En este blog hemos escrito sobre la educación como teatro de confrontación ideológica. Desde la LOGSE, que considero una buena ley -pero de aplicación complicada, eso también- no ha habido paz educativa. Y la situación necesita estabilidad. Una reforma tarda veinte años en obtener frutos. Es decir, que ninguna reforma española ha tenido tiempo para fructificar.

La educación es un asunto serio, un tema de estado. No nos merecemos esta birria de gestión partidista, esta falta de consenso y el cortoplacismo táctico. Es agotador. ¿Se pondrá remedio? Nos jugamos mucho, nos jugamos todo. No hay soluciones mágicas, pero seguir así, desde luego, no lo es.

domingo, 30 de agosto de 2026

Una propuesta sensata en lectura en el aula

 Recientemente, la Conselleria de Educación de la Generalitat Valenciana ha modificado el Decreto de Currículum que desarrolla la LOMLOE a nivel autonómico. El decreto anterior fue elaborado por el gobierno del Botànic, y ahora se han cambiado algunos aspectos relativos a horario, evaluación y algunas áreas curriculares, como la desaparición de los proyectos interdisciplinares del horario de primaria. También se modifican los informes trimestrales de carácter cualitativo, que vuelven a ser boletines de notas, aunque con la libertad de adjuntar un informe cualitativo. Lo que desaparece es la obligatoriedad del informe y la inexistencia de notas parciales, que vuelven a ser preceptivas. Realmente, creo que es una medida acertada, que simplifica nuestro trabajo.

No es mi intención llevar a cabo un repaso de los cambios, al menos, no en este artículo. Me detengo en una medida que se aplicará en segundo ciclo de primaria y que tiene que ver con la lectura en el aula. Como sabéis, este blog dedica buena parte de sus artículos a la lectoescritura, y la medida merece un comentario.

Se trata de dedicar una sesión semanal de 45 o 60 minutos a leer en clase. Hasta aquí, no hay mucha novedad. Lo que me llama positivamente la atención es que se especifica cómo se ha de llevar a cabo, lo que sí es novedoso. Normalmente, se estipula un tiempo de lectura en el aula, pero no se hace referencia a la manera de proceder. En este caso, el docente iniciará la sesión leyendo durante cinco minutos  en voz alta como modelaje para el alumnado. Me parece adecuado. Leer en voz alta también se enseña. Después, hay un tiempo largo de lectura silenciosa (por fin) y tras este periodo se comenta lo leído (o se puede alargar la lectura). El decreto habla de 25-30 minutos y sobre el texto a leer se dice que será elegido por el alumnado según sus preferencias y adecuado a su edad.

Este punto me parece muy interesante. Ya no leen todos lo mismo, sino que se respeta el gusto del alumnado. Supongo que también se incluirá el cómic entre las propuestas lectoras, no de manera exclusiva. La tertulia posterior puede ser constructiva si se habla de los textos leídos, se puede practicar el resumen oral, dar opiniones, hacer recomendaciones... 

Otro aspecto positivo es la instrucción para que el alumnado pueda practicar la lectura, independientemente de sus condiciones. Si no traen libros de casa, cosa que puede ocurrir frecuentemente, se darán obras de la biblioteca de aula o escolar. Si hay mucha diferencia en el nivel lector, se buscarán textos que resulten asequibles. Eso se perdía, hasta cierto punto, cuando todos los alumnos leían el mismo libro.

Infografía sobre propuestas mías de lectura en el aula
(Autor: Antonio Iván Rodríguez)


En ese sentido, entiendo que esta sesión no implicará dejar de hacer lecturas colectivas, si el plan lector del centro así lo indica para segundo ciclo. Quizás haya que replantear el funcionamiento de esta práctica, pero entendemos que conviene mantenerla, adecuándola a esta nueva disposición.

Ojalá los docentes se apliquen con ganas a esta sesión y pongan lo mejor de sí mismos para que funcione y mejore la comprensión lectora y el gusto por la lectura, más allá de la tarea escolar, como una oferta de ocio fuera de las aulas. 

No se hace referencia explícita en el decreto, pero realizar una evaluación de lo llevado a cabo me parece lógico. No sobre el alumnado, atención, sino sobre las prácticas: ver cómo ha mejorado la comprensión y el hábito lector. Llegar a conclusiones y replantear. 
No olvidemos que este ciclo inicia la lectura de textos de manera sistemática, ya que en el primer ciclo se practica más la mecánica de la lectura. Es en tercer curso cuando se coge velocidad. 

Queda pendiente la posibilidad de ampliar esta sesión a tercer ciclo, pero sin duda es un paso: ver cómo se lee, no simplemente dar un tiempo de lectura. Habrá que seguir la pista y ver si es una medida efectiva. 

viernes, 24 de julio de 2026

Un viaje al fin del sueño americano: Omaha

 Reconozco que he tenido mis dudas sobre hacer una reseña de Omaha, película estadounidense que vi en el cine hace una semana. Aunque no trata el tema escolar, sí que se ocupa de la infancia y de la situación social en el país de las barras y estrellas. Mis dudas venían más por la crudeza de la historia, por las sensaciones que despertó en mí. Además, se añade la dificultad de comentarla sin destripar la trama, cosa que comprenderéis si la habéis visto o cuando la veáis.

La película está dirigida por Cole Webley y es su opera prima. El reparto es reducido: cuatro personajes principales, tres miembros de una familia y una trabajadora social. El padre y sus dos hijos, una niña a punto de cumplir once años y un peque de seis o siete, emprenden un viaje largo por carretera. Les acompaña el perro de la familia. La madre, como se nos dice al principio, ha fallecido recientemente.

Desde el principio, el viaje muestra un final: no volverán a esa casa, el destino será permanente, aunque no sabemos ni a dónde van ni por qué. Parece una road movie llena de precariedad. El padre es el vivo retrato de la angustia, y realiza un ejercicio de contención cuando está delante de sus hijos. 

Cartel de la película en
x.com/Avaloncine
Avanza la historia entre paradas, chocolatinas y juegos de palabras en el coche. Los niños siguen siendo niños, pese a todo. Como espectador, no entiendo demasiado el secretismo del padre, que parece bloqueado. Tiene poco dinero, que administra como puede. No asoma la seguridad de un nuevo trabajo, de un contacto en el sitio donde van... Nada de eso. Silencio. Ella, la hija, intenta saber el destino. Ante su insistencia, el padre dice que van a Nebraska, en el centro del país. Omaha, nombre que da título a la película, es la ciudad más poblada, y tiene un zoo famoso. Reconozco que a mí ese nombre me evoca una playa del desembarco de Normandía en 1944.

Volviendo a la película, vamos viendo episodios preocupantes que entristecen a los niños. El espectador no tiene la información para entender, hay que esperar. Yo mismo me vi, en un momento de la proyección, recriminando al padre su actitud. En este sentido, la película está bien realizada, aunque asume riesgos. No se hace larga -su metraje no lo es- y la estructura de película de carretera funciona.

El desenlace se producirá al llegar al estado de Nebraska y a Omaha. Aquí se precipitan los acontecimientos hasta llegar a un final que nos hace entender todo. No decimos más, no hace falta.

El film presenta, en mi opinión, los hechos sin juzgarlos. El espectador ha de sacar sus conclusiones. El grueso de la trama recae en el padre, que parece llevar el peso del mundo a sus espaldas. John Magaro está muy bien en el papel de persona que no sabe cómo seguir adelante, pero tiene que hacerlo: no está solo.

Me gusta ver cómo los niños siguen jugando, peleándose, ajenos a la realidad, aunque Ella intuye que algo no va bien. El planteamiento de road movie funciona correctamente, lo que constituye, sin duda, una de las bazas fuertes de la película. Eso sí, es un viaje distinto, lleno de precariedad y angustia, rebajadas por la actitud infantil despreocupada, a pesar de las pérdidas.

Además, se nos muestran lugares un tanto inhóspitos, paisajes desérticos, establecimientos de carretera y comida rápida. Todo tiene un halo de desolación, de pobreza más o menos evidente. Lo más destartalado es el coche familiar, que necesita un arreglo integral o la jubilación. 

Omaha es una película intensa con pocos personajes y un aire independiente que se deja percibir en todo el metraje. La cámara se usa sin alardes, y le da un toque documental en ocasiones. Busca la naturalidad en la narración, huyendo de lo melodramático, lo cual se agradece, sin duda.

En definitiva, una oportunidad para reflexionar sobre la pobreza que aguarda tras una mala racha y una realidad que afirma que el sueño americano ha desaparecido y tantas veces, deja paso a una pesadilla, amarga como un café en un bar de carretera.

 

lunes, 13 de julio de 2026

Situaciones de aprendizaje: ¿realidad o ficción?

 El verano es tiempo de descanso, y si así se desea, de reflexión. En un ámbito tan necesitado de ser repensado como la educación, es evidente que es una época privilegiada, repito, siempre que se quiera. Encontramos a muchos compañeros que acaban cansados del curso y quieren desconectar de lo escolar. También hay compañeros que no quieren dedicar un segundo a la escuela fuera de ella (conozco algunos). Además, este final de curso ha sido complicado en la educación pública valenciana por la huelga idefinida desde el once de mayo, cuya gestión en los centros ha supuesto un desgaste importante en los claustros.

Pese a todo, sigo pensando que se puede aprovechar para la lectura pedagógica -y de la otra- y para realizar pequeñas investigaciones que mejoren la práctica propia desde la comprensión más clara del hecho educativo.

Decía Gimeno Sacristán, a quien tuve de profesor de Didáctica General en quinto de Pedagogía hace muchísimo tiempo, que él tenía que estudiar siempre, para estar al día, y lo decía con tranquilidad, asumiendo que iba implícito en su trabajo universitario. Estamos hablando de un reputado autor pedagógico, con libros que ya son clásicos de la reflexión sobre lo educativo. Y admitía que siempre tenía que estar leyendo.

Ya sé que Gimeno no es santo de la devoción de parte del profesorado sobre todo de Secundaria, pero lo englobo en esa actitud antipedagógica que se ha extendido en la docencia española. Por cierto, no logro distinguir entre ese adjetivo y antipedagogista, el vocablo que se usa para rechazar cualquier intervención técnica de los que no pisan aula. Esa separación de conceptos implicaría conocer bien qué es la pedagogía, cuáles son sus fines y a qué ámbitos se aplica. Cuestiones todas, por cierto, que están fijadas en las leyes.

No nos desviemos, aunque con Gimeno siempre hay motivos para la digresión en un artículo. Yo hoy quería hablar de las situaciones de aprendizaje, la gran aportación de la LOMLOE, esa ley elaborada de manera exprés en 2022 y que, por avatares políticos sigue vigente hasta que el gobierno cambie de signo, supongo. España no es un país hegeliano, en ese sentido. No hay progreso, solo retrocesos intercalados en el tiempo. 

Aquí ya hemos dado nuestra opinión sobre la LOMLOE, una ley con todos los defectos de las reformas hechas de arriba abajo, agravados por la premura en su aprobación por la perspectiva socialista de pérdida del poder estatal en 2023. Finalmente, han podido seguir gobernando, a pesar de perder las elecciones de julio de aquel año. Hablamos de una ley orgánica que regula el sistema educativo español, sin consenso ni tiempo. Así nos va.

La ley propone un planteamiento competencial con una situación de aprendizaje, tanto en primaria como en secundaria. Enlazo las definiciones que el Ministerio de Educación publicó en su momento, por si nos sirven de guía.

A la vez, comprobamos que el libro de texto sigue siendo una realidad en muchos centros, en la mayoría. He aquí la gran paradoja de esta reforma: lo competencial metido en un formato esencialmente no competencial, diseñado para la transmisión de contenidos (ahora saberes) y no para ser un esqueleto sobre el que poner carne, es decir, información relevante acorde con el perfil competencial.

El libro de texto configura la práctica docente porque marca el tiempo escolar de manera inexorable, a no ser que exista una reflexión didáctica sobre el tema. Como siempre, no demonizo el manual, sino que cuestiono su predominancia en el aula. No se trata de dejar de hacer unas actividades o saltarse un tema, es más profundo: no saber qué hacer sin el libro, ese es el drama.

La reforma actual pretendía devolver atribuciones al profesorado, pero de una manera desacertada. El enfoque competencial, es cierto, permite mayor flexibilidad en la programación de saberes. Si se impone como la manera de presentar el curso, probablemente se hará, con la ayuda de IA, mirando otros centros... pero la práctica en el aula seguirá con pocas variaciones, amparada por el libro de texto y su lógica de funcionamiento.

No quiero obviar a esos compañeros docentes que trabajan de otra manera, que sé que existen, y han adoptado el enfoque competencial con sus ventajas e inconvenientes. 

Mi conclusión es esta: probablemente estamos viviendo una ficción educativa a nivel de sistema escolar. Se programa según LOMLOE, se trabaja según el libro de texto. Tristísimo panorama.

viernes, 3 de julio de 2026

Cambio de centro: nueva perspectiva

 Este verano cambio de centro, por última vez, espero. Vuelvo a la localidad donde resido, Borriana, tras seis años en Vila-real, en dos centros distintos. No soy lo que en fútbol se llama one-club-man. Esta vez no ha sido por mi voluntad: de hecho, concursé a este colegio hace dos años y he estado cuatro en total, los dos primeros en comisión de servicios. Pero las cosas han venido así: he tenido que optar entre seguir en el centro y no dar primaria (a pesar de que es la especialidad de mi plaza) o cambiar de centro y recuperar una tutoría. Este último curso he dado inglés a tiempo completo y, aunque me gusta el inglés, no es lo que quiero. Así que, sin mucho entusiasmo, he concursado y ya conozco el centro Pare Villalonga, al que voy y donde, si no pasa nada, estaré los próximos dos cursos, en el transcurso de los cuales cumpliré la edad de jubilación. Es un centro de una línea, otra novedad para mí tras veinticinco cursos en centros de doble línea. La impresión ha sido muy buena.

Biblioteca del CEIP Pare Villalonga
Página web del centro

He dedicado algunos artículos al tema de hacerse mayor en la escuela. Creo que la edad da otra perspectiva, pero no tiene por qué influir en las ganas de hacer cosas. De hecho, en el nuevo centro asumiré la coordinación de biblioteca, y mi cabeza ya está pensando iniciativas, ya tengo ideas que plantearé al claustro y seguro que disfrutamos fomentando la lectura, que es un fundamento de la primaria.

He recuperado también mis bártulos para la tutoría, que será de tercer ciclo, sin saber todavía qué nivel daré. Me hace ilusión quinto de primaria, porque hace mucho tiempo que no ejerzo en ese curso. Aunque lo importante, para mí, es volver a ser tutor, a plantear actividades, a reforzar aprendizajes, a leer en clase, a animar a leer en casa... Por eso digo que la edad no conlleva perder entusiasmo, a pesar de que las fuerzas no sean las mismas que hace veinte años. Permitidme hoy que hable un poco más de mí mismo, tras un año complicado, y que comparta con vosotros cómo me siento ahora.

Tengo preparado un cuaderno para que, cada día, una persona del grupo escriba una página en el diario de clase, práctica que he hecho otros años y que permite ver la realidad desde los ojos del alumnado, aunque sea parcialmente. También haremos autoevaluación, una rutina mensual que ha funcionado bien. Que el grupo reflexione sobre su trabajo y actitud siempre me parece adecuado y positivo. Leeremos en clase y en casa. El centro dispone de una buena colección de libros de lectura colectiva, y seguro que encontraremos los adecuados. Además, usaremos la biblioteca de centro, ya veremos cómo.

Me apetece mucho volver a dar matemáticas, la verdad. Plantear cuestiones que se salgan de la rutina, ayudar a construir conocimiento y valorar el razonamiento, que sepan ir y volver, dándole importancia al itinerario que realizan. Unas matemáticas que busquen la comprensión, no solo la repetición.

Podría seguir hablando de conocimiento del medio -felizmente recuperado el término y la asignatura, tras la funesta LOMCE- y de cómo me gusta presentar la realidad en el aula, más allá de lo que diga el libro de texto. O de las lenguas, buscando un tratamiento integral en una comunidad bilingüe, con el desafío de aprovechar aprendizajes y no repetirlos de manera forzada o, peor, inútil.

Ya veis que no me ha costado mucho cambiar la perspectiva; me costó considerablemente más hacerme a la especialidad de inglés, a mis años, pasando a tener cien alumnos y renunciando a tantas prácticas que son propias de la tutoría. Pero bueno, eso ya pasó y ahora se viene otra realidad, muy estimulante.


domingo, 21 de junio de 2026

Por qué he dejado X-Twitter

Nunca pensé que llegaría a escribir este artículo, la verdad. Desde 2010 he estado en Twitter, que hace un tiempo se convirtió en X por la desgraciada adquisición de Elon Musk de la plataforma. De hecho, mi blog, este que lees, amable lector, es de 2012, y la interacción entre la red social y el blog ha sido una constante.

Hasta hace unos meses. Notaba cómo mis posts (ahora se llaman así) en los que daba difusión a mi trabajo en el blog pasaban casi desapercibidos. De hecho, no aumentaban significativamente las visitas. Digamos que no había repercusión. Por tanto, uno de los motivos que me han mantenido en X ya no estaba. No se debía, a mi entender, a la temática del artículo, sino a una tendencia propia de X que ignora mi contenido. Con casi ocho mil seguidores, la repercusión de lo que escribo es minúscula. Cansado de ver esto, va ganando terreno la desilusión y la desidia. Se empieza a entrar menos, a publicar más ocasionalmente, hasta que llega la pregunta: ¿Vale la pena seguir?

Ya habíamos dejado claro que Twitter-X no era un ámbito adecuado para el debate pedagógico, muy polarizado y sesgado, poco dado a los matices y a una visión holística, lejos de la dinámica de buenos y malos. En ese debate ya no entraba casi nunca, sabedor de que me caerían descalificaciones gratuitas y juicios de valor sobre mi trabajo, que tanta gente pondera sin conocimiento. Otro motivo para replantearse seguir.

Como me gusta interactuar, me puse a hablar de otras cosas que también me interesan: medios de comunicación, libros y lecturas, fútbol... Llega un momento en que no se sabe bien por qué se está ni para qué. Además, y no es un tema menor, estar conectado quita tiempo para otras tareas u ocupaciones de mayor valor añadido. Tengo comprobado que a más tiempo en redes, menor dedicación a la lectura y, lo que es más grave, la capacidad de concentración y de tiempo de lectura se ve afectada para mal, ya que cuesta más esfuerzo mantener la atención sin interacciones que son adictivas.

Con todo lo anterior, había que tomar una decisión desde la responsabilidad personal: aprovechar el tiempo o seguir por seguir, a ver si la tendencia cambiaba y recuperaba sensaciones. Pero no ha sido así. A la vez, el blog está marcando unos números increíbles de difusión, con cifras que no había visto antes. Sobre todo, de fuera de España: Estados Unidos en el primer lugar. Estoy sorprendido, aunque a efectos prácticos no hay ninguna mejoría, pues no gano un euro con el blog, ni nunca lo he pretendido. Ha sido y es un entretenimiento que me ha servido para reflexionar y ofrecer esta reflexión al conjunto de la comunidad educativa y a quien esté interesado en la educación.

No es un drama, ni tendrá conmoción en la fuerza, por usar un término friki. Simplemente, ya no reconozco la red que tanto me ayudó y de la que tanto disfruté. Supongo que Musk tendrá mucho que ver en esta deriva infame. Conmigo que no cuenten, eso es todo.


sábado, 6 de junio de 2026

La fugacidad de lo efímero y la atención menguante: un drama de nuestro tiempo.

 Algunos artículos, como este, vienen motivados por cosas que pasan en clase. Es lógico porque uno de los objetivos del blog es reflexionar sobre lo educativo, y lo que ocurre en las aulas es el meollo, donde se corta el bacalao. Eso sí, intentando trascender la anécdota, buscando significados más allá de las paredes que delimitan, pero solo físicamente, nuestra tarea.

Hace poco, expresé en X,  la versión actual del añorado Twitter, mi sorpresa por un hecho que ha ocurrido dos veces en poco tiempo. Como sabréis, en la educación valenciana hay una huelga desde el once de mayo. Me ha tocado ejercer servicios mínimos a tercer ciclo en este tiempo. La primera parte de la mañana la dedicamos a alguna tarea de comprensión lectora, sin avanzar contenidos, evidentemente. Tras la pausa del patio, pensé en poner una película para llegar así al fin de la jornada, que en mi caso es a las 14.00.

Hasta hace unos años, poner una película era garantía de éxito en primaria, a poco que se eligiera bien. El alumnado recibía la novedad con agrado, en líneas generales. En la actualidad, también se aprovecha lo cinematográfico para la programación en algunas áreas. Así, el curso pasado di Valores sociales y cívicos a sexto de primaria, y vimos Wonder, Matilda y Spirit, películas relacionadas con el planteamiento de la asignatura. Los filmes funcionaron bien, sirvieron a su propósito y creo que gustaron. Además, el visionado ocupó dos o más sesiones, ya que la asignatura es de cuarenta y cinco minutos. Durante el curso pudimos trabajar otros aspectos en otros formatos, añado.

Una joven Alaska en "La bola de cristal"
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En esta ocasión, el fin era solo recreativo. Estaba con alumnado de quinto de primaria, diez u once años. Mi sorpresa, como digo, es que muchos no quisieron ver la película antes incluso de ponerla. Sin evaluar el contenido, la temática... Esto pasó en dos ocasiones, y me quedé un tanto perplejo. De hecho, no acabamos de verlas. Los filmes eran distintos, aunque eran de animación. En ambos casos, solo una minoría mostró interés. Me quedé desconcertado.

Mi primera sensación fue de tristeza, una vez superada la sorpresa. No querer entrar en una narración a priori indica poco interés por conocer historias. Otra cosa es que la historia, cuando se está inserto en ella, no enganche, no emocione. Eso nos ha pasado a muchos espectadores habituales en el cine, si no a todos. Pero el rechazo previo... me preocupa. ¿Por qué pasa esto, por qué chavales que no han acabado primaria desarrollan prejuicios contra el cine convencional, de noventa o cien minutos, pensado para ellos? Me preocupa como aficionado al cine y como docente. 

Se puede pensar que más adelante aprenderán a valorar esas obras. No sé yo. La práctica hace maestros, y cuánto más cine se ve, más se acostumbra uno a su lenguaje; digamos que se requiere un aprendizaje informal, que en estos años se da naturalmente. No me parece adecuado que se lleve a los niños de pocos años al cine, a ver cosas que no entienden porque no están preparados. El placer se convierte en tortura. Pero los que sí pueden disfrutarlo... ¿pasan del tema?

Creo que Tik-tok tiene mucho que ver con lo que está pasando. El acceso indiscriminado a las redes desde muy temprano está haciendo estragos en la atención. Todo pasa muy rápido. De hecho, es una tendencia generalizada en lo audiovisual. Hace unos meses, volví a ver un vídeo en el que la cantante Alaska interpretaba La bola de cristal, el tema del legendario programa de mediados de los ochenta. El vídeo consistía en planos de ella bailando y cantando. La sensación de lentitud me invadía. Lo que era normal en los ochenta, hoy parece anticuado en cuanto al ritmo. Y eso se debe a la aceleración de los estímulos.

Tik-tok es el exponente máximo, a entender, de esta manera de proceder. Si nos afecta a los adultos, como acabo de comentar, ¿cómo no va a moldear la percepción de quien está formándose también en su manera de leer la realidad con atención? El smartphone configura una gramática de la comunicación, como nos dice Byung-chul Han en No cosas. Y la atención continuada, la capacidad de mantenerla, se resiente, disminuye, sufre. No es ocioso recordar que existe una edad mínima para entrar en las redes, edad que se ignora sistemáticamente.

Y llegamos así al desinterés por la narración, con su estructura, con su gramática, con su manera de mostrar el mundo, que nos ha hecho humanos desde siempre. ¿Es o no preocupante?

El tema da para mucho, por lo que amenazo con más artículos. Decía unos párrafos más arriba que mi preocupación también era como docente, no solo como un cinéfilo particular. La escuela no sabe, en general, cómo responder a estos cambios, cunde el desconcierto al que yo aludía. Pero eso ya será tema para otra entrada.

Tomar la educación en serio (a partir de PISA 2025)

  Hoy, 8 de septiembre, se han conocido los resultados de la última prueba PISA en matemáticas, ciencias y lectura, correspondiente a 2025. ...