Reconozco que he tenido mis dudas sobre hacer una reseña de Omaha, película estadounidense que vi en el cine hace una semana. Aunque no trata el tema escolar, sí que se ocupa de la infancia y de la situación social en el país de las barras y estrellas. Mis dudas venían más por la crudeza de la historia, por las sensaciones que despertó en mí. Además, se añade la dificultad de comentarla sin destripar la trama, cosa que comprenderéis si la habéis visto o cuando la veáis.
La película está dirigida por Cole Webley y es su opera prima. El reparto es reducido: cuatro personajes principales, tres miembros de una familia y una trabajadora social. El padre y sus dos hijos, una niña a punto de cumplir once años y un peque de seis o siete, emprenden un viaje largo por carretera. Les acompaña el perro de la familia. La madre, como se nos dice al principio, ha fallecido recientemente.
Desde el principio, el viaje muestra un final: no volverán a esa casa, el destino será permanente, aunque no sabemos ni a dónde van ni por qué. Parece una road movie llena de precariedad. El padre es el vivo retrato de la angustia, y realiza un ejercicio de contención cuando está delante de sus hijos.
| Cartel de la película en x.com/Avaloncine |
Volviendo a la película, vamos viendo episodios preocupantes que entristecen a los niños. El espectador no tiene la información para entender, hay que esperar. Yo mismo me vi, en un momento de la proyección, recriminando al padre su actitud. En este sentido, la película está bien realizada, aunque asume riesgos. No se hace larga -su metraje no lo es- y la estructura de película de carretera funciona.
El desenlace se producirá al llegar al estado de Nebraska y a Omaha. Aquí se precipitan los acontecimientos hasta llegar a un final que nos hace entender todo. No decimos más, no hace falta.
El film presenta, en mi opinión, los hechos sin juzgarlos. El espectador ha de sacar sus conclusiones. El grueso de la trama recae en el padre, que parece llevar el peso del mundo a sus espaldas. John Magaro está muy bien en el papel de persona que no sabe cómo seguir adelante, pero tiene que hacerlo: no está solo.
Me gusta ver cómo los niños siguen jugando, peleándose, ajenos a la realidad, aunque Ella intuye que algo no va bien. El planteamiento de road movie funciona correctamente, lo que constituye, sin duda, una de las bazas fuertes de la película. Eso sí, es un viaje distinto, lleno de precariedad y angustia, rebajadas por la actitud infantil despreocupada, a pesar de las pérdidas.
Además, se nos muestran lugares un tanto inhóspitos, paisajes desérticos, establecimientos de carretera y comida rápida. Todo tiene un halo de desolación, de pobreza más o menos evidente. Lo más destartalado es el coche familiar, que necesita un arreglo integral o la jubilación.
Omaha es una película intensa con pocos personajes y un aire independiente que se deja percibir en todo el metraje. La cámara se usa sin alardes, y le da un toque documental en ocasiones. Busca la naturalidad en la narración, huyendo de lo melodramático, lo cual se agradece, sin duda.
En definitiva, una oportunidad para reflexionar sobre la pobreza que aguarda tras una mala racha y una realidad que afirma que el sueño americano ha desaparecido y tantas veces, deja paso a una pesadilla, amarga como un café en un bar de carretera.


