Dentro de unos días se celebrará el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que últimamente se denomina 8M. En el blog no hemos dedicado ningún artículo específico a la fecha que también se conmemora en los centros educativos, y creo que ya es hora de hacerlo.
Hemos hablado, en general, de las celebraciones escolares, del peligro de folklorización de las causas, de su inanidad al quedarse en un espacio simbólico repetitivo, hecho para salir del paso, sin más. Es lo que ocurre con la paloma picassiana del 30 de enero, con el color morado el 8M, con el azul del día TEA... Recuerdo a José María Toro, maestro y conferenciante, quien, en plan jocoso, decía que soñó con Picasso y en conversación con él, reconoció que si hubiera sabido el destino de su paloma... no la habría pintado.
En mi centro nos han pedido, como es lógico, ideas para celebrar el 8M. Yo he propuesto un eslogan: Más allá del morado. Ponernos una camiseta, una gorra, un vestido de ese color es el distintivo de ese día. Por cierto, ¿sabemos el origen del morado como símbolo feminista? Yo lo desconozco, la verdad, como tantos desconocen por qué el 30 de enero es el día escolar de la paz. ¿Sabemos por qué el 25N se pintan mariposas? ¿Seguimos haciendo cosas sin sentido en la escuela?
La respuesta, me temo, es afirmativa. La celebración del día de la mujer no puede quedarse en un color, en una canción, en un dibujo. Lo lógico sería que la igualdad entre sexos formara parte del currículum real, del que se trabaja en los centros, más allá de las disposiciones oficiales. Y que se llevara a cabo durante el curso. En ese caso, la celebración vendría a ser un paso más, una muestra de lo hecho. Lamento repetirme, puesto que este argumento se puede aplicar a los otros "días de" ya comentados. 
Trabajo sobre la igualdad real a partir de
la declaración de DDHH, alumno 6EP
¿Qué se puede hacer cada día? Detectar conductas machistas en nuestro alumnado, lo primero. Facilitar la igualdad real con medidas efectivas, con registros de lo que ocurre en el aula. ¿Quién lleva la voz cantante? ¿Dónde están los conflictos, por qué se producen? ¿Están las chicas arrinconadas en el patio o se comparte el espacio con normalidad? A partir de quinto de primaria, ¿hay comentarios inadecuados o sexualizados? Digo quinto por no decir edades más tempranas, que los móviles siguen destruyendo la infancia sin que pase nada.
Si esas prácticas ya se hacen, se va en buen camino, sin duda. También se pueden plantear otras cuestiones: ¿Por qué cobran más los hombres que las mujeres a igual trabajo? ¿Cómo trata la publicidad a hombres y mujeres? ¿Qué situaciones de desigualdad grave hay en el mundo? Podríamos seguir, pero creo que con esas ya da para mucho.
Y cuándo hacer eso, diréis algunos docentes. En el espacio de tutoría, por ejemplo, que es un tiempo precioso que, en ocasiones, no se sabe bien cómo llenar. Y en las demás áreas, también. La transversalidad no es una manera de evaporar los contenidos, sino de hacerlos llegar con naturalidad. Si en vez de la lectura narrativa que propone indefectiblemente el libro de texto a inicio de la unidad, se busca una breve biografía de Malala y su lucha por la escolaridad en Afganistán, se conoce su vida y se practica el género literario de la biografía, dos por el precio de uno. Lo mismo puede hacerse con datos sencillos de estadística para hablar de salarios, de presencia femenina en puestos decisivos, y tantas cosas más.
Se trata de hacer transversal la propuesta, y para ello se aprovecha la tarea diaria, sin necesidad de "adoctrinamiento" ni de perder muchas clases de la asignatura que sea. A veces, eso suele ser contraproducente, al menos en mi experiencia. Trabajar con óptica de igualdad es sencillo. También podemos proponer experiencias enriquecedoras. Hace ya unos cuantos años, cuando era tutor de sexto de primaria, invité a algunas conocidas que daban clase en la universidad de Castelló, la Jaume I, para que tuvieran un diálogo con mi clase. Creo que funcionó muy bien, puesto que eran referentes que iban a encontrarse con ellos y ellas y a compartir qué era eso de la universidad, de dar clase allí, de investigar...
En fin, no quiero ser exhaustivo. Termino reivindicando el eslogan que he aportado en mi centro: El 8 M, más allá del color morado.
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