viernes, 24 de julio de 2026

Un viaje al fin del sueño americano: Omaha

 Reconozco que he tenido mis dudas sobre hacer una reseña de Omaha, película estadounidense que vi en el cine hace una semana. Aunque no trata el tema escolar, sí que se ocupa de la infancia y de la situación social en el país de las barras y estrellas. Mis dudas venían más por la crudeza de la historia, por las sensaciones que despertó en mí. Además, se añade la dificultad de comentarla sin destripar la trama, cosa que comprenderéis si la habéis visto o cuando la veáis.

La película está dirigida por Cole Webley y es su opera prima. El reparto es reducido: cuatro personajes principales, tres miembros de una familia y una trabajadora social. El padre y sus dos hijos, una niña a punto de cumplir once años y un peque de seis o siete, emprenden un viaje largo por carretera. Les acompaña el perro de la familia. La madre, como se nos dice al principio, ha fallecido recientemente.

Desde el principio, el viaje muestra un final: no volverán a esa casa, el destino será permanente, aunque no sabemos ni a dónde van ni por qué. Parece una road movie llena de precariedad. El padre es el vivo retrato de la angustia, y realiza un ejercicio de contención cuando está delante de sus hijos. 

Cartel de la película en
x.com/Avaloncine
Avanza la historia entre paradas, chocolatinas y juegos de palabras en el coche. Los niños siguen siendo niños, pese a todo. Como espectador, no entiendo demasiado el secretismo del padre, que parece bloqueado. Tiene poco dinero, que administra como puede. No asoma la seguridad de un nuevo trabajo, de un contacto en el sitio donde van... Nada de eso. Silencio. Ella, la hija, intenta saber el destino. Ante su insistencia, el padre dice que van a Nebraska, en el centro del país. Omaha, nombre que da título a la película, es la ciudad más poblada, y tiene un zoo famoso. Reconozco que a mí ese nombre me evoca una playa del desembarco de Normandía en 1944.

Volviendo a la película, vamos viendo episodios preocupantes que entristecen a los niños. El espectador no tiene la información para entender, hay que esperar. Yo mismo me vi, en un momento de la proyección, recriminando al padre su actitud. En este sentido, la película está bien realizada, aunque asume riesgos. No se hace larga -su metraje no lo es- y la estructura de película de carretera funciona.

El desenlace se producirá al llegar al estado de Nebraska y a Omaha. Aquí se precipitan los acontecimientos hasta llegar a un final que nos hace entender todo. No decimos más, no hace falta.

El film presenta, en mi opinión, los hechos sin juzgarlos. El espectador ha de sacar sus conclusiones. El grueso de la trama recae en el padre, que parece llevar el peso del mundo a sus espaldas. John Magaro está muy bien en el papel de persona que no sabe cómo seguir adelante, pero tiene que hacerlo: no está solo.

Me gusta ver cómo los niños siguen jugando, peleándose, ajenos a la realidad, aunque Ella intuye que algo no va bien. El planteamiento de road movie funciona correctamente, lo que constituye, sin duda, una de las bazas fuertes de la película. Eso sí, es un viaje distinto, lleno de precariedad y angustia, rebajadas por la actitud infantil despreocupada, a pesar de las pérdidas.

Además, se nos muestran lugares un tanto inhóspitos, paisajes desérticos, establecimientos de carretera y comida rápida. Todo tiene un halo de desolación, de pobreza más o menos evidente. Lo más destartalado es el coche familiar, que necesita un arreglo integral o la jubilación. 

Omaha es una película intensa con pocos personajes y un aire independiente que se deja percibir en todo el metraje. La cámara se usa sin alardes, y le da un toque documental en ocasiones. Busca la naturalidad en la narración, huyendo de lo melodramático, lo cual se agradece, sin duda.

En definitiva, una oportunidad para reflexionar sobre la pobreza que aguarda tras una mala racha y una realidad que afirma que el sueño americano ha desaparecido y tantas veces, deja paso a una pesadilla, amarga como un café en un bar de carretera.

 

lunes, 13 de julio de 2026

Situaciones de aprendizaje: ¿realidad o ficción?

 El verano es tiempo de descanso, y si así se desea, de reflexión. En un ámbito tan necesitado de ser repensado como la educación, es evidente que es una época privilegiada, repito, siempre que se quiera. Encontramos a muchos compañeros que acaban cansados del curso y quieren desconectar de lo escolar. También hay compañeros que no quieren dedicar un segundo a la escuela fuera de ella (conozco algunos). Además, este final de curso ha sido complicado en la educación pública valenciana por la huelga idefinida desde el once de mayo, cuya gestión en los centros ha supuesto un desgaste importante en los claustros.

Pese a todo, sigo pensando que se puede aprovechar para la lectura pedagógica -y de la otra- y para realizar pequeñas investigaciones que mejoren la práctica propia desde la comprensión más clara del hecho educativo.

Decía Gimeno Sacristán, a quien tuve de profesor de Didáctica General en quinto de Pedagogía hace muchísimo tiempo, que él tenía que estudiar siempre, para estar al día, y lo decía con tranquilidad, asumiendo que iba implícito en su trabajo universitario. Estamos hablando de un reputado autor pedagógico, con libros que ya son clásicos de la reflexión sobre lo educativo. Y admitía que siempre tenía que estar leyendo.

Ya sé que Gimeno no es santo de la devoción de parte del profesorado sobre todo de Secundaria, pero lo englobo en esa actitud antipedagógica que se ha extendido en la docencia española. Por cierto, no logro distinguir entre ese adjetivo y antipedagogista, el vocablo que se usa para rechazar cualquier intervención técnica de los que no pisan aula. Esa separación de conceptos implicaría conocer bien qué es la pedagogía, cuáles son sus fines y a qué ámbitos se aplica. Cuestiones todas, por cierto, que están fijadas en las leyes.

No nos desviemos, aunque con Gimeno siempre hay motivos para la digresión en un artículo. Yo hoy quería hablar de las situaciones de aprendizaje, la gran aportación de la LOMLOE, esa ley elaborada de manera exprés en 2022 y que, por avatares políticos sigue vigente hasta que el gobierno cambie de signo, supongo. España no es un país hegeliano, en ese sentido. No hay progreso, solo retrocesos intercalados en el tiempo. 

Aquí ya hemos dado nuestra opinión sobre la LOMLOE, una ley con todos los defectos de las reformas hechas de arriba abajo, agravados por la premura en su aprobación por la perspectiva socialista de pérdida del poder estatal en 2023. Finalmente, han podido seguir gobernando, a pesar de perder las elecciones de julio de aquel año. Hablamos de una ley orgánica que regula el sistema educativo español, sin consenso ni tiempo. Así nos va.

La ley propone un planteamiento competencial con una situación de aprendizaje, tanto en primaria como en secundaria. Enlazo las definiciones que el Ministerio de Educación publicó en su momento, por si nos sirven de guía.

A la vez, comprobamos que el libro de texto sigue siendo una realidad en muchos centros, en la mayoría. He aquí la gran paradoja de esta reforma: lo competencial metido en un formato esencialmente no competencial, diseñado para la transmisión de contenidos (ahora saberes) y no para ser un esqueleto sobre el que poner carne, es decir, información relevante acorde con el perfil competencial.

El libro de texto configura la práctica docente porque marca el tiempo escolar de manera inexorable, a no ser que exista una reflexión didáctica sobre el tema. Como siempre, no demonizo el manual, sino que cuestiono su predominancia en el aula. No se trata de dejar de hacer unas actividades o saltarse un tema, es más profundo: no saber qué hacer sin el libro, ese es el drama.

La reforma actual pretendía devolver atribuciones al profesorado, pero de una manera desacertada. El enfoque competencial, es cierto, permite mayor flexibilidad en la programación de saberes. Si se impone como la manera de presentar el curso, probablemente se hará, con la ayuda de IA, mirando otros centros... pero la práctica en el aula seguirá con pocas variaciones, amparada por el libro de texto y su lógica de funcionamiento.

No quiero obviar a esos compañeros docentes que trabajan de otra manera, que sé que existen, y han adoptado el enfoque competencial con sus ventajas e inconvenientes. 

Mi conclusión es esta: probablemente estamos viviendo una ficción educativa a nivel de sistema escolar. Se programa según LOMLOE, se trabaja según el libro de texto. Tristísimo panorama.

viernes, 3 de julio de 2026

Cambio de centro: nueva perspectiva

 Este verano cambio de centro, por última vez, espero. Vuelvo a la localidad donde resido, Borriana, tras seis años en Vila-real, en dos centros distintos. No soy lo que en fútbol se llama one-club-man. Esta vez no ha sido por mi voluntad: de hecho, concursé a este colegio hace dos años y he estado cuatro en total, los dos primeros en comisión de servicios. Pero las cosas han venido así: he tenido que optar entre seguir en el centro y no dar primaria (a pesar de que es la especialidad de mi plaza) o cambiar de centro y recuperar una tutoría. Este último curso he dado inglés a tiempo completo y, aunque me gusta el inglés, no es lo que quiero. Así que, sin mucho entusiasmo, he concursado y ya conozco el centro Pare Villalonga, al que voy y donde, si no pasa nada, estaré los próximos dos cursos, en el transcurso de los cuales cumpliré la edad de jubilación. Es un centro de una línea, otra novedad para mí tras veinticinco cursos en centros de doble línea. La impresión ha sido muy buena.

Biblioteca del CEIP Pare Villalonga
Página web del centro

He dedicado algunos artículos al tema de hacerse mayor en la escuela. Creo que la edad da otra perspectiva, pero no tiene por qué influir en las ganas de hacer cosas. De hecho, en el nuevo centro asumiré la coordinación de biblioteca, y mi cabeza ya está pensando iniciativas, ya tengo ideas que plantearé al claustro y seguro que disfrutamos fomentando la lectura, que es un fundamento de la primaria.

He recuperado también mis bártulos para la tutoría, que será de tercer ciclo, sin saber todavía qué nivel daré. Me hace ilusión quinto de primaria, porque hace mucho tiempo que no ejerzo en ese curso. Aunque lo importante, para mí, es volver a ser tutor, a plantear actividades, a reforzar aprendizajes, a leer en clase, a animar a leer en casa... Por eso digo que la edad no conlleva perder entusiasmo, a pesar de que las fuerzas no sean las mismas que hace veinte años. Permitidme hoy que hable un poco más de mí mismo, tras un año complicado, y que comparta con vosotros cómo me siento ahora.

Tengo preparado un cuaderno para que, cada día, una persona del grupo escriba una página en el diario de clase, práctica que he hecho otros años y que permite ver la realidad desde los ojos del alumnado, aunque sea parcialmente. También haremos autoevaluación, una rutina mensual que ha funcionado bien. Que el grupo reflexione sobre su trabajo y actitud siempre me parece adecuado y positivo. Leeremos en clase y en casa. El centro dispone de una buena colección de libros de lectura colectiva, y seguro que encontraremos los adecuados. Además, usaremos la biblioteca de centro, ya veremos cómo.

Me apetece mucho volver a dar matemáticas, la verdad. Plantear cuestiones que se salgan de la rutina, ayudar a construir conocimiento y valorar el razonamiento, que sepan ir y volver, dándole importancia al itinerario que realizan. Unas matemáticas que busquen la comprensión, no solo la repetición.

Podría seguir hablando de conocimiento del medio -felizmente recuperado el término y la asignatura, tras la funesta LOMCE- y de cómo me gusta presentar la realidad en el aula, más allá de lo que diga el libro de texto. O de las lenguas, buscando un tratamiento integral en una comunidad bilingüe, con el desafío de aprovechar aprendizajes y no repetirlos de manera forzada o, peor, inútil.

Ya veis que no me ha costado mucho cambiar la perspectiva; me costó considerablemente más hacerme a la especialidad de inglés, a mis años, pasando a tener cien alumnos y renunciando a tantas prácticas que son propias de la tutoría. Pero bueno, eso ya pasó y ahora se viene otra realidad, muy estimulante.


domingo, 21 de junio de 2026

Por qué he dejado X-Twitter

Nunca pensé que llegaría a escribir este artículo, la verdad. Desde 2010 he estado en Twitter, que hace un tiempo se convirtió en X por la desgraciada adquisición de Elon Musk de la plataforma. De hecho, mi blog, este que lees, amable lector, es de 2012, y la interacción entre la red social y el blog ha sido una constante.

Hasta hace unos meses. Notaba cómo mis posts (ahora se llaman así) en los que daba difusión a mi trabajo en el blog pasaban casi desapercibidos. De hecho, no aumentaban significativamente las visitas. Digamos que no había repercusión. Por tanto, uno de los motivos que me han mantenido en X ya no estaba. No se debía, a mi entender, a la temática del artículo, sino a una tendencia propia de X que ignora mi contenido. Con casi ocho mil seguidores, la repercusión de lo que escribo es minúscula. Cansado de ver esto, va ganando terreno la desilusión y la desidia. Se empieza a entrar menos, a publicar más ocasionalmente, hasta que llega la pregunta: ¿Vale la pena seguir?

Ya habíamos dejado claro que Twitter-X no era un ámbito adecuado para el debate pedagógico, muy polarizado y sesgado, poco dado a los matices y a una visión holística, lejos de la dinámica de buenos y malos. En ese debate ya no entraba casi nunca, sabedor de que me caerían descalificaciones gratuitas y juicios de valor sobre mi trabajo, que tanta gente pondera sin conocimiento. Otro motivo para replantearse seguir.

Como me gusta interactuar, me puse a hablar de otras cosas que también me interesan: medios de comunicación, libros y lecturas, fútbol... Llega un momento en que no se sabe bien por qué se está ni para qué. Además, y no es un tema menor, estar conectado quita tiempo para otras tareas u ocupaciones de mayor valor añadido. Tengo comprobado que a más tiempo en redes, menor dedicación a la lectura y, lo que es más grave, la capacidad de concentración y de tiempo de lectura se ve afectada para mal, ya que cuesta más esfuerzo mantener la atención sin interacciones que son adictivas.

Con todo lo anterior, había que tomar una decisión desde la responsabilidad personal: aprovechar el tiempo o seguir por seguir, a ver si la tendencia cambiaba y recuperaba sensaciones. Pero no ha sido así. A la vez, el blog está marcando unos números increíbles de difusión, con cifras que no había visto antes. Sobre todo, de fuera de España: Estados Unidos en el primer lugar. Estoy sorprendido, aunque a efectos prácticos no hay ninguna mejoría, pues no gano un euro con el blog, ni nunca lo he pretendido. Ha sido y es un entretenimiento que me ha servido para reflexionar y ofrecer esta reflexión al conjunto de la comunidad educativa y a quien esté interesado en la educación.

No es un drama, ni tendrá conmoción en la fuerza, por usar un término friki. Simplemente, ya no reconozco la red que tanto me ayudó y de la que tanto disfruté. Supongo que Musk tendrá mucho que ver en esta deriva infame. Conmigo que no cuenten, eso es todo.


sábado, 6 de junio de 2026

La fugacidad de lo efímero y la atención menguante: un drama de nuestro tiempo.

 Algunos artículos, como este, vienen motivados por cosas que pasan en clase. Es lógico porque uno de los objetivos del blog es reflexionar sobre lo educativo, y lo que ocurre en las aulas es el meollo, donde se corta el bacalao. Eso sí, intentando trascender la anécdota, buscando significados más allá de las paredes que delimitan, pero solo físicamente, nuestra tarea.

Hace poco, expresé en X,  la versión actual del añorado Twitter, mi sorpresa por un hecho que ha ocurrido dos veces en poco tiempo. Como sabréis, en la educación valenciana hay una huelga desde el once de mayo. Me ha tocado ejercer servicios mínimos a tercer ciclo en este tiempo. La primera parte de la mañana la dedicamos a alguna tarea de comprensión lectora, sin avanzar contenidos, evidentemente. Tras la pausa del patio, pensé en poner una película para llegar así al fin de la jornada, que en mi caso es a las 14.00.

Hasta hace unos años, poner una película era garantía de éxito en primaria, a poco que se eligiera bien. El alumnado recibía la novedad con agrado, en líneas generales. En la actualidad, también se aprovecha lo cinematográfico para la programación en algunas áreas. Así, el curso pasado di Valores sociales y cívicos a sexto de primaria, y vimos Wonder, Matilda y Spirit, películas relacionadas con el planteamiento de la asignatura. Los filmes funcionaron bien, sirvieron a su propósito y creo que gustaron. Además, el visionado ocupó dos o más sesiones, ya que la asignatura es de cuarenta y cinco minutos. Durante el curso pudimos trabajar otros aspectos en otros formatos, añado.

Una joven Alaska en "La bola de cristal"
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En esta ocasión, el fin era solo recreativo. Estaba con alumnado de quinto de primaria, diez u once años. Mi sorpresa, como digo, es que muchos no quisieron ver la película antes incluso de ponerla. Sin evaluar el contenido, la temática... Esto pasó en dos ocasiones, y me quedé un tanto perplejo. De hecho, no acabamos de verlas. Los filmes eran distintos, aunque eran de animación. En ambos casos, solo una minoría mostró interés. Me quedé desconcertado.

Mi primera sensación fue de tristeza, una vez superada la sorpresa. No querer entrar en una narración a priori indica poco interés por conocer historias. Otra cosa es que la historia, cuando se está inserto en ella, no enganche, no emocione. Eso nos ha pasado a muchos espectadores habituales en el cine, si no a todos. Pero el rechazo previo... me preocupa. ¿Por qué pasa esto, por qué chavales que no han acabado primaria desarrollan prejuicios contra el cine convencional, de noventa o cien minutos, pensado para ellos? Me preocupa como aficionado al cine y como docente. 

Se puede pensar que más adelante aprenderán a valorar esas obras. No sé yo. La práctica hace maestros, y cuánto más cine se ve, más se acostumbra uno a su lenguaje; digamos que se requiere un aprendizaje informal, que en estos años se da naturalmente. No me parece adecuado que se lleve a los niños de pocos años al cine, a ver cosas que no entienden porque no están preparados. El placer se convierte en tortura. Pero los que sí pueden disfrutarlo... ¿pasan del tema?

Creo que Tik-tok tiene mucho que ver con lo que está pasando. El acceso indiscriminado a las redes desde muy temprano está haciendo estragos en la atención. Todo pasa muy rápido. De hecho, es una tendencia generalizada en lo audiovisual. Hace unos meses, volví a ver un vídeo en el que la cantante Alaska interpretaba La bola de cristal, el tema del legendario programa de mediados de los ochenta. El vídeo consistía en planos de ella bailando y cantando. La sensación de lentitud me invadía. Lo que era normal en los ochenta, hoy parece anticuado en cuanto al ritmo. Y eso se debe a la aceleración de los estímulos.

Tik-tok es el exponente máximo, a entender, de esta manera de proceder. Si nos afecta a los adultos, como acabo de comentar, ¿cómo no va a moldear la percepción de quien está formándose también en su manera de leer la realidad con atención? El smartphone configura una gramática de la comunicación, como nos dice Byung-chul Han en No cosas. Y la atención continuada, la capacidad de mantenerla, se resiente, disminuye, sufre. No es ocioso recordar que existe una edad mínima para entrar en las redes, edad que se ignora sistemáticamente.

Y llegamos así al desinterés por la narración, con su estructura, con su gramática, con su manera de mostrar el mundo, que nos ha hecho humanos desde siempre. ¿Es o no preocupante?

El tema da para mucho, por lo que amenazo con más artículos. Decía unos párrafos más arriba que mi preocupación también era como docente, no solo como un cinéfilo particular. La escuela no sabe, en general, cómo responder a estos cambios, cunde el desconcierto al que yo aludía. Pero eso ya será tema para otra entrada.

jueves, 9 de abril de 2026

Altas capacidades: la escuela, ¿para quién?

Hace tiempo que no publico una entrada sobre #cineyeducación, pese a que es uno de los ejes del blog. Esto se debe a que no todas las películas sobre educación llegan a mi provincia, y que no hay tantos largometrajes dedicados a lo educativo. 

En este caso, Altas capacidades es una película española que trata el tema de la elección de colegio como manera de situarse en la vida. Está dirigida por Víctor García León, quien además es coguionista junto con Borja Cobeaga.

Alicia y Gonzalo son un matrimonio de mediana edad con un solo hijo, Fer, que tiene nueve o diez años, cursa cuarto de primaria. Los padres no parecen demasiado preocupados por la escolaridad de su hijo, a pesar de que este envía señales con su conducta en clase. 

Todo cambia cuando leen una noticia luctuosa: la muerte de un presunto narcotraficante cerca de un colegio privado de élite, el Piros. Ahí surge la oportunidad de solicitar plaza para Fer, que en realidad es una plaza para los padres, que cambiarían de ambiente escolar y podrían subir en la escala de relaciones sociales. 

Se movilizan para conseguirlo y Domingo, uno de los jefes de Gonzalo, se pone en contacto con ellos porque también lleva a sus hijas al mismo colegio. La trama avanza, conocemos a otras familias, también a la viuda del narco, y se va complicando la entrada de Fer, pese a los esfuerzos de su familia. 

Mientras tanto, Fer sigue dando muestras de sus problemas de relación, sin que sus padres reaccionen. Es lo más terrible de la historia, a mi entender: el niño es lo último, mejor dicho, la realidad de Fer no se tiene en cuenta. Es cómico, y para nosotros los docentes nos resulta frecuente, cómo se recurre a dos etiquetas que oímos mucho en los colegios: altas capacidades y dislexia. 

En mi dilatada experiencia en los centros, me he encontrado con familias convencidas de que su retoño tenía dislexia. En un caso, porque la profesora particular (una alumna universitaria, creo recordar) así lo había dicho. Ni rastro de dislexia hallé yo; no había problemas de lectura. En otros casos, se llama altas capacidades a un buen rendimiento escolar, y no es lo mismo. He tenido alumnado con sobredotación y adelanto de curso, y no siempre es una suerte para ellos. 

En la película se trata el tema con cierta ironía: cualquier razón es buena para justificar el cambio de centro, donde estará mejor atendido, con menor ratio... y sin esperar al curso siguiente, hay que aprovechar la ocasión. En ese sentido, se agradece esa distancia que huye del tono reivindicativo, dejando que el público saque sus conclusiones.

No desvelaré más de la trama, que ya está suficientemente esbozada, a mi entender. Se recoge el dilema entre ser fiel a lo público, que funciona razonablemente, o dar el salto a un cole elitista, que cuesta mucho dinero cada mes y que asegura otro ambiente, tanto en el aula como en el grupo de familias. Un cole pijo, vaya. 

Entre estas familias destaca Paz, la viuda del narcotraficante y madre de un alumno del centro, que da mucho juego a la trama y es un contrapunto a tanta falsedad e hipocresía social. Ella es consciente de que no encaja en ese lugar, pero no quiere cambiar a su hijo que está integrado.

La escuela pública se ve como un espacio de normalidad. Aparece el director, no el profesorado ni la vida en las aulas. Nos reconocemos en la figura de ese docente que habla con las familias para reconducir la situación, con poco éxito, a lo que se ve. Porque la película no es exactamente un film sobre la escuela, sino sobre la elección de centro, es decir, sobre los valores que llevan a una decisión fundamental para los hijos. En este caso, no relacionada con el tema religioso, ya que el centro es laico. Eso sí, con mediateca, que queda muy aparente.

El reparto está muy conseguido y las actuaciones son creíbles. Aparte del matrimonio protagonista, Juan Diego Botto está muy bien como displicente padre del colegio y profesional de éxito. Y Natalia Reyes, como la viuda del narco, ofrece la fuerza de un personaje que no encaja pero que lo lleva con dignidad.

El final cierra un círculo de ironía que envuelve toda la película y que reivindica, a mi entender, la prioridad del niño y la relación con sus padres, como primer e insustituible espacio educador. En un cole público o en uno de (mucho) pago. 

sábado, 4 de abril de 2026

Leyendo "Aula o jaula", de Toni Solano.

 Con cierto retraso respecto a su salida, he leído Aula o jaula, de Toni Solano. Aprovechando la jornada de Edaulablog, reseñada en este mismo blog, adquirí el ejemplar firmado por su autor. 

He dudado un poco sobre si escribir esta reseña, ya que Toni es amigo de hace tiempo, de la época de Novadors, en la que él fue parte importante. Después, coincidimos en el curso para la habilitación en dirección de centros, hace diez años, y hemos charlado mucho por Twitter-X. También hemos compartido críticas a nuestra manera de ver la educación, aunque en esto se ha llevado Toni la peor parte, al tener más repercusión en redes. Otro punto en común, que no sé si hemos comentado ambos, es que los dos tenemos experiencia en trabajar en oficios no relacionados con la educación, y ese hecho nos ha servido para bien.

Este dilema también me pasó con Un viaje por las letras, de Pedro Cifuentes, y creo que se solucionó satisfactoriamente: escribir un texto elogioso por amistad con el autor no aporta nada valioso, a mi entender. En cambio, una reseña centrándose en la obra, sí merece la pena ser leída.

El libro de Toni es un viaje divulgativo sobre el sistema educativo español. Es un libro que puede leer el público en general, ya que explica con claridad cómo funciona la Escuela (él la escribe con mayúscula en su obra) al tiempo que utiliza un enfoque irónico marca de la casa (los que hemos compartido mesa con él podemos dar fe). Este viaje utiliza personajes de la mitología griega para ir avanzando: Apolo, Prometeo, Hércules, Aracne, Ulises... hasta llegar a Sísifo, con cuya tarea tanto podemos identificarnos los docentes, como también escribimos por aquí hace unos años. 

El autor reconoce que prefiere una escuela épica a una catastrófica, "porque la épica alberga la esperanza del triunfo del héroe sobre las adversidades," nos dice en su epílogo, a pesar de que el héroe docente, al igual que el mítico, "es demasiado humano y comete errores, pero, como Hércules, es capaz de sacar adelante sus tareas bajo la presión de una sociedad que cada vez le exige más." No es mala conclusión, sin duda. Reivindicar la esperanza en educación es necesario en estos tiempos inciertos. Hacerlo con lucidez y los pies en la tierra, como propone Toni, es acertado y poco frecuente, a mi entender.

En su camino por la Escuela, revisa temas como el acceso a la profesión, la formación inicial del profesorado, el funcionamiento real de los centros, las TIC y su complicada implantación en la educación formal... Su perspectiva de docente y director nos sitúa en la realidad sin dramatismos, con ese punto de lejanía que da la ironía. Se nota la madurez en la docencia -otro rasgo que compartimos, pues tenemos la misma edad aunque él parece insultantemente más joven que yo- que apacigua la mirada sin caer en el desánimo.

Me parece acertado el diagnóstico sobre las redes sociales en educación, la evolución negativa de aquella ilusión que supuso la Escuela 2.0 y que ha acabado en mucho ruido, mercantilización y desunión virtual, más acentuada que en los claustros, donde finalmente se convive.

Toni retrata el ambiente de un instituto de secundaria con mucha exactitud, y también echa un vistazo a los que trabajamos en las etapas primeras, infantil y primaria, que conoce bien. Tampoco falta un breve repaso a la continua reforma educativa, un carrusel desde 1990 y la LOGSE. Todo ello conforma un texto ameno, con pocas referencias bibliográficas pero con mucha experiencia razonada, que es la única que gana valor con el tiempo y nos ayuda a seguir adelante con esperanza, malgré tout. Por poner un pero, tal vez el título no acaba de expresar la esencia del libro, pero ese siempre es un asunto complejo, la elección del título, y no siempre depende del autor.

El libro incluye un glosario irreverente de términos al final, ordenado alfabéticamente, que en algún caso me ha llevado a la carcajada. Toni deja ver aquí toda su capacidad para mirar irónicamente nuestra institución, nuestras manías docentes, sin dejar de tocar aspectos relevantes como el sesgo del superviviente o la teoría de las ventanas rotas, que yo desconocía.

En resumen, una obra amena, bien escrita y recomendable para quien quiera conocer la educación actual. 

miércoles, 4 de marzo de 2026

EdAulablog en Castelló: Una crónica (II)

 Continuamos con la segunda parte de las intervenciones del encuentro EdAulablog que se celebró en Castelló el último día de febrero. Como decíamos en el artículo anterior, tomamos la pausa para café como separación entre ambas entradas.

Tras dicha pausa, María José y Vanesa, miembros del MRP de Castelló explicaron sus actividades más sobresalientes. Evidentemente, apareció la Escuela de Verano, o Escola d'Estiu, santo y seña de los MRP desde hace tanto. Como novedad, celebran la escuela de invierno con mucha participación. También nos hablaron de sus dos grupos de trabajo, Bufanúvols y Tramuntana. La iniciativa Recrea-Cas completa su catálogo de actividades. Es un espacio con talleres los sábados y oferta de materiales para las escuelas, que pueden acudir un día entre semana con el alumnado.

A continuación, María José Prats nos explicó cómo funciona una escuela rural, en Cinctorres, una pequeña población de la comarca de Els Ports, al norte de la provincia. Me gustó mucho la coherencia del proyecto, que ha prescindido de los libros de texto y plantea otros aprendizajes a partir de un proyecto compartido, con talleres multigrado, uso de cajas de aprendizaje. También utilizan estaciones y cada alumno tiene un plan de aprendizaje personalizado. El hecho de que sean unos cuarenta alumnos en total ayuda a poder llevar a cabo esta manera de educar.

Otra iniciativa interesante es combinar evaluación con autoevaluación y la elaboración de un pasaporte del alumnado, un documento útil para que el docente del curso siguiente pueda ponerse al día fácilmente sobre el grupo que le ha tocado, puesto que la rotación de profesorado es la tónica habitual, al estar la población lejos de la costa y de los grandes núcleos urbanos. Me pareció una propuesta valiente para la escuela rural.

Después fue el turno de Pedro Cifuentes, muy conocido profesor de Ciencias Sociales y autor de cómics, que nos habló del sentido de la maravilla, esa chispa que surge en el aula y que engancha al alumnado, aunque no siempre. Como docente de Historia del Arte, se quejó, con razón, del abandono de la asignatura, relegada a una optativa en Bachillerato. También recordó que la educación no puede ser cortoplacista, sino que es un trabajo de fondo.

Reivindicó, como decimos, la búsqueda del thauma, del asombro, de la maravilla, que encontramos ya en las pinturas del Paleolítico o en la tragedia griega. Aprendemos con ficciones, recordó. El aprendizaje significativo tiene su parte de episteme, de conocimiento, pero también de doxa, para llegar a ser creativo a través de las emociones. Pedro dejó unas pinceladas bien interesantes, como podéis comprobar.

Aún quedaban dos ponencias más. María José Pareja, que nos habló del uso de la literatura infantil y juvenil (LIJ) como herramienta didáctica a partir de su propia experiencia como autora de libros para adolescentes. Nos mostró interesantes ejemplos de trabajo de los clásicos en el aula. Si os apetece indagar un poco más en su estupenda obra, podéis consultar la web mariajosepareja.es, donde encontraréis muchos recursos.

Por último, Diana Montserrat nos recordó que los docentes también tenemos que cuidar nuestra educación emocional, planteando caminos hacia el autoconocimiento. Muchas veces nos preocupamos de lo emocional en nuestro alumnado, pero obviamos la pregunta que Diana nos hizo: ¿Qué necesitamos los profesionales de la educación? En varias de sus obras intenta dar respuesta a esta pregunta.

Como veis, un abanico de propuestas y de realidades que muestran que EdAulablog está atento a lo que ocurre en las aulas y que, como decían en una provincia vecina, Castelló existe.



domingo, 1 de marzo de 2026

EdAulablog en Castelló: Una crónica en dos partes

El sábado 28 de febrero se ha celebrado en Castelló la jornada EdAulablog, un evento complementario a las jornadas de verano de Aulablog, que en 2025 fueron en Moraleja, a las que tuve la suerte de acudir. 

En esta ocasión, el equipo organizador ha confeccionado un programa variado y muy interesante, a base de trabajo, tesón e interés. La verdad es que pocas veces he encontrado un nivel sostenido en las ponencias, bien planteadas y, atención, ajustadas al tiempo previsto. Como hemos hecho anteriormente en el blog, intentaré dar unas pinceladas de lo más relevante. Cabe resaltar que todos los ponentes son de la zona, lo que indica que en este rincón del País Valenciano se trabaja mucho y bien en educación.

Abrió plaza Toni Solano, quien compartió su visión de la escuela como lugar seguro. Usando una metáfora de ámbito local, fácilmente entendible, planteó que la educación es un paso que desemboca en distintas salidas, y que ha de proporcionar seguridad, sobre todo a quienes no la tienen. El Parque Ribalta es un espacio central en la capital castellonense, lugar de tránsito, como la escuela. No puede convertirse en un laberinto para el alumnado, que necesita ser acompañado, porque no es fácil transitar.

También se refirió a los problemas de la educación y a cierta visión catastrofista, pero en realidad los problemas de la escuela son los mismo que los de la sociedad. Resaltó la distancia que todavía separa a las familias de la escuela. Un buen comienzo, sin duda.

Siguió Ana Pitarch, docente de primaria, quien nos habló de metacognición para crecer. Ciertamente, la autoevaluación y la metacognición son imprescindibles, de hecho, las practicamos cotidianamente, o deberíamos. En educación, ha de estar presente no solo al final, sino durante todo el proceso. Me interesó especialmente cómo tratar el error, aprovechándolo como un elemento más del aprendizaje, analizando qué ha fallado para consolidar la buena práctica. Me gustó la definición que dio de metacognición: hacer visible lo invisible, y para ello hay que rascar, como podéis ver en la imagen que acompaña este artículo. También usó la expresión "menos es más", buscando la profundidad en los aprendizajes, tantas veces planteados superficialmente por falta de tiempo. Me vi identificado con muchas afirmaciones que hizo la ponente.

Cambio de registro para la siguiente ponencia. Rosario Raro, escritora, se preguntaba cómo se lee a mediados de la década de los años veinte de este siglo. Empezó desmintiendo, con datos, que la juventud española no lee; sí que lo hace.

A continuación, tocó algunos temas sobre cómo se lee. Abordó el tema de la productividad en la lectura, leer cuánto más mejor, independientemente de la calidad, de los títulos elegidos, sin importar demasiado qué se lee. Hemos visto esta tendencia en redes sociales, que albergan una competición a ver quién ha leído más en un año, en una ludificación de la lectura (en un sentido competitivo, insisto) que me recuerda al estajanovismo soviético más que a una práctica placentera. Contó una pequeña historia de Woody Allen sobre lectura rápida en su libro Cuentos sin pluma. Se apuntó a un curso de esa habilidad y leyó Guerra y paz en unos minutos. "Creo que iba de Rusia", fue su conclusión.


También se refirió al síndrome del escáner, que yo desconocía. Se trata de leer una página impresa como si fuera una lectura online, en forma de F: leer el titular y hacer deambular la vista por el centro de la página. Evidentemente, no se tiene la misma intención lectora; lo online está sujeto a la rapidez, a lo que la autora llama el scroll infinito. Esta práctica influye en la lectura en papel, puesto que resulta más excitante a corto plazo y puede relegarla. Es lo que denominó la trampa de la dopamina, frente a la recompensa diferida de la lectura de libros. Está bien expresado en la imagen adjunta.

La solución que propone la ponente es recuperar la soberanía cognitiva, es decir, estar a lo que estás (manera española de designar el mindfulness). Es cierto que, a más tiempo en redes, menor capacidad de concentración en la lectura larga, en papel. Creo que todos los que practicamos ambos entretenimientos podemos confirmar este hecho. Estamos a tiempo de revertirlo.

Tras esta intervención, hubo una pausa. Y nosotros también la hacemos, para no cansar al abnegado lector. En un segundo artículo recogeremos la parte final de la jornada. Por poner un pero, habría estado bien poder preguntar a los ponentes, haber tenido unos minutos de debate. Pero eso no empaña el buen hacer de la organización.

Sin embargo, Rosario afirmó, con datos, que la juventud española es lectora, contra lo que se puede pensar y se afirma con facilidad.


miércoles, 25 de febrero de 2026

El 8 de marzo en las escuelas: Más allá del morado.

Dentro de unos días se celebrará el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que últimamente se denomina 8M. En el blog no hemos dedicado ningún artículo específico a la fecha que también se conmemora en los centros educativos, y creo que ya es hora de hacerlo.

Hemos hablado, en general, de las celebraciones escolares, del peligro de folklorización de las causas, de su inanidad al quedarse en un espacio simbólico repetitivo, hecho para salir del paso, sin más. Es lo que ocurre con la paloma picassiana del 30 de enero, con el color morado el 8M, con el azul del día TEA... Recuerdo a José María Toro, maestro y conferenciante, quien, en plan jocoso, decía que soñó con Picasso y en conversación con él, reconoció que si hubiera sabido el destino de su paloma... no la habría pintado.

En mi centro nos han pedido, como es lógico, ideas para celebrar el 8M. Yo he propuesto un eslogan: Más allá del morado. Ponernos una camiseta, una gorra, un vestido de ese color es el distintivo de ese día. Por cierto, ¿sabemos el origen del morado como símbolo feminista? Yo lo desconozco, la verdad, como tantos desconocen por qué el 30 de enero es el día escolar de la paz. ¿Sabemos por qué el 25N se pintan mariposas? ¿Seguimos haciendo cosas sin sentido en la escuela? 

La respuesta, me temo, es afirmativa. La celebración del día de la mujer no puede quedarse en un color, en una canción, en un dibujo. Lo lógico sería que la igualdad entre sexos formara parte del currículum real, del que se trabaja en los centros, más allá de las disposiciones oficiales. Y que se llevara a cabo durante el curso. En ese caso, la celebración vendría a ser un paso más, una muestra de lo hecho. Lamento repetirme, puesto que este argumento se puede aplicar a los otros "días de" ya comentados. 

Trabajo sobre la igualdad real a partir de
la declaración de DDHH, alumno 6EP

¿Qué se puede hacer cada día? Detectar conductas machistas en nuestro alumnado, lo primero. Facilitar la igualdad real con medidas efectivas, con registros de lo que ocurre en el aula. ¿Quién lleva la voz cantante? ¿Dónde están los conflictos, por qué se producen? ¿Están las chicas arrinconadas en el patio o se comparte el espacio con normalidad? A partir de quinto de primaria, ¿hay comentarios inadecuados o sexualizados? Digo quinto por no decir edades más tempranas, que los móviles siguen destruyendo la infancia sin que pase nada.

Si esas prácticas ya se hacen, se va en buen camino, sin duda. También se pueden plantear otras cuestiones: ¿Por qué cobran más los hombres que las mujeres a igual trabajo? ¿Cómo trata la publicidad a hombres y mujeres? ¿Qué situaciones de desigualdad grave hay en el mundo? Podríamos seguir, pero creo que con esas ya da para mucho.

Y cuándo hacer eso, diréis algunos docentes. En el espacio de tutoría, por ejemplo, que es un tiempo precioso que, en ocasiones, no se sabe bien cómo llenar. Y en las demás áreas, también. La transversalidad no es una manera de evaporar los contenidos, sino de hacerlos llegar con naturalidad. Si en vez de la lectura narrativa que propone indefectiblemente el libro de texto a inicio de la unidad, se busca una breve biografía de Malala y su lucha por la escolaridad en Afganistán, se conoce su vida y se practica el género literario de la biografía, dos por el precio de uno. Lo mismo puede hacerse con datos sencillos de estadística para hablar de salarios, de presencia femenina en puestos decisivos, y tantas cosas más. 

Se trata de hacer transversal la propuesta, y para ello se aprovecha la tarea diaria, sin necesidad de "adoctrinamiento" ni de perder muchas clases de la asignatura que sea. A veces, eso suele ser contraproducente, al menos en mi experiencia. Trabajar con óptica de igualdad es sencillo. También podemos proponer experiencias enriquecedoras. Hace ya unos cuantos años, cuando era tutor de sexto de primaria, invité a algunas conocidas que daban clase en la universidad de Castelló, la Jaume I, para que tuvieran un diálogo con mi clase. Creo que funcionó muy bien, puesto que eran referentes que iban a encontrarse con ellos y ellas y a compartir qué era eso de la universidad, de dar clase allí, de investigar...

En fin, no quiero ser exhaustivo. Termino reivindicando el eslogan que he aportado en mi centro: El 8 M, más allá del color morado.

viernes, 13 de febrero de 2026

Envejecer en la escuela

 Retomamos la actividad en el blog tras un enero bastante cansado para mí, reincorporado por fin a mi trabajo tras un primer trimestre de baja. Este curso soy especialista de inglés y mi horario de clase directa es bastante exigente, y requiere una adaptación porque la tutoría de primaria es una realidad bastante distinta. Además, mi edad no es la más idónea para cambios de esta índole, pero es un factor que no se ha tenido en cuenta a la hora de encargarme esta tarea.

Quería hablar de esa situación que estoy atravesando a nivel profesional y vital; no del cambio de tarea, sino de envejecer en la escuela. Ese momento que parece que no ha de llegarnos nunca, que vemos en otros compañeros que se jubilan, o que se acercan a la jubilación, y que no pensaba que un día sería yo. Ni lo pensaba ni lo deseaba, la verdad, aunque ambos verbos comienzan a conjugarse en mi mente. 


Siempre me ha gustado mi trabajo, estar en la escuela, quedarme tras las clases a terminar cosas, no tener prisa por salir. De hecho, he congeniado con las limpiadoras de los centros donde he trabajado, porque compartíamos espacio tras las clases, con las aulas vacías y yo en mi mesa haciendo cosas mientras ellas ordenaban y limpiaban. Por cierto, qué poco se reconoce, en general, su tarea y cuán importante es. Este disfrute de la docencia me llevó a descartar optar a inspección, que podría haber intentado en serio. La dirección, para mí, fue un complemento a la docencia.



Obviamente, también he disfrutado de la compañía del alumnado, de las cosas de niños, de sus demandas y agradecimientos. No se puede ser maestro de primaria sin que te guste la infancia, sin que la entiendas. En eso, creo que he cumplido.

Como decía, va pasando el tiempo y llega un día en que eres el mayor en el claustro, el que ha de formar parte de la mesa electoral en las votaciones al consejo escolar, por ejemplo. Si, además, se cambia de centro, puede pasar que haya pocos compañeros de edades parecidas, con lo que a veces uno se siente fuera de lugar o, al menos, no tan cómodo como con docentes de su generación. En mi caso, cambié de centro dos veces a partir de 2020, cuando dejé la dirección con cincuenta y dos años. Las experiencias han sido diversas, sin duda, pero me he sentido más acompañado cuando las personas que trabajan conmigo son de edades similares. En caso contrario, se puede llegar a un sentimiento parecido a la soledad en el claustro, por la divergencia en las visiones personales y en la etapa de la docencia en que se está. Además, se puede contar con su asesoramiento en cuestiones que se repiten en la escuela. No darle siempre la razón, pero sí consultarle.

En ese sentido, conviene conocer las etapas de la vida docente que propuso Michael Huberman en 1990. Este autor estableció cinco momentos vitales y profesionales, que parecen bastante sensatos. En mi caso, estoy preparándome para la jubilación. Digo que son sensatos, aunque podamos discrepar en algún aspecto. 

Por ejemplo, no creo que hacerse mayor lleve a ser más conservador en educación. Hay jóvenes muy proclives a "lo de siempre" y hay veteranos con ganas de innovar (perdón por la palabra, pero creo que se entiende el concepto). En mi caso, siempre intento ajustar mi práctica a lo que requiere mi alumnado. En ese proceso hay cambios, evidentemente. Esperar lo contrario, que mi alumnado se adapte a mí, se antoja más complicado, aunque siempre hay una negociación implícita en ese ajuste. Más que la edad, es la perspectiva con que se analiza la educación, aquello a lo que se da más importancia. Por ejemplo, en mis aulas siempre ha tenido preponderancia la biblioteca; en cambio, otros docentes más jóvenes no la consideran igual de importante. Con un poco de reflexión, se afianzan prácticas que funcionan y se desechan otras. Creo que es razonable actuar así.

Con la edad, se vuelve uno más pausado, entiendo. No se tienen las fuerzas de los treinta y tantos, cuando nada parece imposible, y se han de dosificar con sabiduría. No se puede acudir a todo ni de la misma manera. 

Entiendo perfectamente a las compañeras de infantil que, en los últimos años de docencia, pasan a primaria porque físicamente están cansadas, porque no pueden seguir el ritmo de los tres, cuatro, cinco años.

Pero seguimos teniendo prioridades que no se abandonan. Por ejemplo, en los últimos años he presentado alumnado a concursos provinciales de dibujo, y en dos ocasiones han ganado. Muchas veces, es un esfuerzo solitario. Mi edad no es impedimento para interesarme por estas cuestiones. 

Por último, creo que hay un consenso -antes lo había- en cuidar a los profes que se acercaban a la jubilación. No dejarles pasar todo, en absoluto; pero sí tratarles con deferencia a la hora de elegir tutoría, o liberarles de tareas más pesadas, como sustituir o coordinar. No siempre se cumple, pero eso da satisfacción al docente mayor y confianza al claustro, en el sentido que ellos también han de pasar por ahí inexorablemente. 


Un viaje al fin del sueño americano: Omaha

 Reconozco que he tenido mis dudas sobre hacer una reseña de Omaha, película estadounidense que vi en el cine hace una semana. Aunque no tra...