sábado, 6 de junio de 2026

La fugacidad de lo efímero y la atención menguante: un drama de nuestro tiempo.

 Algunos artículos, como este, vienen motivados por cosas que pasan en clase. Es lógico porque uno de los objetivos del blog es reflexionar sobre lo educativo, y lo que ocurre en las aulas es el meollo, donde se corta el bacalao. Eso sí, intentando trascender la anécdota, buscando significados más allá de las paredes que delimitan, pero solo físicamente, nuestra tarea.

Hace poco, expresé en X,  la versión actual del añorado Twitter, mi sorpresa por un hecho que ha ocurrido dos veces en poco tiempo. Como sabréis, en la educación valenciana hay una huelga desde el once de mayo. Me ha tocado ejercer servicios mínimos a tercer ciclo en este tiempo. La primera parte de la mañana la dedicamos a alguna tarea de comprensión lectora, sin avanzar contenidos, evidentemente. Tras la pausa del patio, pensé en poner una película para llegar así al fin de la jornada, que en mi caso es a las 14.00.

Hasta hace unos años, poner una película era garantía de éxito en primaria, a poco que se eligiera bien. El alumnado recibía la novedad con agrado, en líneas generales. En la actualidad, también se aprovecha lo cinematográfico para la programación en algunas áreas. Así, el curso pasado di Valores sociales y cívicos a sexto de primaria, y vimos Wonder, Matilda y Spirit, películas relacionadas con el planteamiento de la asignatura. Los filmes funcionaron bien, sirvieron a su propósito y creo que gustaron. Además, el visionado ocupó dos o más sesiones, ya que la asignatura es de cuarenta y cinco minutos. Durante el curso pudimos trabajar otros aspectos en otros formatos, añado.

Una joven Alaska en "La bola de cristal"
https://sevilla-b4f9.kxcdn.com/wp-content/uploads/
2020/04/la-bola-de-cristal-01-sevillaconlospeques.jpg

En esta ocasión, el fin era solo recreativo. Estaba con alumnado de quinto de primaria, diez u once años. Mi sorpresa, como digo, es que muchos no quisieron ver la película antes incluso de ponerla. Sin evaluar el contenido, la temática... Esto pasó en dos ocasiones, y me quedé un tanto perplejo. De hecho, no acabamos de verlas. Los filmes eran distintos, aunque eran de animación. En ambos casos, solo una minoría mostró interés. Me quedé desconcertado.

Mi primera sensación fue de tristeza, una vez superada la sorpresa. No querer entrar en una narración a priori indica poco interés por conocer historias. Otra cosa es que la historia, cuando se está inserto en ella, no enganche, no emocione. Eso nos ha pasado a muchos espectadores habituales en el cine, si no a todos. Pero el rechazo previo... me preocupa. ¿Por qué pasa esto, por qué chavales que no han acabado primaria desarrollan prejuicios contra el cine convencional, de noventa o cien minutos, pensado para ellos? Me preocupa como aficionado al cine y como docente. 

Se puede pensar que más adelante aprenderán a valorar esas obras. No sé yo. La práctica hace maestros, y cuánto más cine se ve, más se acostumbra uno a su lenguaje; digamos que se requiere un aprendizaje informal, que en estos años se da naturalmente. No me parece adecuado que se lleve a los niños de pocos años al cine, a ver cosas que no entienden porque no están preparados. El placer se convierte en tortura. Pero los que sí pueden disfrutarlo... ¿pasan del tema?

Creo que Tik-tok tiene mucho que ver con lo que está pasando. El acceso indiscriminado a las redes desde muy temprano está haciendo estragos en la atención. Todo pasa muy rápido. De hecho, es una tendencia generalizada en lo audiovisual. Hace unos meses, volví a ver un vídeo en el que la cantante Alaska interpretaba La bola de cristal, el tema del legendario programa de mediados de los ochenta. El vídeo consistía en planos de ella bailando y cantando. La sensación de lentitud me invadía. Lo que era normal en los ochenta, hoy parece anticuado en cuanto al ritmo. Y eso se debe a la aceleración de los estímulos.

Tik-tok es el exponente máximo, a entender, de esta manera de proceder. Si nos afecta a los adultos, como acabo de comentar, ¿cómo no va a moldear la percepción de quien está formándose también en su manera de leer la realidad con atención? El smartphone configura una gramática de la comunicación, como nos dice Byung-chul Han en No cosas. Y la atención continuada, la capacidad de mantenerla, se resiente, disminuye, sufre. No es ocioso recordar que existe una edad mínima para entrar en las redes, edad que se ignora sistemáticamente.

Y llegamos así al desinterés por la narración, con su estructura, con su gramática, con su manera de mostrar el mundo, que nos ha hecho humanos desde siempre. ¿Es o no preocupante?

El tema da para mucho, por lo que amenazo con más artículos. Decía unos párrafos más arriba que mi preocupación también era como docente, no solo como un cinéfilo particular. La escuela no sabe, en general, cómo responder a estos cambios, cunde el desconcierto al que yo aludía. Pero eso ya será tema para otra entrada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La fugacidad de lo efímero y la atención menguante: un drama de nuestro tiempo.

  Algunos artículos, como este, vienen motivados por cosas que pasan en clase. Es lógico porque uno de los objetivos del blog es reflexionar...