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lunes, 8 de diciembre de 2025

Leyendo "Laboratorio lector", de Daniel Cassany

Se acaba 2025 y este año el balance de mi blog es bastante descorazonador, a nivel de artículos escritos. Mi intención es llegar a dieciocho, y bastante haré si llego a quince. Hay diversas razones para ello. La principal, tal vez, es es agotamiento que siento ante el debate educativo, que ha tomado la forma de guerra de trincheras al estilo de la I Guerra Mundial. De eso ya hemos hablado en otras ocasiones. Muchas veces, me pregunto para qué escribir, tanto en el blog como sobre todo en redes sociales.

Otra razón es el desapego que siento últimamente de los temas educativos, por causas personales y profesionales. Al final de mi carrera como docente, veo que no estoy acabando como me gustaría, y no por voluntad propia. Ese hecho también influye en el interés que he mostrado por opinar sobre educación, y que me llevó a abrir este espacio hace ya casi catorce años. 

Además, el declive de la blogosfera es un hecho. Hace poco, en una presentación de formación educativa, una interviniente habló de los antiguos blogs. La rapidez con que unos medios suceden a otros también se ve en internet: tener un blog ya no está de moda, a pesar de que sigue habiendo algunos relevantes (los que aceptaron no estar de moda, supongo).

https://www.anagrama-ed.es/

Hoy mi intención era otra. Esta introducción me sirve para explicar por qué mi escasa producción en el blog. Pero este medio sigue vigente por lo que aporto, más o menos relevante. Y en el caso de hoy, me voy a permitir comentar un libro de Daniel Cassany, al que la escuela debe mucho en aspectos de lingüística, sobre todo de lectoescritura, desde aquel lejano Enseñar lengua, en la editorial Graó, con versión en catalán con el mismo nombre. Para mí fue una especie de biblia que recogía una gran cantidad de cuestiones que me interesaban sobre cómo enseñar a leer y a escribir, además de otros aspectos de la comunicación, las cuatro habilidades básicas. Todavía lo consulto alguna vez.

El libro que comento hoy, Laboratorio lector, es más reciente, de 2019 y tiene una intención eminentemente práctica, de ayuda a la enseñanza de la lectura. Como en el libro anterior, también tiene edición en catalán y castellano. Esta última, que es la que he utilizado, está en Anagrama. Son veinte capítulos dedicados a diversas técnicas y aspectos de la lectura: mecánica ocular, automatismos, buscar información, inferencias... presentados de forma sencilla y rigurosa a la vez. La novedad que viene implícita en el nombre es que cada capítulo incluye unas prácticas de lectura relativas al contenido del mismo, con las soluciones. Así, se puede utilizar en clase para afianzar prácticas de una manera entretenida, puesto que se puede tomar como un pequeño reto.


 También se acerca al mundo de la red, evaluando la calidad de los contenidos de páginas web o abordando el concepto de posverdad, citando a McIntyre. Hay un capítulo dedicado al uso adecuado de Wikipedia, por ejemplo.

Como podemos ver, es un libro útil para el profesorado, en que aparecen conceptos que quizá no hemos estudiado o no recordamos (movimientos sacádicos, por ejemplo, que usamos en la mecánica ocular). Sostengo que la formación que hemos recibido sobre lectoescritura es mejorable, y sigue siéndolo. Necesitamos actualización, conocimiento consolidado y poner en duda nuestra manera de actuar en el aula. Como he dicho tantas veces, no podemos tomar nuestra experiencia como aprendices para basar cómo enseñamos la lectura: falta consistencia. En ese sentido, esta obra breve supone una ayuda práctica desde su planteamiento.

Ojalá nuestras aulas fueran laboratorios de lectura, tomando como referencia el conocimiento experto disponible. Seguro que se vería la mejora.


martes, 11 de noviembre de 2025

En el Día de las Librerías

 Hoy, 11 de noviembre, se celebra el Día de las Librerías en España. Es una celebración reciente, impulsada por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) para animar la compra de libros de cara a la campaña navideña, que ya asoma. En principio, se eligió el primer viernes de noviembre, pero desde 2019 tiene fecha fija, el once del once.

Este día, 11/11, también puede simbolizar qué es la lectura: una persona, un libro y tiempo para dedicarle. Un hábito saludable para la mente, porque nos permite recuperar la atención de un modo completo: la lectura es absorbente, requiere de silencio o, si se prefiere, de ausencia de ruido. Hay quien lee con música suave de fondo, por ejemplo. No es mi caso, prefiero el silencio de mi salón. Hay quien lee antes de dormir, como una preparación al sueño. Tampoco es mi caso, soy incapaz de leer después de las diez de la noche. En cambio, las mañanas libres son mi momento favorito, o a partir de las cinco de la tarde. 

Alguna vez he fantaseado con abrir una librería pequeña, a mi gusto, como una aventura personal. Tal vez me anime cuando me jubile, una fecha que se acerca sin prisa pero sin pausa. Sé que la cosa está complicada, que cierran muchos establecimientos y otros se mantienen a duras penas y buscando alternativas, porque hay que pagar facturas y llegar a final de mes. 

La situación de los quioscos es más grave todavía: se calcula que han cerrado más de la mitad en los últimos años debido al descenso de la compra de prensa escrita en esta era de internet. Y el quiosco, no conviene olvidarlo, es también un lugar de distribución de lectura diaria. De hecho, en poblaciones de quince mil habitantes, como Nules, a unos quilómetros de donde vivo, no había ningún punto de venta diaria de periódicos hasta que hace poco, un supermercado-cooperativa decidió vender prensa. En mi localidad, en unos pocos años han desaparecido dos quioscos en mi barrio, uno de ellos recientemente.

La proliferación de medios audiovisuales tal vez hace redundante el papel impreso, pero la lectura del periódico proporciona un análisis que no se encuentra en las pantallas de televisión o incluso en la radio (aunque esta es más proclive, al tener un enfoque basado en la conversación). Es cierto que se lee mucha prensa por internet, y que los periódicos se han adaptado con suscripciones, con publicidad y han ganado presencia en la red.

Histórica librería Armengot, en Castelló.
https://recuerdosdecastellon.wordpress.com
/2010/12/15/libreria-armengot/


Sabemos que el panorama de la lectura se ha modificado por la tecnología, el acceso continuo a información en el móvil y la cantidad de tiempo que dedicamos al scroll, a curiosear o a chatear. De hecho, a lectores experimentados y habituales, como yo mismo, me cuesta más que antes ponerme a leer y estar un rato prolongado. Lo mejor es tener lejos el móvil o apagado el ordenador. Quizá se está cumpliendo lo que preconizaba Nicholas Carr en Superficiales.

En cualquier caso, no se ha cumplido la profecía de la desaparición del libro de papel. De hecho, se publica más que en años anteriores, y las temáticas son variadísimas. Pero las librerías desaparecen porque ya se pueden comprar libros en los supermercados, en las grandes superficies y, sobre todo, por internet a los gigantescos distribuidores con precios ajustados. Y una librería que cierra empobrece su entorno. Visitar una librería es un viaje que nos enriquece, nos permite hallar nuevos autores, indagar en un tema concreto, pasear entre muchas opciones de lectura. Si además nos acompaña una persona que conoce las obras o puede darnos alguna referencia (eso hacen los buenos libreros), pues mucho mejor.

Porque, aparte de un negocio y un comercio, las librerías son espacio de resistencia cultural, un lugar donde todavía puede haber un nosotros en que nos reconozcamos como lectores y miembros de una comunidad extensa, desorganizada, pero que comparten el asombro de la lectura. Ese asombro que queremos inculcar en nuestro alumnado, para que lo hagan suyo y engrosen esa comunidad.



miércoles, 14 de agosto de 2024

Actuaciones en lectoescritura para un aula de primaria

Como en un artículo anterior, damos un giro a la dinámica del blog. Normalmente, reflexionamos sobre un tema educativo a partir de la actualidad, de comentarios en las redes sociales o a partir de la propia experiencia docente. Hoy me gustaría compartir algunas ideas que intentaré poner en práctica durante el curso próximo en mi aula con respecto a la lectoescritura y animación lectora. También pueden usarse en aulas de secundaria, adaptándolas a las circunstancias.

1. Lectura diaria de textos escogidos por el alumnado. Se dedican diez minutos a la entrada del descanso del patio, de octubre a mayo. Las obras pueden proceder de la biblioteca de aula o del alumnado, de las que tiene en casa. Este curso ha funcionado muy bien. Al hacerlo al entrar del patio, se consigue una rápida vuelta al ambiente de aula y se tranquilizan aquellos que vienen más alterados.

2. Confección de una biblioteca de aula a partir de libros usados. Aunque en la clase hay un buen conjunto de obras, contribuir personalmente puede crear un vínculo afectivo con la lectura. Es una actividad voluntaria que puede servir para renovar el catálogo de títulos y dar opciones de adquisición diferentes a las habituales. He de aclarar que Vila-real, donde trabajo desde hace varios cursos, celebra un rastro dominical. Se animará a las familias a que compren libros infantiles de ese rastro. El precio habitual suele ser un euro. Evidentemente, no todas las familias podrán o querrán hacerlo. A esas familias les diremos que aporten un euro y yo mismo adquiriré un libro hasta completar un ejemplar por persona.

La finalidad es, además de animar a leer, acercarnos a la economía circular, a la reutilización de libros y acometer una tarea colectiva a nivel de aula. La actividad se hará durante el primer trimestre. Veremos cómo funciona.

3. Lectura de libros de manera colectiva, uno en cada lengua oficial, antes de navidad y en el segundo trimestre. Intentaremos aplicar técnicas parecidas a las tertulias dialógicas en uno de ellos, planteando la lectura de un clásico de la literatura universal. El curso pasado leímos el Lazarillo de Tormes.

4. Uso de la biblioteca de centro una vez al mes. Como el curso pasado, bajaremos en grupo y facilitaremos el préstamo. Utilizaremos la sesión de tutoría si es factible.

A lo largo del curso, propondremos distintos tipos de lectura, además de la narración de ficción, para variar la tipología textual. Intentaremos leer:

-Libros de no ficción (naturaleza, deportes, historia, arte).

-Teatro y poesía, en meses alternos.

-Cómics.

-Biografías.

Imagen del rastro aludido en el artículo

Si se cumplen las previsiones, habrá cinco meses de lectura de literatura narrativa de ficción, y cinco más de otros géneros.

5. En otro orden de cosas, favoreceremos la recomendación mutua de libros en el tablón de clase y también con el uso de vídeos, con una especie de booktubers. A ver cómo podemos articularlo.

6. También aprovecharemos otras áreas para la lectura: en tutoría, leeremos textos narrativos y expositivos sobre aspectos de convivencia. En atención edcativa leeremos textos de mitología clásica o de otros orígenes, adaptados a la edad. En educación plástica, buscaremos alguna actividad pautada con instrucciones, de modo que el resultado se consiga siguiendo la lectura de las mismas.

Como veis, son actuaciones sencillas que pueden conformar un plan de aula creíble y aplicable. Como norma, siempre digo que cualquier actividad de animación lectora que no aumente el nivel de lectura, no sirve. Teniendo eso claro, nos queda mucho espacio para actuar en nuestra aula y, por qué no, en el conjunto del ciclo o del centro.




jueves, 16 de mayo de 2024

Vuelven las Jornadas JALEO, pero sin apoyo de la administración educativa.

 He dejado pasar unos días antes de escribir este artículo. Es bueno no escribir en momentos de euforia, ni en momentos de indignación. Además, en estos días he preguntado por el tema y he esperado por si había sido un retraso, un olvido o similar. Pero no. Las jornadas JALEO 24, que aquí hemos reseñado desde 2018, no van a ser parte de la formación ofrecida por la administración educativa valenciana para este verano. Un auténtico despropósito para mí, y para muchos docentes que encontrábamos en esta convocatoria ideas, autores, experiencias relevantes sobre animación lectora. Desconozco las circunstancias técnicas de la decisión, si las hay. 

He asistido a estas jornadas siempre que he podido. En 2017 se solaparon con una estancia organizada por Conselleria en Gran Bretaña actualizando mi inglés. Por cierto, ese año fue la UIMP quien acogió JALEO.

Imagen promocional de
JALEO 23, en su web.
En 2022, fui miembro de tribunal de oposiciones y tampoco pude acudir. En 2018 todavía se celebraron en la facultad de Filología de Valencia, en la avenida Blasco Ibáñez. Después, disfrutamos durante unos años de la Biblioteca Valenciana, en el edificio de Sant Miquel dels Reis, un espacio fabuloso y con mucho sentido: ¿Dónde celebrar unas jornadas de animación lectora mejor que junto a una biblioteca?

La calidad de JALEO está demostrada en sus ediciones. Este año, justamente, se celebra la décima, que será más complicada, supongo, que las anteriores. La apuesta de los organizadores, Mar Benegas y Jesús G, era y es tratar la LIJ desde diversos puntos de vista: de autores, editores, ilustradores, bibliotecas y, por supuesto, profesorado. Esta ambición de totalidad se traducía en presencia de todos los sectores implicados, y daba una visión muy interesante y completa de qué se cuece en la LIJ. 

No voy a hacer mención de todos los buenos ratos pasados, de lo mucho aprendido, de las notas tomadas. Si queréis ilustraros, tenéis a vuestra disposición las crónicas que he realizado en cada edición que he podido asistir. Sí me gustaría dejar claro que han cubierto las expectativas de los asistentes, muchos de los cuales repetían. Pues bien, todo eso no es suficiente para quien dirige la formación permanente valenciana, para el CEFIRE de plurilingüismo que no ha autorizado su inclusión en la formación permanente del profesorado. Es incomprensible desde parámetros de utilidad pública. Además, hay que tener en cuenta que muchas personas que trabajan en bibliotecas públicas acuden, auspiciadas por el colegio oficial, el COBDCV. La atención que se ha prestado siempre a la colaboración entre escuelas y bibliotecas, a la difusión de las prácticas de animación lectora que se realizan en las bibliotecas públicas garantiza el interés del sector. Pero a lo que se ve, esto tampoco se ha tenido en cuenta.

A pesar de todo, las jornadas se van a celebrar en otro espacio, el Teatre el Musical, en los Poblados Marítimos de Valencia, también en julio. La diferencia es que cada docente que quiera asistir tendrá que desembolsar 80 euros, como el público en general. Siempre asisten muchas personas de otras partes de España que abonan la matrícula por el interés que suscita JALEO; es decir, como en cualquier congreso educativo. Los docentes valencianos teníamos una ventaja al no haber de pagar matrícula y, a la vez, poder certificar la asistencia como horas de formación continua. Todo eso ha desaparecido con los nuevos gestores políticos, los que van a tramitar una ley de libertad educativa, pero que será para lo que a ellos les interesa. Y, por lo que se ve, estimular la formación en lectoescritura y animación lectora no está entre sus prioridades. 

No voy a perder el tiempo elucubrando sobre las motivaciones de esta pérdida, de este portazo a un evento que ha demostrado su solvencia y utilidad. He interpelado a dos cuentas de X, la de la Conselleria de Educación y a la del CEFIRE de plurilingüismo por si tienen a bien explicarse públicamente. Hasta ahora, no ha habido respuesta (la primera me sigue, así que habrá leído el mensaje). Si es cuestión de financiación, supongo que se podría haber negociado y ajustado el presupuesto. Tampoco se entiende, aunque eso no depende del CEFIRE, que se deniegue el uso de la Biblioteca Valenciana. 

El asunto no tiene buena pinta, se mire por donde se mire. Por concluir, me siento decepcionado y preocupado por el rumbo que está tomando la formación permanente valenciana. No hay, de momento, convocatoria de puestos de asesorías en los CEFIRE, y a lo que se ve, tampoco criterios para mantener iniciativas coherentes y provechosas.

Dicho esto, si se me dan razones y argumentos lógicos para mantener fuera de la oferta formativa las X Jornadas JALEO, lo reflejaré aquí al igual que estoy haciendo ahora. Pero lo dudo.



martes, 18 de julio de 2023

Crónica personal de JALEO 23 (II)

Proseguimos con la crónica de las Jornadas JALEO 2023. Tras un primer día muy intenso, como suele ser habitual, el jueves empezó con la ponencia de María Acaso, gestora cultural, profesora de universidad y conocida, desde hace unos años, por darle una vuelta a la educación plástica y visual, planteando otras maneras de practicar mirando también al proceso, no solo al resultado individual.

María Acaso nos sitúa frente al hiperdesarrollo del lenguaje visual; como ejemplo, comenta que podemos comernos unas galletas de los Minion, que ocupan espacios más allá de las pantallas, llegando a un nivel de conocimiento difícilmente alcanzable hace unas décadas. Esta situación también nos invita a interperlarnos sobre el papel de los medios. De hecho, su ponencia se titulaba "Ilustración infantil: Más allá de Peppa Pig".

Según esta autora, podemos distinguir cuatro tipos de implicaciones políticas:

-Espectacularización, siguiendo a Guy Débord, y su clásico "La sociedad del espectáculo", de finales de los sesenta.

-Hiperrealidad.

-Estereotipos, en una asignación de roles que no se analizan. Uno de los más absurdos es la identificación de lo infantil con la idiotez en los adultos que les acompañan.

-Hiperconsumo, según la frase de Lypovetski, "Sufro, luego compro", aunque otros autores relevantes también han tratado el tema, como Bauman en "Mundo consumo". En este libro, el autor polaco hablaba de ciudadanos contra consumidores: estamos asumiendo más el segundo rol mientras que el primero se oscurece. 

Como consecuencia de lo anterior, se produce una crisis de las infancias, muy expuestas a lo mediático a través de múltiples pantallas. Acaso reinvidica la soberanía visual infantil, que se sustancia en diversas acciones, como "equilibrar el menú" para dar otra visión distinta de los roles, por ejemplo, y cita la conocida obra de Dina Goldstein y su serie Fallen Princesses, muy sugerente. Otra manera de buscar esa soberanía visual es desarrollar el pensamiento visual en la infancia, a través del análisis y de la experimentación, lo que supone, además, abandonar las manualidades hechas de manera acrítica, casi en serie.

La mañana continuó con la intervención de Amparo Pons, bibliotecaria de l'EtnoMuseu, quien nos ilustró sobre el proyecto lector "Espanta la por" (Ahuyenta el miedo) basado en recuperar monstruos y personajes de miedo de la cultura valenciana en torno al Día de Todos los Santos, como alternativa autóctona a Halloween, ese elemento aculturizador que hemos aceptado tan ricamente (esta opinión es mía, que conste). Desde hace varios años, Espanta la por llega a colegios y bibliotecas y ofrece un conjunto de actuaciones y materiales, en una interesante colaboración para animar a la lectura a la vez que se recuperan elementos etnográficos que se van perdiendo en la postmodernidad.

 Constanza Mekis, durante su ponencia.
Arianna Schillari y Valeria Mari son dos editoras de libro infantil que mantuvieron un diálogo sobre las dificultades y desafíos de editar desde empresas pequeñas. Hay que arriesgar, guiarse por la intuición, acudir a certámentes, congresos, buscar reconocimiento en forma de premios que ayuden a la promoción de las obras. Una aventura, sin duda, que vale la pena.

El viernes se inició con Constanza Mekis, responsable chilena de la BILIJ, Biblioteca Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil, en Santiago. Es un espacio novedoso, bien pensado y que se basa en lo latinoamericano y en la interactividad. Busca la creación de comunidades que leen. Se piensa que la infancia puede interactuar con los libros, moverse con más libertad que en las bibliotecas tradicionales.

Además, Constanza nos comentó cómo elegir buenos libros. Siguiendo a P. Johnson, nos dijo que es un arte y una ciencia. Algún factor ayuda, como tener un buen inicio, un inicio que plantea algún misterio, que nos interpela de algún modo.

Sheila Blanco, la cantante que muchos conocíamos de sus vídeos en internet, nos deleitó con un concierto sobre las poetas del 27, tantas muy desconocidas. Fue un momento fantástico, lleno de arte y de sensibilidad.

Por último, Mar Benegas, coorganizadora de JALEO, nos habló de la censura en la LIJ. En febrero apareció la polémica sobre Roahl Dahl y la revisión de sus textos para que no molestasen a nadie. En la LIJ se censuran temas más que en la literatura de adultos. Y Mar recuerda que toda censura, aún la bienintencionada, nace del menosprecio.

Hoy en día podemos pensar que los hombres grises de Momo han ganado la batalla y nos han robado el tiempo con las pantallas. Se llevan nuestro tiempo y, a cambio, obtienen grandes beneficios. Por cierto, la autora recomendó esta obra de Michael Ende, Momo, junto con otras clásicas modernas para situarse en el mundo de hoy: 1984, Fahrenheit 451, El cuento de la criada y Un mundo feliz. 

También hay una censura de diseño y control emocional, el que plantean los libros con un fin concreto, sin literatura apenas. Hay una gran diferencia entre receptor y destinatario, afirmó citando a Juan Cervera.

La literatura infantil no es pura, sobre todo la clásica: hay muchas versiones, cambios, añadidos... Podemos hacer una arqueología de lo popular, pero aceptando que esa es la literatura que ha llegado hasta nosotros, sin hacer tabula rasa.

Como conclusión, solo diré que espero asistir a las Jornadas JALEO 2024. Una sana, lúcida costumbre en julio.

domingo, 16 de julio de 2023

Crónica personal de JALEO 23 (I)

 Como ya pronostiqué, ofrezco a continuación mi visión de las jornadas de animación lectora, ilustración y edición, JALEO, que se han celebrado por novena vez en Valencia, en un espacio tan adecuado como Sant Miquel dels Reis, sede de la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu y de la Acadèmia Valenciana de la Llengua.

He de decir que poder participar este año me ha alegrado mucho, puesto que me perdí la edición anterior al ser miembro de tribunal de oposiciones durante julio. JALEO nunca defrauda, ni en lo lúdico ni en lo académico. Este año, tampoco lo ha hecho.

Empezamos el miércoles con Andrea Antinori, joven ilustrador italiano formado parcialmente en Escola Massana de Barcelona, quien se pregunta a qué juega la imagen. Este ganador del premio Andersen en 2017 entiende la ilustración de libros como un diálogo entre dos autores. Para sus obras busca referencias diferentes, según el proyecto. Andrea nos comentó algunos de los cómics más sobresalientes por su originalidad, como la serie de Caperucitas de Bruno Munari. 

Otro de sus proyectos, sobre el que montó un taller, fue un libro que desarrolla una historia a partir del cuadro "Entrada de Cristo en Bruselas", pintado por James Ensor, en el que establece un diálogo lleno de referencias artísticas. También nos habló de "El naranjo", una obra sin palabras que hace reflexionar, desde las imágenes, sobre qué trato damos a la naturaleza, huyendo, eso sí, de guiar la reflexión. Antinori deja espacio a la diversidad de conclusiones.

Sant Miquel dels Reis, en Valencia,
sede de las jornadas JALEO23

Siguió la mañana con Silvia García Esteban, quien utiliza álbumes ilustrados para tratar de aliviar el sufrimiento humano que se esconde tras los problemas de salud mental. En esta sociedad del cansancio y del rendimiento (cita a Byung-Chul Han), los problemas mentales crecen. La lectura, atención, no es una terapia, pero sí ayuda a la reconciliación con lo vivido, a abordarlo en un espacio distinto, la ficción en la que poder verse reflejado y, en ocasiones, aliviado. Silvia nos ofrece algunas referencias sobre la relación entre salud mental y literatura, y nos recuerda que no podemos, como humanos, vivir sin ficciones. Sus grupos de lectura crecen y son vistos como una manera válida de ayudar a enfermos mentales.

La mañana terminó de manera sobresaliente con la intervención de Cristina Novoa, una de las artífices del éxito de la animación lectora en Galicia, quien nos habló de la biblioteca escolar como "Territorio de lo inesperado". Como podéis ver, JALEO cuida todos los aspectos de la lectura infantil y juvenil. Con un título tan sugerente, Cristina nos dejó algunas perlas en forma de referencias sobre el papel de la biblioteca escolar. Rescató esta frase que me llegó especialmente: Las malas bibliotecas crean colecciones, las mediocres ofrecen servicios y las buenas, crean comunidades. Nos recordó que hay que trabajar las obras pero también proporcionar información; recordando al fallecido Felipe Zayas, hay que garantizar a los escolaresla introducción en las nuevas maneras de leer, las digitales. Nos comentó también la Declaración de Stavanger, que yo no recordaba. Son tres páginas en las que se aborda el futuro de la lectura, unida también a lo digital y da unas recomendaciones de interés sobre cómo seguir aprendiendo de la lectura en estos formatos.

La ponente reivindicó el papel fundamental de la biblioteca escolar, desde una óptica inclusiva, como motor de la innovación del centro. Me recuerda aquel artículo que escribí, hace unos años, sobre la BE como motor de la animación lectora.

También recuperó esta frase (no pude identificar el autor): Lo que piensa un centro educativo de su biblioteca es lo que piensa del conjunto de la educación. No puedo estar más de acuerdo.

Sobre el proceso de formación de la biblioteca escolar, algunas reflexiones interesantes: No se pueden clonar bibliotecas; hay que pensar el espacio disponible y sí es aconsejable fijarse en las buenas prácticas. Es la manera de llegar a aquellos que no tienen todas las condiciones idóneas, adaptando dichas prácticas. Una idea fantástica, que choca con la realidad inamovible de tantas bibliotecas-contenedor, es que la biblioteca escolar siempre está en fase beta. Coincido y practico esta afirmación.

Insistió en el acompañamiento a los jóvenes para que lean, evitando caer en el tópico "Los jóvenes no leen". Eso sí, hay que buscar nuevas estructuras, como los clubes de lectura, que tienen mayor flexibilidad. La lectura diaria de temática libre (quince minutos al entrar del patio, por ejemplo) también ayuda. También dio algunas pinceladas sobre las constelaciones literiarias, que aplica el Grupo Guadarrama y Guadalupe Jover.

Novoa entiende que los docentes jóvenes también necesitan formación, que no se formó en su día (porque no estaban) cuando despegó el estudio sobre bibliotecas escolares, en los 90. Por tanto, hay que incluirles en esta corriente, aprovechando su fuerza pero siempre a partir de la reflexión sobre qué biblioteca se quiere, con qué objetivos y qué priorizamos: el orden, el uso.

 Como podéis ver, muchas pistas y muy relevantes. Por la tarde, hubo un taller en que se pudo abordar la relación entre biblioteca escolar y municipal, un camino muy diverso, con prácticas muy consolidadas de colaboración, en ocasiones, y una total desconexión, en otras.

Seguiremos dando cuenta de lo vivido en JALEO en un próximo artículo, ya que la extensión de las ponencias así lo aconseja.




martes, 11 de julio de 2023

Revisar la práctica docente en lectoescritura (I): ¿Qué materiales son adecuados?

 A la espera de las jornadas JALEO, que seguramente reseñaré en este blog, sigo dando vueltas a la enseñanza de la lectoescritura en primaria y, sobre todo, a la comprensión lectora. Hemos dedicado dos artículos en 2023 a esta cuestión, a partir de los resultados españoles en PIRLS. El tema es muy amplio, y no me resisto a escribir un tercer artículo que, además, cumple con una tradición bien asentada en este blog: la reflexión sobre la lectoescritura, tanto en sus aspectos de creación como en los de comprensión y animación a la lectura.

Hace unos días, Francisco Javier Fernández, inspector de educación de la Junta de Andalucía, me pasó un documento sobre medidas para mejorar la lectura en el ámbito escolar autonómico. Aprovecho para agradecerle el gesto. Leí la propuesta y vi lo mismo de siempre, si se me permite. Se asimila mejorar la lectura con aumentar el tiempo de exposición a la misma. Se dan instrucciones para dedicar tiempo diario, pero no se concreta si la lectura será en silencio o en voz alta, lo cual ya es un planteamiento discutible. Se busca la variedad de tipos de texto, pero se pide que se elija un único libro (se supone que narrativo) a leer por etapas diarias.

No voy a seguir; mi intención no es criticar este intento, aunque constato que cae en errores ya consolidados. Normalmente, se incide en la parte del alumnado y se piensa que con más lectura, mejores resultados. No digo yo que no. Pero cambiaría el orden de los factores: con mejor lectura, más resultados.

Otro cambio haría, y este también sería sustantivo: en lugar de ver cómo leen los niños de primaria, habría que averiguar cómo se enseña a leer, qué estrategias siguen, de manera general, los docentes. Enfrentar al joven lector con el texto no es suficiente; se necesita una reflexión antes, durante y tras la lectura. El tiempo, ese factor tan puñetero, puede complicar el cuidado de la práctica lectora. Si además los libros de texto proporcionan lecturas al inicio de cada lección (al menos) podemos caer en la tentación de aprovechar esos materiales... sin cuestionar demasiado su utilidad. 

Los libros de texto estandarizados suelen abusar de un tipo de texto concreto, el narrativo, y apenas dan opciones a otros, como el expositivo, el argumentativo, el instructivo... Se asoman, normalmente una vez, el teatral y el poético. Si seguimos este planteamiento, estamos reforzando un tipo de lectura lineal con el esquema inicio-nudo-desenlace. Proponemos una secuencia temporal clásica. No es que esté mal, pero nos perdemos otras estructuras, como la del artículo de opinión o la entrevista, muy distintas desde la perspectiva temporal. Por tanto, conviene equilibrar los tipos de texto que se leen, yendo más allá de la propuesta de las editoriales. 

El cómic, una lectura poco practicada en primaria

En mi clase, suelo saltar algunas lecturas poco relevantes de las unidades didácticas. Las sustituyo por otras, explicando a mi alumnado las razones del cambio. Además, les dejo la opción de leer la lectura en casa, si les apetece. Hay que dejar espacio a la libre elección. Y, de paso, que vean que el libro es un material, no el organizador de la lectura -y de tantas cosas- en el aula.

¿Qué decir de las actividades de comprensión que nos encontramos tantas veces? En ocasiones, son tan sencillas que no nos dan información sobre si se ha comprendido el texto, más allá de una rápida búsqueda de datos (aplicando la lectura scanning). Otras veces, se pasan en sentido contrario, pidiendo resúmenes complicados de elaborar en primaria, o buscando referencias poco evidentes en el texto. Para ser justos, hay actividades bien planteadas, todo no va a ser desastroso. Como regla general, conviene huir de la rutinización, no perder la capacidad de sorpresa, plantear pequeños retos más allá de buscar dónde fue la princesa o cómo se llamaba el perro del protagonista.

Una propuesta distinta de lectura
Se impone un análisis de los materiales de lectura que utilizamos. Como decíamos en el tema del espacio escolar, no podemos tomarlo como algo dado e inamovible. La reflexión, primero. Ya sabemos que el factor tiempo es un problema; el aislamiento docente, otro. Hablar, en el ciclo de primaria o en el departamento de secundaria, de la lectura que se va a plantear en el curso debería ser un tema estrella de la programación anual. Y sin embargo... se va relegando ante otras cuestiones más urgentes, que no más relevantes, y todo lo más se llega al consenso en las lecturas trimestrales colectivas, que suelen ser las mismas año tras año.

Otra cuestión, más grave aún, es cómo se plantea la lectura colectiva, la que se hace en clase. ¿Directamente en voz alta?¿Unos minutos en silencio y después leemos todos? En lecturas de cierta extensión, siempre en silencio para dejar tiempo a todos de leer el texto a su ritmo. Nuestro alumnado no lee al mismo ritmo. Empezar por la lectura oral supone supeditar la lectura al ritmo de un compañero -de varios, normalmente- y de la vía visual se pasa a la auditiva. No hay tiempo para releer palabras difíciles, o para marcar palabras desconocidas. No se pueden plantear hipótesis de significado y de comprensión, puesto que la lectura avanza en voz alta... Si te quedas atrás, te pierdes, no puedes seguir. Un estrés infantil.

También podemos pensar cuánto tiempo, o qué extensión de texto lee cada persona. He visto de todo: leer una línea, caigan como caigan los signos de puntuación. Leer una oración, independientemente de su tamaño. Leer un párrafo (un poco más de lógica tiene). En mi caso, solemos leer más de un párrafo, pero nunca está demasiado marcado, puede variar. Intento que dé tiempo a hacer pausas, entonar, prever un poco lo que sigue. La lectura en voz alta ha sido sobrevalorada, pero poco estudiada, en mi opinión. Tampoco me gusta que lean por orden de lista, sabiendo cuándo les va a tocar. Prefiero llevar un registro de lecturas que se iguala cada quincena, y que está al alcance de los alumnos.

En definitiva, examinar las prácticas docentes para ver cómo influyen en la capacidad lectora del alumnado. Partiendo de que este es diverso, y de que hay que adaptar las estrategias generales, no podemos seguir aplicando técnicas tradicionales sin una visión crítica de las mismas. En los párrafos anteriores he hablado de algunas cuestiones discutibles... pero que no se discuten, por regla general. No es estar contra lo tradicional por moda o por capricho; es analizarlo colectivamente y usando elementos de reflexión contrastados. Y por ahí irá el próximo artículo que complementa el actual: aproximar algunos elementos valiosos que, o bien hemos olvidado o directamente desconocemos. 

Hace unos días, preguntaba en Twitter si sabemos distinguir entre scanning y skimming como tipos distintos de lectura, según la finalidad que se busque. En una encuesta, no significativa pues solo participaron un centenar de personas (no sé si todas eran de la docencia) la mayoría admitió que no tenía ni idea. Los maestros de primaria debemos tener clara esta distinción, y aplicarla habitualmente en nuestras clases. Quizás ahí está una de las dificultades recurrentes en la lectoescritura. Porque hemos de poner el foco en lo que hacemos de verdad, y tratar de mejorarlo de manera efectiva. Así los resultados en PIRLS podrán subir de una vez, independientemente de la ley educativa que la volátil política española nos depare cada pocos años.

martes, 4 de abril de 2023

Poesía en la escuela, todos los días

El 21 de marzo es el Día Internacional de la Poesía. En la proliferación de causas y días de, se señala el inicio de la primavera en el hemisferio norte como la fecha para recordar una de las bellas artes, auspiciada por la musa Calíope, en su versión épica, o por Erato, si hablamos de poesía lírica-amorosa, remontándonos a la época de la Grecia clásica.

Efectivamente, hay poesía casi desde que hay lenguaje humano, en forma de narraciones, poemas, canciones... Fuertemente unida a la tradición oral, en la que se reconoce como urdidora de melodías, compartiendo tantas veces con la música un camino hacia la sonoridad, la construcción de una narrativa -o una reflexión sobre la vida- pensada para ser dicha, más que para ser leída en silencio. La poesía nos ha acompañado siempre, y la hemos llegado a conocer, los de mi generación, en algunas canciones, en algún trabalenguas o frase hecha que nos enseñaron las abuelas -en mi caso- para ayudarnos, cuando niños, a hacer algo que nos costaba, o como simple entretenimiento pueril, que recordamos con afecto. 

Ese componente, la afectividad, acompaña la poesía popular, la sitúa y la hace valiosa, la inserta en la vida cotidiana. Por desgracia, en Occidente se ha perdido casi irremisiblemente esa tradición, guardada en recopilatorios de etnografía, en grabaciones a gente mayor que vivía esa cultura. Un tesoro impagable, vestigio de un mundo que terminaba, el de la premodernidad, el de la comunidad pequeña, la que no necesitaba la letra escrita, sino una memoria robusta en la que cabían cuentos, refranes, canciones, hechas propias por una población analfabeta tantas veces. Sin embargo, poseían un conocimiento cultural privilegiado, un tronco de tradición común que introducía a los jóvenes en esa tradición que observaba las estaciones, el transcurrir del tiempo, los rituales de paso que marcaban la vida: el fin de la niñez, el noviazgo, el casamiento, la muerte. Todo estaba en la poesía, todo era acompañado por ella, incardinada en las vivencias. De manera espontánea, surgía la estrofa adecuada, en el momento que correspondía, en una armonía de siglos. Sabemos que no todo era perfecto, que tal vez los modelos presentados no casan con nuestra visión actual, hay puntos que pueden ser revisados; pero ese no es el centro de la cuestión, sino uno de sus ángulos.

Todo eso, efectivamente, se ha perdido. Sigue vigente en aquellas culturas sin alfabetización, en comunidades de África y América, donde no ha llegado la modernidad de la letra impresa. En Occidente, hemos avanzado en el siglo XX a la cultura de masas, la cultura industrial, devoradora de la tradición en favor de una producción de entretenimiento pensada de manera comercial, dedicada a la comercialización de la experiencia, como ya explicara, por ejemplo, Walter Benjamin en La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica. Escuchar música, más que cantarla o tocarla; leer, más que narrar en voz alta. Ver contenidos, más que imaginarlos. De productores a consumidores en el espacio cultural: ese fue el camino de la modernidad, el de la pérdida de la comunidad, como ya nos decían Simmel y Weber a principios del siglo XX. Y la poesía y narrativas orales fueron sus primeras víctimas indeseadas, pero necesarias, en favor del modo industrial, generalizado, de producción cultural.


No divago más. Se trata de ver cómo la poesía ha pasado de ser un elemento que acompañaba a la vida diaria a un objeto de estudio, con suerte, o directamente ha desaparecido de nuestras vidas en un sentido estricto. Otra cosa es que, como se dice, hay poesía en las letras de la música pop-rock, aunque dentro del circuito de consumo pasivo, y muy diluida por ese marchamo. 

Englobando la evolución del arte en el paso a la modernidad, y su cuestionamiento en la postmodernidad, nos queda pendiente, como decía anteriormente, qué opciones hay para devolver el valor vital a la poesía, sabiendo que va a ser distinto, por lo anteriormente dicho. Dedicarle un día, como a una causa noble, no nos parece suficiente, sino más bien, certificar la necesidad de ayuda urgente.

A lo largo de los siglos hemos pasado de la poesía a los poetas, es decir, de la tradición sin origen conocido, oscuro, a la obra reconocida de autores, hombres y mujeres, que han escrito versos, han juntado estrofas y han reflexionado sobre sus vivencias de una manera retórica, con uso de recursos propios de la poesía. Este canon de autores y obras nos sigue interpelando, sobre todo desde la educación formal, que ha cobijado, desde los tiempos del trivium y quadrivium en adelante, el estudio de la poesía culta. Cada país, cada cultura, ha incorporado en sus curricula los versos más adecuados, según la época histórica, para que se estudien, se divulguen, pasen a ser patrimonio vivido de sus ciudadanos. El cine sobre educación ha mostrado esa tradición en las aulas. Pero eso, también ha pasado, al menos como representación simbólica. 

Por tanto, ¿tiene sentido reivindicar hoy la poesía, tanto la popular premoderna como la culta filtrada por la educación formal? Evidentemente, sí. Cómo hacerlo es peliagudo, sin caer en romanticismos que no ayudan, ni dejarlo todo al gusto de las redes, tan cambiante. Si la poesía forma parte de lo humano, ¿cómo no reivindicarla? Pero no desde el canon -o no solo- ni tampoco desde una tradición que se ha perdido, porque ya no nos referencian nada tangible, son una prueba histórica. 

Poema de Gabriela Mistral, en
http://celestebibliotecaescolar.blogspot.com/
2012/03/dia-mundial-de-la-poesia.html
Acercarse a la poesía desde la escuela debería ser, en un primer momento, desde la vivencia, como ya se hace en infantil, cuando el alumnado se apropia de las canciones, las rimas, los juegos sencillos de lenguaje. Después, desde el estudio de la estructura, del andamio invisible que yergue el poema. Como definió Ángel González: 

Escribir un poema... Marcar la piel del agua.

La escuela ha tratado la poesía de una manera vivencial en las primeras etapas de la escolarización, pero luego ha adoptado un papel de diseccionador, que fue como aprendimos las gentes de mi generación: estrofas, rimas, sinalefas, endecasílabos y alejandrinos, hemistiquios... Toda una serie de recursos clásicos con los que nos adentrábamos en la poesía del siglo de oro.

En una etapa obligatoria, como la ESO, un planteamiento más genérico, más abierto al descubrimiento de la poesía como fuente de goce artístico, está más justificado. Lo que está claro, a estas alturas, es que la poesía sobrevivirá, en gran manera, por el papel que tenga en la educación formal. Si la lectura en su conjunto ya muestra un panorama poco edificante, un género minoritario y exigente... está mucho más expuesto. 

Por tanto, combinar la lírica tradicional con la culta o de autor, exponiendo al alumnado a la degustación del poema, más allá de su análisis sistemático o de su mero recitado, en edades más tempranas, es un camino que se puede transitar. Teniendo en cuenta que la escuela es, quizás, la última oportunidad que tiene la poesía para llegar a la infancia y juventud. 

martes, 27 de julio de 2021

Otra vez de JALEO. Crónica de unas jornadas (II)


 Encaramos el segundo artículo sobre las jornadas JALEO 21, celebradas en Valencia del 13 al 16 de julio. Ya dijimos que habían sido muy interesantes y completas, lo que nos llevó a dividir la crónica en dos entradas distintas. En esta, sobre todo, hablaremos de emociones y su tratamiento, tanto en los libros infantiles, clásicos o no, como en la escuela. 

Espiral de los deseos,
experiencia en infantil
de Javier Abad y Ángeles Ruiz 
El miércoles, en la última ponencia de la mañana, Elisa Martín Ortega nos habló del enfoque que se debe dar -y que se da- al tratamiento de las emociones en la escuela. Elisa se refirió a catálogos de emociones para comprenderlas, conocerlas. A tal efecto, citó dos obras muy conocidas, paradigmáticas, "El monstruo de colores" y el "Emocionario", que están en casi todos los centros educativos de infantil y primaria. Se presentan las emociones como un concepto a conocer (o reconocer) y, según la ponente, de una manera utilitarista, como un camino para tener éxito en la vida, aunque se disfrace de literatura.

Lo grave, sigue exponiendo Elisa Martín, es que este enfoque se convierta en el único (o al menos, muy preponderante) y se aparten los clásicos y sus enseñanzas para vivir las emociones. El niño o niña es cuerpo, no entiende la abstracción, no puede tener sentimientos reflexivos a los cuatro años. Se presenta una visión plana de las vidas de las personas al relegar el papel de los roles en los cuentos tradicionales, que tienen un poder simbólico que, según Elisa, debe ser puesto en valor. Unos cuentos clásicos que suelen tener la envidia y la curiosidad como motor de la acción, y la llave como elemento privilegiado de la curiosidad, de lo prohibido, lo que queda más allá. 

La ponente citó el ya clásico trabajo de Propp y su "Morfología del cuento", y también una obra desconocida para mí, aunque no el autor. Se trata de "El narrador", de Walter Benjamin, sobre la experiencia de la narración, sus dos principales tradiciones y su progresiva desaparición en la época contemporánea con su ruido constante. Sin embargo, sigue existiendo la fascinación infantil ante el cuento, con su carga de ambivalencia, de simbolismo y de trascendencia de la literalidad, que es el problema de nuestro tiempo, la relación con la literalidad. En cambio, no entender (de inmediato) los sentimientos propios es inherente a la condición humana, no tanto una dificultad insalvable. Y el mejor camino es el modelado de emociones, a través de la interacción con el adulto que ayuda a la comprensión desde el yo del niño, no una definición más abstracta, como queda dicho anteriormente.

El jueves empezó con la ponencia de Javier Abad y Ángeles Ruiz de Velasco titulada El lugar del símbolo. Esta pareja se dedica a trabajar lo simbólico, lo no evidente, en sus producciones escolares o culturales en la etapa de educación infantil. La infancia (etimológicamente, los que no hablan) puede ser vista como una esponja o como agua, como una planta o un bosque. La educación es un ejercicio de paciencia, tomando como referencia la metáfora del bambú, cuyas raíces crecen durante siete años, y la planta no es visible. Es una llamada a confiar. Los dos creadores utilizan el espacio para el juego, pero no de una manera explícita, sino que dejan libertad de organización al niño, que crea así experiencias de juego: el secreto, el camino, la torre... que dan sentido personal al espacio vivido, a la instalación repensada y propuesta como un espacio a completar por los protagonistas del juego. Eso nos hace pensar también en cómo organizamos los espacios escolares, en especial las bibliotecas, demasiado planteadas desde el prisma adulto, tantas veces.

El papel de las narraciones, además de acercarnos a lo simbólico (el lobo, el bosque), es la construcción de imaginarios. En esta ponencia vuelve a aparecer la llave como símbolo para el niño y para la humanidad, recordando que los judíos españoles desterrados en 1492 se pasaban la llave de su casa española de generación en generación, con la secreta esperanza de volver, con la certeza de no olvidar su origen.

Saltamos temporalmente para abordar la ponencia de Lola Fernández de Sevilla sobre los temas tabú en la escritura para la infancia. Lola escribe teatro infantil desde una mirada filosófica, y empezó preguntándose por qué escribimos, a lo que respondió diciendo que somos seres narrativos porque tenemos miedo. Miedo a muchas cosas, aunque la muerte es la vulnerabilidad principal, y el miedo a la muerte lo que nos lleva a la obsesión por el control. El fracaso como civilización, desde siempre, se atenúa con las ficciones, que a su vez se originan desde las preguntas primeras y proyectan sombras: los tabúes.

Desde su perspectiva, se pueden tratar todos los temas, aunque sean dramáticos. Pone el ejemplo de "Cuando yo tenía cinco años me maté", de Howard Buten, y su adaptación teatral hecha por Suzanne Lebeau, a quien Lola Fernández puso de modelo como autora de teatro infantil. Hay algunas técnicas para lograr un distanciamiento con la historia si ésta es acongojante, como la presencia de una voz narradora en el escenario. Además, si se establece una relación normativa entre el adulto y el niño se evita la duda. La ponente también cuestionó algún tópico como que la infancia es la época más feliz de la vida: hay infancias (y vidas) desgraciadas, no siempre son felices. Y nos dejó la pregunta sobre si los finales siempre han de ser felices, o pueden ser tristes o incluso abiertos, y si los niños aceptan esos finales distintos.

Para terminar, tres ponencias muy distintas que citaré sucintamente. Juan Carlos Pérez Toste, gestor cultural y narrador oral canario, nos explicó, con mucho entusiasmo y fuerza, su proyecto El museo de los cuentos, que lleva realizándose unos cuantos años en la localidad canaria de Los Realejos.

Jesús Arana, por su parte, nos habló de los clubes de lectura, agrupaciones de origen estadounidense que han ido extendiéndose por el mundo y que han dado lugar a una cultura colaborativa y a una fidelización de lecturas remarcable. Enlazamos Leer y conversar, una obra en que desarrolla distintos aspectos de los clubes de lectura. Nos quedó la duda de su aplicabilidad en las aulas, pero hay experiencias similares en España, como comentaron las compañeras de Albacete, asiduas ya a Jaleo.

Por último, Mar Benegas reflexionó sobre la perdurabilidad de la belleza, sobre la necesidad de lo bello en este tiempo de pandemia especialmente. Para ello, nos recitó algunos poemas, como el extraordinario Traigo una ventana, un rayo (miles de ellos) de esperanza en los días negros -paradójicamente- del confinamiento para que, como decía Ángel González, Si sale amor, la primavera avanza. 

Frente a la belleza impostada de Instagram, una belleza efímera pero que todavía nos fascina -nos ha fascinado desde siempre lo bello- se plantea la pregunta: ¿Hay un abismo en lo bello? Esta pregunta es perturbadora, descoloca, como la buena poesía. Y Mar nos acerca a Edmund Burke cuando reflexiona sobre la inabarcabilidad de lo sublime, que está más allá de la belleza y la supera por la experiencia estética que proporciona y que no puede ser explicada sólo aplicando un canon. 

Fue un gran colofón a las jornadas, que estuvieron amenizadas por Paco Paricio y los titiriteros de Binéfar, quienes nos deleitaron con parte de su repertorio cosechando, como diría un clásico, éxito de crítica y público. Como el conjunto de JALEO 21. 



jueves, 22 de julio de 2021

Otra vez de JALEO. Crónica de unas jornadas (I)

 Tras un año, 2020, en que se llevó a cabo de manera telemática, ha vuelto la convocatoria JALEO en un escenario nuevo, Sant Miquel dels Reis, sede de la Biblioteca Valenciana y de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, que ocupan este espacio emblemático desde su restauración e inauguración en 1999 (la AVL desde su fundación en 2003). Una vez más, dirigidas por Mar Benegas, y Jesús Ge, estas jornadas no han defraudado, sino que han sido días intensos de aprendizajes valiosos, de intercambio de experiencias y de abrir caminos para el profesorado, los bibliotecarios y los autores que se citan allí. Han colaborado el Col·legi de Bibliotecaris Valencians, el CEFIRE y el Ayuntamiento de Valencia.

Este 2021 ha permitido, además, seguir las intervenciones online. Había ganas, sin duda, de reencontrarse. La formación presencial, lo hemos dicho aquí en un artículo de hace poco tiempo, proporciona unos extras que nos parecen muy recomendables y que completan la parte más académica. La fidelidad a las jornadas es una de sus características más sobresalientes, a mi entender. Y eso significa mucho, evidentemente.

Uno de los rasgos de JALEO es la diversidad, tanto de intervinientes como de actividades. En el primer apartado, ilustradores, autores, profesorado, agentes culturales, actores y animadores a la lectura se mezclan y ofrecen una visión de su parcela de actuación. Se va conformando así un mural que, en los tres días, permite una visión de conjunto sobre el mundo del libro infantil y juvenil. Además, las propuestas de actividad incluyen dos tardes de talleres y una conferencia inaugural distinta. 

Revisando mi cuaderno de notas, me doy cuenta que he llenado veinte páginas con apuntes de las intervenciones, y eso que no soy exhaustivo. Así que dividiremos la crónica en dos artículos, para que no se alargue demasiado la lectura. 

Vayamos con el contenido de las jornadas. Abrió las mismas la interesante conferencia sobre los héroes clásicos a cargo de Carlos García Gual, de la Academia Española de la Lengua, el martes por la tarde. El autor, un referente en lo que a estudios sobre la Antigüedad clásica se refiere, supo encandilar al público con sus reflexiones.

El miércoles fue un día intenso. Alberto Albarrán, ilustrador y profesor de la Escuela de Bellas Artes de Segovia, nos habló del oficio de ilustrador, del día a día de una profesión poco conocida, en líneas generales, pero que está presente en JALEO desde el inicio (recordemos que hace tres ediciones estuvo Jutta Bauer todas las jornadas). El ilustrador es más diseñador que dibujante. Contrariamente a lo que se piensa, el ilustrador ha de adaptarse al encargo del editor o director artístico, no a las exigencias de los autores, ya que el cliente es la editorial. De hecho, se puede ser buen ilustrador sin ser un gran dibujante. Y hay que cuidar detalles de la edición, más allá de las ilustraciones.

Alberto nos habló de aprender a leer imágenes, un aprendizaje con sus normas más o menos explícitas para dar sentido a lo que vemos. La imagen, lo sabemos desde siempre, cumple una función comunicativa; también una función didáctica, para ayudar a fijar el conocimiento. A este respecto, los códigos de interpretación de la imagen son más difíciles de aprehender, según este ilustrador. Nos introdujo el concepto de "pregnancia", la capacidad de las imágenes para ser captadas y poder ser recordadas o asimiladas, lo que le da una gran potencia de uso. En este sentido, no es necesario un grado alto de realismo para su eficacia, sino que se puede "completar" la imagen mentalmente, como de hecho hacemos, en función de la iconicidad de la misma (correspondencia de la imagen con la realidad que representa). 

Un tema interesantísimo que esbozó en su intervención, para pasar después a hablarnos de los álbumes ilustrados, en los que se unen palabra e imagen. Hizo un repaso sobre algunos sobresalientes, rescatando algunos que son más para adultos, como la "Trilogía del mar del Norte", de Ana Juan. Otros juegan al contraste irónico, como "No", de Marta Altés, sobre cómo interpreta un perro doméstico la relación con la familia con la que convive. También nos habló de algunos álbumes que tratan temas serios para la infancia, como "El árbol rojo", de Shaun Tan, sobre la soledad.

Terminó Alberto Albarrán su intervención reivindicando una mayor presencia de lo visual en el curriculum, frente al predominio de lo verbal en educación. La imagen no debería ser objeto de una experiencia pasiva (como ocurre tantas veces en el visionado indiscriminado de pantallas) sino una experiencia creadora. 

Reconozco que yo sentí, al final de la ponencia, cuánto nos falta a los docentes de primaria por recorrer en este camino de la ilustración, el álbum ilustrado, el arte puesto al servicio de la lectura y de la imaginación. Y durante estas jornadas, ha sido una sensación que ha aparecido más veces. Pero, lejos de amilanarme, me ha hecho ver la necesidad de continuar formándome.

Tras el descanso y el agradable refrigerio (nos han tratado muy bien, la verdad), fue el turno de Rosa Piquín, quien nos habló de las bibliotecas escolares. Definió la biblioteca escolar como "un espacio de aprendizaje físico y digital para la consulta, la investigación, el pensamiento, la imaginación y la creatividad fundamental para el tránsito de la información al conocimiento". Es una gran definición, muy completa y que introduce lo digital en un espacio, el escolar, donde tantas veces está infrarrepresentado. Rosa resaltó la importancia de la BE en el contacto con lo digital, citando un breve texto de Mónica Baró, Biblioteca escolar y nuevas alfabetizaciones. Nos recordó que el artículo 113 de la LOE (no se ha tocado en las reformas posteriores) señala que todos los centros han de tener BE activa. También nos comentó que hay mucho voluntarismo en torno a la BE, pero que hace falta profesionalidad.

Para Rosa Piquín (y para mí también), toda la escuela es biblioteca. En su experiencia concreta, hay puntos de lectura diseminados en el centro. Otra acción fundamental, que en nuestro blog hemos tratado ampliamente, es la complementariedad entre biblioteca central, o escolar, y bibliotecas de aula. Las unas no anulan a las otras en absoluto. La biblioteca de aula es el recurso inmediato, y usarlo no significa minusvalorar el papel de la biblioteca grande.

También se ha habilitado una biblioteca para las familias, cosa que hicimos en el CEIP Josep Iturbi de Borriana en mi período de dirección, además de montar una biblioteca específica para infantil y primer ciclo de primaria en la planta baja. Otra iniciativa lógica (pero que no suele hacerse) es preguntar a los niños qué quieren que haya en la biblioteca escolar, adaptando en la medida de lo posible el espacio a la mirada infantil.

Por último, recordó algunas funciones fundamentales que ha de cumplir la BE, y que relatamos a continuación:

-La construcción de ciudadanía crítica a través del manejo de distintas fuentes de información, teniendo en cuenta la multialfabetización y los objetivos de desarrollo sostenible, los ODS, como propuesta real de práctica de búsqueda informativa.

-La universalización de una educación de calidad, compensando el hecho de que los niños más vulnerables pasan más tiempo conectados a internet o la televisión (en detrimento de otros entretenimientos).

-Extensión cultural, a través de clubes de lectura o apadrinamientos lectores entre distintos niveles de primaria o de infantil.

Una buena manera de dar un uso completo a la biblioteca escolar son los proyectos documentales integrados (PDI), pequeños trabajos de investigación sin descontextualizarse de las líneas curriculares del curso.

La ponente nos insistió en la potencia de uso de las BE, y la prueba es que en Galicia ha habido una notable mejoría de los niveles de lectura relacionados con el uso de las bibliotecas. Ya para terminar, incluimos estas referencias que nos dio en una ponencia muy completa, como podéis comprobar, y que pueden seros de utilidad:

-La lupa del cuento (web muy recomendable).

-Integración de las competencias ALFIN/AMI (Ministerio Educación, 2015)

-Manifiesto UNESCO sobre BE.



martes, 24 de julio de 2018

Animación lectora: aportaciones relevantes en JALEO 18


Cartel de las jornadas
https://www.lasnaves.com/cultura/jaleo18/?lang=es
Del 17 al 20 de julio se han realizado, en la Facultad de Filología de Valencia, las IV Jornadas de animación lectora JALEO, organizadas por la UIMP en la sede valenciana. Hemos sido unos doscientos participantes a las sesiones desarrolladas. En mi caso, he de decir que esperaba estas jornadas con expectación, ya que el año pasado me quedé sin asistir porque me coincidió con mi estancia en Bournemouth, de la que ya di cuenta en este mismo blog.
Este artículo no busca ser una crónica de todo lo ocurrido en Valencia, que fue mucho, sino unos apuntes de aquello que más me llegó, y que está ligado, como no puede ser de otra manera, a lo escolar, o a la relación entre la animación lectora y el ámbito educativo formal, en el que me muevo. Retomamos así uno de los temas recurrentes del blog, la reflexión sobre lectoescritura y la animación lectora.
Tres momentos y aportaciones fueron muy interesantes, a mi entender. El primero de ellos vino de manos y de voces zaragozanas, de Utebo, con la experiencia del CEIP Parque Europa, que ha hecho de la biblioteca escolar el centro de la vida y del curso académico. Algunas ideas y prácticas que me sorprendieron:
-La biblioteca tiene un nombre propio, Juanjo Calero, y un día de celebración (no el día del libro), el 24 de octubre. Además, tiene una mascota, llamada Pulpín.
-Se elige un tema común para el conjunto del centro relacionado con la biblioteca, para todo el curso escolar, y se elabora un mural que preside la entrada para hacer referencia y recordarlo.
-Todas las clases tienen un recreo semanal para ir a la biblioteca.
-Se incentiva el regalo de libros por navidad y reyes, con una lista de obras recomendadas y una carta escrita por la mascota Pulpín animando a pedir esos libros, que además están expuestos en un lugar visible del centro, para no pedir a ciegas.
-Una práctica que hemos perdido en muchos lugares: el docente lee en voz alta un libro, que es el mismo para todas las clases, semanalmente, a lo largo del curso.
-Realizan apadrinamiento lector y acompañamiento de los mayores a los peques, bien organizado.
-El día del libro cuenta con un planteamiento interdisciplinar, no es exclusivo del área de lenguas.
-Hay una comisión de biblioteca en la que se integra parte del equipo directivo, más que una persona bibliotecaria en exclusiva (en eso coincide con mi centro).
-Otras iniciativas son un grupo de lectura de adultos, mercadillo para intercambiar libros y obtener fondos, talleres literarios con autores reconocidos... En definitiva, un auténtico plan lector encarnado en la vida de este colegio.
Biblioteca Torrente Ballester, Salamanca
Tomado de http://www.hotelhelmantico.com/414/blog-salamanca/
Otro momento importante fue la ponencia de Isabel Sánchez, bibliotecaria de la red municipal de bibliotecas de Salamanca, quien nos ofreció un repertorio de medidas aplicadas durante varios años para incrementar, con notable éxito, la participación de la ciudadanía en las bibliotecas municipales. El tesón y la constancia mostrados por el equipo municipal de bibliotecarios -no confundir con los políticos en el poder, son cuestiones distintas- fue un ejemplo para todos los que, de alguna manera, nos dedicamos a animar a leer. Entre las iniciativas más sorprendentes estaba la de sacar los libros de la biblioteca a un puesto del mercado municipal, "entre pescadería y pescadería", según nos contaba Isabel, y ofrecerlos a los lectores. Otra práctica que me llamó la atención fue la que utiliza mochilas de colores en los que se introducen libros, desconocidos para quien las recoge, que no se sacan habitualmente, para fomentar su uso y conocimiento.
Además, el grupo de bibliotecarios participó, junto con los arquitectos -cosa que parece milagrosa en un edificio público- en el diseño de la biblioteca municipal Torrente Ballester, que ofrece salas amplias y lugares especiales para sorprender al lector. En fin, muchas actividades para acercar el mundo de la lectura a nivel municipal, como podéis comprobar en el enlace.
Cartel de la edición de 2017
http://www.museuvalenciaetnologia.es/
es/espantalapor2017
Por último, participé en un taller del Museu Valencià d'Etnografia, impartido por Amparo Pons, bibliotecaria del museo, quien nos informó eficientemente sobre el taller de etnografia "Espanta la por" (espanta el miedo), sobre los personajes valencianos que han infundido miedo, alrededor de la fiesta de Todos los Santos, celebración que tenía un sentido propio antes de ser colonizada -tristemente- por Halloween, importación extemporánea de otra tradición de origen angloamericano. La campaña es fácilmente aprovechable para poder llevar a cabo actividades lectoras durante todo el año; Amparo nos ilustró sobre la relación entre muchos cuentos del mundo, que tienen distintas versiones en culturas diferentes, y que se pueden encontrar en el catálogo ATU, acrónimo de sus creadores Aarne, Thompson y Uther, quienes en casi un siglo, desde 1910 a 2004, se pusieron manos a la obra. No confundir con la morfología del cuento de Propp, que propone un esquema común a la narrativa tradicional que cumplen la mayoría de relatos.
Para mí fue una agradable sorpresa esta ponencia-taller, con información relevante sobre narración popular que no solemos incorporar con facilidad a la educación formal, tan mediada, tantas veces, por las editoriales generalistas y sus propuestas. En este sentido, la bibliotecaria del museo etnográfico nos mostró un completo repertorio de libros y autores que rescatan los cuentos tradicionales valencianos.
Evidentemente, hubo más cosas interesantes en las jornadas, como las intervenciones de autores tan reconocidos como Jutta Bauer, Mar Benegas (organizadora de las jornadas), Gonzalo Moure... más centradas en el papel de la literatura infantil y juvenil. Como decía al principio, no quería hacer una crónica, sino ofrecer aquello más relevante, en mi criterio, para la animación lectora escolar.

sábado, 11 de marzo de 2017

Desarrollando el plan lector de centro

Este blog ha dedicado varios artículos al tema de la animación lectora, dentro del aprendizaje de la lectoescritura, que podéis encontrar englobados en las etiquetas Lectoescritura y Lectoescritura en primaria. En mi trayectoria profesional, ya con un largo recorrido, he hecho de la lectura uno de los pilares de mi práctica, ya que considero que sin dominarla correctamente, todos los demás aprendizajes -o casi todos- sufren un deterioro importante. Además, he coordinado seminarios sobre el tema y he intentado estar al día de las aportaciones científicas en este sentido, desde mis tiempos de la facultad de Pedagogía de Valencia, donde la profesora Marisa Monera nos hizo reflexionar sobre la adquisición de la lectura y de la escritura, descubriéndonos además una temática interesantísima para el profesorado de primaria. Fue en una asignatura un tanto descolocada en los estudios de organización escolar, especialidad en la que me formé dentro de la licenciatura en Ciencias de la Educación.
Hoy quería referirme a un plan que estamos llevando a cabo en mi CEIP para aumentar el número de lectores y la frecuencia de lecturas entre el alumnado. El plan consta de varias partes, que podemos citar como sigue:
-Creación de una comisión de biblioteca formada por siete docentes de infantil y todos los ciclos (con perdón de la LOMCE) de primaria.
-Redefinición, dotación y mejoramiento de las bibliotecas de aula.
-Reorganización de la biblioteca de centro para hacerla más atractiva al alumnado.
-Creación de una biblioteca en la planta baja para los alumnos de infantil, primer y segundo curso de primaria.
-Creación de una biblioteca para padres (de momento, sólo de préstamo, que está en proceso de montaje y que pronto, en abril, será una realidad).
Como se puede observar, es un plan ambicioso, que se ha visto reforzado por la concesión de una subvención de la conselleria a todos los centros que la solicitaran cumpliendo unos requisitos, cosa que hemos hecho desde nuestra escuela. Tras unos meses, vemos que el proceso es lento, y que la coordinación para llevar a cabo el proyecto lector es dificultosa. La transformación de la escuela en un ámbito lector se basa en el espacio, pero nos sigue faltando el tiempo. Hemos de incidir en este factor, pero sin descuidar lo espacial. En esta tarea, la implicación de los tutores es primordial, ya que ellos están en contacto directo y permanente con el alumnado. Una ley tan absurda como la LOMCE pasa de puntillas, a mi entender, sobre el papel tutorial en la educación infantil y primaria, cuando constituye, sin duda, un elemento capital en la calidad educativa (sí, esa calidad que forma parte de las siglas LOMCE) de manera casi testimonial.
Lo primero que pensamos fue en sustituir el papel tradicional de maestro bibliotecario por una comisión de siete personas que, de manera libre, se adscribieron a la misma, para iniciar el trabajo de transformación de la biblioteca y atender a los dos espacios que se habilitaron, en lugar del único -y excesivamente planificado desde el punto de vista adulto, he de decir- que existía. La comisión ha ido trabajando y, con luces y sombras, ha hecho su trabajo de actualizar la oferta lectora del centro.Distinguir entre edades lectoras ha sido un acierto: no es lo mismo la lectura en primero de primaria que en quinto, ni en tercero que en sexto. Hemos reubicado libros, hemos repensado espacios y adquirido mobiliario para que cada biblioteca tenga su peculiaridad; no está todo terminado, pero se ven avances. Es cierto que nos queda camino por recorrer, y que tenemos incomprensión dentro del mismo claustro: hay quien piensa que una biblioteca para infantil fuera del aula "no sirve de nada". Evidentemente, sin el acompañamiento de los tutores en las primeras edades del colegio, de poco sirve, si se la castiga a la ignorancia por desdén hacia la lectura. Conviene despertar el interés del alumnado hacia los libros, que será su mejor motivación para aprender a leer, para hacer suyas, a través de la lectura, las historias que otros les cuentan o les leen. Y los mayores buscan -y requieren- otro tratamiento, más de especialización (son muchos los que nos piden obras de animales, incluso de un animal en concreto) y de acercamiento a soportes como el cómic o el álbum ilustrado con historias reales. De hecho, estos días he estado catalogando algunas propuestas fantásticas para alumnado de tercer ciclo (otra vez con perdón) que funcionarán muy bien, estoy convencido. Además de los clásicos que vuelven, como "Los cinco", de Enid Blyton, o la incombustible saga de Gerónimo Stilton.
De todas maneras, me sigue extrañando y sorprendiendo que, a pesar de tanta oferta bibliográfica, de la proliferación de títulos, autores y colecciones, a tantos niños de primaria les cuesta abrir un libro por voluntad propia. Pero ese es tema para otro artículo. Por la escuela -por mi escuela, al menos- no ha de quedar.


Un viaje al fin del sueño americano: Omaha

 Reconozco que he tenido mis dudas sobre hacer una reseña de Omaha, película estadounidense que vi en el cine hace una semana. Aunque no tra...