viernes, 24 de julio de 2026

Un viaje al fin del sueño americano: Omaha

 Reconozco que he tenido mis dudas sobre hacer una reseña de Omaha, película estadounidense que vi en el cine hace una semana. Aunque no trata el tema escolar, sí que se ocupa de la infancia y de la situación social en el país de las barras y estrellas. Mis dudas venían más por la crudeza de la historia, por las sensaciones que despertó en mí. Además, se añade la dificultad de comentarla sin destripar la trama, cosa que comprenderéis si la habéis visto o cuando la veáis.

La película está dirigida por Cole Webley y es su opera prima. El reparto es reducido: cuatro personajes principales, tres miembros de una familia y una trabajadora social. El padre y sus dos hijos, una niña a punto de cumplir once años y un peque de seis o siete, emprenden un viaje largo por carretera. Les acompaña el perro de la familia. La madre, como se nos dice al principio, ha fallecido recientemente.

Desde el principio, el viaje muestra un final: no volverán a esa casa, el destino será permanente, aunque no sabemos ni a dónde van ni por qué. Parece una road movie llena de precariedad. El padre es el vivo retrato de la angustia, y realiza un ejercicio de contención cuando está delante de sus hijos. 

Cartel de la película en
x.com/Avaloncine
Avanza la historia entre paradas, chocolatinas y juegos de palabras en el coche. Los niños siguen siendo niños, pese a todo. Como espectador, no entiendo demasiado el secretismo del padre, que parece bloqueado. Tiene poco dinero, que administra como puede. No asoma la seguridad de un nuevo trabajo, de un contacto en el sitio donde van... Nada de eso. Silencio. Ella, la hija, intenta saber el destino. Ante su insistencia, el padre dice que van a Nebraska, en el centro del país. Omaha, nombre que da título a la película, es la ciudad más poblada, y tiene un zoo famoso. Reconozco que a mí ese nombre me evoca una playa del desembarco de Normandía en 1944.

Volviendo a la película, vamos viendo episodios preocupantes que entristecen a los niños. El espectador no tiene la información para entender, hay que esperar. Yo mismo me vi, en un momento de la proyección, recriminando al padre su actitud. En este sentido, la película está bien realizada, aunque asume riesgos. No se hace larga -su metraje no lo es- y la estructura de película de carretera funciona.

El desenlace se producirá al llegar al estado de Nebraska y a Omaha. Aquí se precipitan los acontecimientos hasta llegar a un final que nos hace entender todo. No decimos más, no hace falta.

El film presenta, en mi opinión, los hechos sin juzgarlos. El espectador ha de sacar sus conclusiones. El grueso de la trama recae en el padre, que parece llevar el peso del mundo a sus espaldas. John Magaro está muy bien en el papel de persona que no sabe cómo seguir adelante, pero tiene que hacerlo: no está solo.

Me gusta ver cómo los niños siguen jugando, peleándose, ajenos a la realidad, aunque Ella intuye que algo no va bien. El planteamiento de road movie funciona correctamente, lo que constituye, sin duda, una de las bazas fuertes de la película. Eso sí, es un viaje distinto, lleno de precariedad y angustia, rebajadas por la actitud infantil despreocupada, a pesar de las pérdidas.

Además, se nos muestran lugares un tanto inhóspitos, paisajes desérticos, establecimientos de carretera y comida rápida. Todo tiene un halo de desolación, de pobreza más o menos evidente. Lo más destartalado es el coche familiar, que necesita un arreglo integral o la jubilación. 

Omaha es una película intensa con pocos personajes y un aire independiente que se deja percibir en todo el metraje. La cámara se usa sin alardes, y le da un toque documental en ocasiones. Busca la naturalidad en la narración, huyendo de lo melodramático, lo cual se agradece, sin duda.

En definitiva, una oportunidad para reflexionar sobre la pobreza que aguarda tras una mala racha y una realidad que afirma que el sueño americano ha desaparecido y tantas veces, deja paso a una pesadilla, amarga como un café en un bar de carretera.

 

lunes, 13 de julio de 2026

Situaciones de aprendizaje: ¿realidad o ficción?

 El verano es tiempo de descanso, y si así se desea, de reflexión. En un ámbito tan necesitado de ser repensado como la educación, es evidente que es una época privilegiada, repito, siempre que se quiera. Encontramos a muchos compañeros que acaban cansados del curso y quieren desconectar de lo escolar. También hay compañeros que no quieren dedicar un segundo a la escuela fuera de ella (conozco algunos). Además, este final de curso ha sido complicado en la educación pública valenciana por la huelga idefinida desde el once de mayo, cuya gestión en los centros ha supuesto un desgaste importante en los claustros.

Pese a todo, sigo pensando que se puede aprovechar para la lectura pedagógica -y de la otra- y para realizar pequeñas investigaciones que mejoren la práctica propia desde la comprensión más clara del hecho educativo.

Decía Gimeno Sacristán, a quien tuve de profesor de Didáctica General en quinto de Pedagogía hace muchísimo tiempo, que él tenía que estudiar siempre, para estar al día, y lo decía con tranquilidad, asumiendo que iba implícito en su trabajo universitario. Estamos hablando de un reputado autor pedagógico, con libros que ya son clásicos de la reflexión sobre lo educativo. Y admitía que siempre tenía que estar leyendo.

Ya sé que Gimeno no es santo de la devoción de parte del profesorado sobre todo de Secundaria, pero lo englobo en esa actitud antipedagógica que se ha extendido en la docencia española. Por cierto, no logro distinguir entre ese adjetivo y antipedagogista, el vocablo que se usa para rechazar cualquier intervención técnica de los que no pisan aula. Esa separación de conceptos implicaría conocer bien qué es la pedagogía, cuáles son sus fines y a qué ámbitos se aplica. Cuestiones todas, por cierto, que están fijadas en las leyes.

No nos desviemos, aunque con Gimeno siempre hay motivos para la digresión en un artículo. Yo hoy quería hablar de las situaciones de aprendizaje, la gran aportación de la LOMLOE, esa ley elaborada de manera exprés en 2022 y que, por avatares políticos sigue vigente hasta que el gobierno cambie de signo, supongo. España no es un país hegeliano, en ese sentido. No hay progreso, solo retrocesos intercalados en el tiempo. 

Aquí ya hemos dado nuestra opinión sobre la LOMLOE, una ley con todos los defectos de las reformas hechas de arriba abajo, agravados por la premura en su aprobación por la perspectiva socialista de pérdida del poder estatal en 2023. Finalmente, han podido seguir gobernando, a pesar de perder las elecciones de julio de aquel año. Hablamos de una ley orgánica que regula el sistema educativo español, sin consenso ni tiempo. Así nos va.

La ley propone un planteamiento competencial con una situación de aprendizaje, tanto en primaria como en secundaria. Enlazo las definiciones que el Ministerio de Educación publicó en su momento, por si nos sirven de guía.

A la vez, comprobamos que el libro de texto sigue siendo una realidad en muchos centros, en la mayoría. He aquí la gran paradoja de esta reforma: lo competencial metido en un formato esencialmente no competencial, diseñado para la transmisión de contenidos (ahora saberes) y no para ser un esqueleto sobre el que poner carne, es decir, información relevante acorde con el perfil competencial.

El libro de texto configura la práctica docente porque marca el tiempo escolar de manera inexorable, a no ser que exista una reflexión didáctica sobre el tema. Como siempre, no demonizo el manual, sino que cuestiono su predominancia en el aula. No se trata de dejar de hacer unas actividades o saltarse un tema, es más profundo: no saber qué hacer sin el libro, ese es el drama.

La reforma actual pretendía devolver atribuciones al profesorado, pero de una manera desacertada. El enfoque competencial, es cierto, permite mayor flexibilidad en la programación de saberes. Si se impone como la manera de presentar el curso, probablemente se hará, con la ayuda de IA, mirando otros centros... pero la práctica en el aula seguirá con pocas variaciones, amparada por el libro de texto y su lógica de funcionamiento.

No quiero obviar a esos compañeros docentes que trabajan de otra manera, que sé que existen, y han adoptado el enfoque competencial con sus ventajas e inconvenientes. 

Mi conclusión es esta: probablemente estamos viviendo una ficción educativa a nivel de sistema escolar. Se programa según LOMLOE, se trabaja según el libro de texto. Tristísimo panorama.

viernes, 3 de julio de 2026

Cambio de centro: nueva perspectiva

 Este verano cambio de centro, por última vez, espero. Vuelvo a la localidad donde resido, Borriana, tras seis años en Vila-real, en dos centros distintos. No soy lo que en fútbol se llama one-club-man. Esta vez no ha sido por mi voluntad: de hecho, concursé a este colegio hace dos años y he estado cuatro en total, los dos primeros en comisión de servicios. Pero las cosas han venido así: he tenido que optar entre seguir en el centro y no dar primaria (a pesar de que es la especialidad de mi plaza) o cambiar de centro y recuperar una tutoría. Este último curso he dado inglés a tiempo completo y, aunque me gusta el inglés, no es lo que quiero. Así que, sin mucho entusiasmo, he concursado y ya conozco el centro Pare Villalonga, al que voy y donde, si no pasa nada, estaré los próximos dos cursos, en el transcurso de los cuales cumpliré la edad de jubilación. Es un centro de una línea, otra novedad para mí tras veinticinco cursos en centros de doble línea. La impresión ha sido muy buena.

Biblioteca del CEIP Pare Villalonga
Página web del centro

He dedicado algunos artículos al tema de hacerse mayor en la escuela. Creo que la edad da otra perspectiva, pero no tiene por qué influir en las ganas de hacer cosas. De hecho, en el nuevo centro asumiré la coordinación de biblioteca, y mi cabeza ya está pensando iniciativas, ya tengo ideas que plantearé al claustro y seguro que disfrutamos fomentando la lectura, que es un fundamento de la primaria.

He recuperado también mis bártulos para la tutoría, que será de tercer ciclo, sin saber todavía qué nivel daré. Me hace ilusión quinto de primaria, porque hace mucho tiempo que no ejerzo en ese curso. Aunque lo importante, para mí, es volver a ser tutor, a plantear actividades, a reforzar aprendizajes, a leer en clase, a animar a leer en casa... Por eso digo que la edad no conlleva perder entusiasmo, a pesar de que las fuerzas no sean las mismas que hace veinte años. Permitidme hoy que hable un poco más de mí mismo, tras un año complicado, y que comparta con vosotros cómo me siento ahora.

Tengo preparado un cuaderno para que, cada día, una persona del grupo escriba una página en el diario de clase, práctica que he hecho otros años y que permite ver la realidad desde los ojos del alumnado, aunque sea parcialmente. También haremos autoevaluación, una rutina mensual que ha funcionado bien. Que el grupo reflexione sobre su trabajo y actitud siempre me parece adecuado y positivo. Leeremos en clase y en casa. El centro dispone de una buena colección de libros de lectura colectiva, y seguro que encontraremos los adecuados. Además, usaremos la biblioteca de centro, ya veremos cómo.

Me apetece mucho volver a dar matemáticas, la verdad. Plantear cuestiones que se salgan de la rutina, ayudar a construir conocimiento y valorar el razonamiento, que sepan ir y volver, dándole importancia al itinerario que realizan. Unas matemáticas que busquen la comprensión, no solo la repetición.

Podría seguir hablando de conocimiento del medio -felizmente recuperado el término y la asignatura, tras la funesta LOMCE- y de cómo me gusta presentar la realidad en el aula, más allá de lo que diga el libro de texto. O de las lenguas, buscando un tratamiento integral en una comunidad bilingüe, con el desafío de aprovechar aprendizajes y no repetirlos de manera forzada o, peor, inútil.

Ya veis que no me ha costado mucho cambiar la perspectiva; me costó considerablemente más hacerme a la especialidad de inglés, a mis años, pasando a tener cien alumnos y renunciando a tantas prácticas que son propias de la tutoría. Pero bueno, eso ya pasó y ahora se viene otra realidad, muy estimulante.


Un viaje al fin del sueño americano: Omaha

 Reconozco que he tenido mis dudas sobre hacer una reseña de Omaha, película estadounidense que vi en el cine hace una semana. Aunque no tra...