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lunes, 13 de julio de 2026

Situaciones de aprendizaje: ¿realidad o ficción?

 El verano es tiempo de descanso, y si así se desea, de reflexión. En un ámbito tan necesitado de ser repensado como la educación, es evidente que es una época privilegiada, repito, siempre que se quiera. Encontramos a muchos compañeros que acaban cansados del curso y quieren desconectar de lo escolar. También hay compañeros que no quieren dedicar un segundo a la escuela fuera de ella (conozco algunos). Además, este final de curso ha sido complicado en la educación pública valenciana por la huelga idefinida desde el once de mayo, cuya gestión en los centros ha supuesto un desgaste importante en los claustros.

Pese a todo, sigo pensando que se puede aprovechar para la lectura pedagógica -y de la otra- y para realizar pequeñas investigaciones que mejoren la práctica propia desde la comprensión más clara del hecho educativo.

Decía Gimeno Sacristán, a quien tuve de profesor de Didáctica General en quinto de Pedagogía hace muchísimo tiempo, que él tenía que estudiar siempre, para estar al día, y lo decía con tranquilidad, asumiendo que iba implícito en su trabajo universitario. Estamos hablando de un reputado autor pedagógico, con libros que ya son clásicos de la reflexión sobre lo educativo. Y admitía que siempre tenía que estar leyendo.

Ya sé que Gimeno no es santo de la devoción de parte del profesorado sobre todo de Secundaria, pero lo englobo en esa actitud antipedagógica que se ha extendido en la docencia española. Por cierto, no logro distinguir entre ese adjetivo y antipedagogista, el vocablo que se usa para rechazar cualquier intervención técnica de los que no pisan aula. Esa separación de conceptos implicaría conocer bien qué es la pedagogía, cuáles son sus fines y a qué ámbitos se aplica. Cuestiones todas, por cierto, que están fijadas en las leyes.

No nos desviemos, aunque con Gimeno siempre hay motivos para la digresión en un artículo. Yo hoy quería hablar de las situaciones de aprendizaje, la gran aportación de la LOMLOE, esa ley elaborada de manera exprés en 2022 y que, por avatares políticos sigue vigente hasta que el gobierno cambie de signo, supongo. España no es un país hegeliano, en ese sentido. No hay progreso, solo retrocesos intercalados en el tiempo. 

Aquí ya hemos dado nuestra opinión sobre la LOMLOE, una ley con todos los defectos de las reformas hechas de arriba abajo, agravados por la premura en su aprobación por la perspectiva socialista de pérdida del poder estatal en 2023. Finalmente, han podido seguir gobernando, a pesar de perder las elecciones de julio de aquel año. Hablamos de una ley orgánica que regula el sistema educativo español, sin consenso ni tiempo. Así nos va.

La ley propone un planteamiento competencial con una situación de aprendizaje, tanto en primaria como en secundaria. Enlazo las definiciones que el Ministerio de Educación publicó en su momento, por si nos sirven de guía.

A la vez, comprobamos que el libro de texto sigue siendo una realidad en muchos centros, en la mayoría. He aquí la gran paradoja de esta reforma: lo competencial metido en un formato esencialmente no competencial, diseñado para la transmisión de contenidos (ahora saberes) y no para ser un esqueleto sobre el que poner carne, es decir, información relevante acorde con el perfil competencial.

El libro de texto configura la práctica docente porque marca el tiempo escolar de manera inexorable, a no ser que exista una reflexión didáctica sobre el tema. Como siempre, no demonizo el manual, sino que cuestiono su predominancia en el aula. No se trata de dejar de hacer unas actividades o saltarse un tema, es más profundo: no saber qué hacer sin el libro, ese es el drama.

La reforma actual pretendía devolver atribuciones al profesorado, pero de una manera desacertada. El enfoque competencial, es cierto, permite mayor flexibilidad en la programación de saberes. Si se impone como la manera de presentar el curso, probablemente se hará, con la ayuda de IA, mirando otros centros... pero la práctica en el aula seguirá con pocas variaciones, amparada por el libro de texto y su lógica de funcionamiento.

No quiero obviar a esos compañeros docentes que trabajan de otra manera, que sé que existen, y han adoptado el enfoque competencial con sus ventajas e inconvenientes. 

Mi conclusión es esta: probablemente estamos viviendo una ficción educativa a nivel de sistema escolar. Se programa según LOMLOE, se trabaja según el libro de texto. Tristísimo panorama.

martes, 9 de mayo de 2023

Sistemas educativos, culturas escolares y reformas: Una lectura muy actual

Como es costumbre, en este blog se reseñan, de tanto en tanto, obras de pedagogía, sociología, filosofía... siempre en relación con la educación, eso sí. Por aquí han pasado libros de Bauman (siempre admirado pensador), de Hargreaves, solo o con Fink, de Byung-chul Han, más recientemente, o de la filósofa Marina Subirats, los psicólogos Edgar Cabanas y Eva Illouz, además de algunas obras colectivas.

En esta ocasión, el libro que comento, y que me ha encantado de principio a fin, es una obra de Antonio Viñao, catedrático de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de Murcia, en su edición de 2006 aunque apareció un poco antes, en 2002. Es un libro breve, dentro de una magnífica colección de Editorial Morata coordinada, de manera muy eficaz, por José Gimeno Sacristán. Tengo la mayoría de los títulos, concebidos como una ayuda a la comunidad educativa, en especial a los docentes, para acercarse a la temática pedagógica o, en nuestro caso, como profesores, refrescar algunos conceptos y ponernos al día en lo que se propone desde el ámbito universitario, muy bien representados por el elenco de personas autoras.

El libro de Viñao sitúa, en una primera parte, de manera sucinta y clarificadora a la vez, el sistema educativo español desde sus titubeantes orígenes hasta nuestros días. Es un repaso bien elaborado que muestra, por ejemplo, porque la primaria y la secundaria son tan distintas en sus visiones de lo educativo: ya fueron concebidas así, y el tiempo ha mantenido, al menos, esas diferencias conceptuales.

Como digo, es un itinerario ameno y accesible, comparando  el desarrollo de la educación formal obligatoria en países de nuestro entorno cultural y geográfico. 

El autor se adentra después en la cultura escolar, un conjunto de prácticas, creencias, tantas veces implícitas y no cuestionadas, que han ido acumulándose como sedimento, al igual que los ríos forman deltas a lo largo de los años. No es mal símil (este es mío, no de Viñao). El autor distingue tres tipos de elementos:

-Los actores, miembros de la comunidad escolar, siendo el profesorado el grupo más determinante en esa cultura.

-Los discursos, lenguajes, conceptos y modos de comunicación utilizados en el mundo académico y escolar.

-Los aspectos organizativos e institucionales, es decir, las prácticas y rituales de la acción organizativa, la marcha de la clase y los modos organizativos formales (dirección, claustro) e informales. 

Sin embargo, esta cultura escolar no tiene, en general, la atención de los estudiosos del currículum, ni por supuesto, la de los reformadores educativos, que la ignoran una y otra vez. De hecho, citando a Goodson, Viñao reconoce que el curriculum real y efectivo como "la caja negra de la educación". En realidad, lo que pasa en las aulas está regido por la cultura escolar particular del docente, del centro, de la etapa... y menos influido de lo que se podría pensar por otros factores externos más burocratizados.

Al hablar de reformas educativas, el autor contrapone las expectativas de los reformadores con la del profesorado, en un ejercicio de síntesis verdaderamente formidable, a mi entender. Un patrón que se repite y que parece escrito ayer, por la actualidad que presenta. La suspicacia del profesorado frente a la reforma, y la preferencia de los reformadores por los documentos prescriptivos conforman una unión que puede desembocar, tantas veces, en lo que Handy denominó cultura del rol, en la que cambian las exigencias burocráticas, pero no necesariamente la práctica real: se piden papeles, se dan papeles adecuados a esa demanda.

Evidentemente, las reformas cambian aspectos de la vida escolar, desde horarios a asignación y nombre de las áreas a estudiar, maneras de programar, carga lectiva de cada asignatura... Pero, como decíamos, la caja negra puede seguir casi inalterada. Porque no se reflexiona sobre ella.

En ese sentido, la LOMLOE plantea un cambio en el diseño curricular que, de ser bien aplicado, suscitará un nuevo marco de trabajo: de la unidad didáctica a la situación de aprendizaje, poniendo las competencias en primer lugar, no como hasta ahora. Pero en la realidad, muchos centros se han apresurado a adquirir los nuevos libros de texto que reproducen la unidad didáctica clásica añadiendo algún trazo de situación de aprendizaje. La cultura escolar, una vez más.

Termina el libro con una reflexión acerca del cambio escolar,  que viene a ser como un compendio de lo anteriormente expuesto, además de reafirmar el papel de la institución en las reformas, sean estas puntuales o continuas -aquí hablaríamos de la innovación. Vivimos en lo institucional, y la escuela como institución ha cambiado mucho... desde una perspectiva histórica. A veces perdemos de vista esta realidad, porque estamos demasiado pegados a lo inmediato.

Viñao repasa algunos cambios ocurridos en la historia de la educación en España, distinguiendo aquellos que fueron promovidos por la administración, otros que se produjeron más por prácticas consolidadas que fueron recogidas por la normativa y algunos que simplemente no triunfaron y se quedaron atrás. Parte siempre de un enfoque de larga duración: no se puede juzgar una reforma y sus efectos en una década, hay que ampliar el tiempo de análisis y, en lo posible, situar los hechos en la tradición histórica del sistema educativo concreto. Eso ayudaría a una mejor comprensión de los fenómenos de cambio, resistencia al mismo y síntesis que van configurando y renovando la educación formal.

Un desafío para el profesorado: comprender su cultura, preguntarse la razón de las prácticas consolidadas más allá del "siempre se ha hecho así" como primer paso a una mejor visión de nuestro desempeño profesional. Parafraseando una cita famosa, El agua no la inventó un pez, el pez vive en el agua. Somos peces en el agua, pero hay que salir a la superficie y situarse... en una tradición histórica que hemos de conocer, al menos de manera superficial, de la que no nos abstraemos. 

Esta reflexión sirve también para los reformadores, lógicamente: reformar sin tener en cuenta la cultura escolar, la gramática de la escuela, no produce cambios sustantivos y sostenidos, como ya hemos dicho en reiteradas ocasiones.

Lo mismo se puede decir de la innovación: no se puede reinventar todo, sino acomodar la novedad. Como bien dice Viñao, este dilema entre continuidad y cambio no puede resolverse en favor de ninguno de los dos polos. Es un diálogo constante, no exento de polémicas y enfrentamientos. Decir no a todo no puede ser la estrategia; nunca lo ha sido, en realidad, pero en este tiempo tan cambiante, menos que nunca. Pero aceptar cualquier moda, tampoco. ¿Qué os voy a contar que no sepáis, compañeros docentes? 

La innovación busca, por regla general, la difusión. Pero toda difusión sugiere modificación por adaptación, en palabras de Viñao. La negociación entre la propuesta metodológica, y el contexto en que se ha de aplicar. El grado de aceptación de la nueva práctica dependerá de esa negociación, que sin duda estará dentro de la cultura escolar. Para ello, un programa de formación sensato y pensado a medio plazo, por lo menos, es imprescindible. Se echa mucho en falta en esta reforma tan mal aplicada, la LOMLOE. Y es un déficit que la lastra considerablemente, sin duda.

Por concluir, estamos ante una obra interesantísima y actual que recomiendo leer y reflexionar, porque justamente necesitamos buena reflexión pedagógica.


sábado, 24 de diciembre de 2022

Balance desencantado de 2022

 Hace unos años, escribí un artículo en este blog titulado "Balance desencantado de 2015" en el que reflexionaba sobre la imposibilidad de un pacto político en educación. Con la LOMCE aprobada en 2013, iniciábamos una nueva reforma, con la LOE de 2006 apenas desplegada. 

Había habido cambios políticos importantes en el mapa autonómico. En el País Valenciano, tras veinte años de mayorías absolutas del Partido Popular, había empezado un gobierno bicolor apoyado por Podemos y sustentado por un pacto político llamado del Botànic, porque en ese jardín céntrico de Valencia se firmó el acuerdo, que ha seguido vigente hasta hoy y que será valorado en las urnas en las elecciones autonómicas de mayo de 2023.

Evidentemente, ha habido grandes diferencias de gestión entre ambos gobiernos, el popular y el tripartito del Botànic. Se han renovado muchos de los elementos legislativos que hacen que un sistema educativo funcione en una determinada dirección: la normativa sobre inspección, se ha avanzado mucho en inclusión efectiva, con leyes exhaustivas para la detección, seguimiento y ayuda a los alumnos con NEE; se ha regularizado la acogida al sistema educativo, se han actualizado los ROF de las etapas no obligatorias, se ha diseñado un nuevo modelo de educación plurilingüe que cree en el fomento efectivo de la lengua minorizada, el valenciano-catalán. Podría seguir, pero creo que queda ilustrado el cambio que ha habido en la administración educativa de mi tierra. Curiosamente, la gestión económica de los centros, cuya normativa es de 1995, sigue vigente (y muy desfasada en algunos aspectos). Otro aspecto a mejorar es la hipertrofia de legislación producida: casi imposible estar al día en todo.

Releyendo el artículo de 2015, no puedo evitar la sensación que tiene el personaje de Bill Murray en "El día de la marmota" al revivir el mismo momento una y otra vez. Reconozco que me gusta más el mito de Sísifo, al que aquí he aludido alguna vez (es lo que tiene llevar un blog desde marzo de 2012). Me confesaba cansado, decepcionado con el trato político a la educación española. Cómo expresar las sensaciones en 2022, con la insensata LOMLOE ya en vigor. Por si alguien me cree nostálgico de la LOMCE, puede revisar los artículos que escribí razonando mi rechazo a aquella ley y a su ministro, que ha desaparecido de la vida pública (sin que lo eche de menos, la verdad). Tampoco soy amante de la LGE y la EGB. Hay que especificar esto porque últimamente si no se está con la LOMLOE, parece ser que hay que estar con todo lo anterior. 

Y no es así. Una de las tristes constataciones de 2022 es la absurda, dañina e ineficaz polarización de posturas en el claustro docente, en el debate educativo en Twitter. Y, como en el cuento de los clavos y la valla, el desenlace dejará marcas. De hecho, ya se han ido muchos que compartían sin querer imponer, cansados de tanto alboroto desagradable. Han dejado Twitter o estan en silencio, participando mucho menos de lo que lo hacían. Yo mismo me planteo si tiene sentido exponerse y que caigan por todos los lados (o casi todos). Si el bloqueo preventivo ha venido para quedarse o he de afiliarme a un bando obligatoriamente, cuando tengo amigos en ambos y, además, una trayectoria profesional que me define, y que mi blog recoge ampliamente. ¿Por qué tengo que someterme a un escrutinio por parte de compañeros de profesión que cuestionan sin saber? ¿Vale la pena? Hemos adoptado las malas formas del debate político (si puede llamarse debate a ese lanzamiento de piedras al grito de "Y tú, más") y hemos perdido, no sé si irremisiblemente, la capacidad de cooperación desinteresada.

Lo más penoso es en Twitter que ya no se puede opinar de nada, ni de fútbol, sin temer las consecuencias en forma de insulto. Parece ser que lo progresista era querer que Argentina y Messi ganaran el Mundial. Me ha costado unos cuantos unfollows y algún bloqueo opinar lo contrario y pensar que había interés de FIFA por un desenlace en ese sentido, que Argentina y su capitán ganaran, como fuera, el Mundial. Hasta ahí, perfecto, si hay quien decide dejar de seguir, es perfectamente asumible, aunque sea por el mundial, que dentro de quince días recordaremos vagamente. Lo que no acepto es que haya quien, desde cuentas anónimas, cuentas B o C, no sé, se dedica a insultar gratuitamente, o a asignar sentimientos como "odiar a muerte" a un jugador por no seguir la corriente absolutoria de todo lo que hace. O peor aún, por criticar a una divinidad del planeta fútbol. Todo ridículo, pero así está Twitter; infantilizado y gamberrizado.

Dejemos Twitter, que en el fondo representa a una parte pequeña del profesorado en España, y menos va a representar con esta deriva. Respecto a 2022, ha sido el año de la apresurada y hasta cierto punto caótica aplicación de la LOMLOE, con curricula autonómicos publicados en agosto, septiembre... o  todavía esperando en algunas CCAA. El lema del ministerio ha sido "Deprisa, deprisa". ¿Por qué? Porque se tiene la expectativa de un posible cambio de gobierno central, que paralizaría una vez más esta reforma, como pasó con las dos anteriores. Había que hacer el cambio como fuera. Y la ministra del ramo, más dedicada a la portavocía de su partido que al ministerio. Así, difícil lo van a tener.

Paradójicamente, al no tener todavía la programación según la reforma, con sus situaciones de aprendizaje de las que emanarán las competencias específicas, muchos docentes han recurrido, más que nunca, a lo que propone el libro de texto, que se ha "adaptado" a LOMLOE en un santiamén, casi milagrosamente. O sea, que la primera consecuencia de la ley, en el universo real, es que se use más la programación de las editoriales.

Para otro día dejaremos un posible calendario razonable de aplicación de la reforma, algo que ya no se podrá hacer. Un cambio tan profundo en la programación y diseño curricular requería de mucho más acompañamiento, además de una campaña de persuasión de sus bondades. Ni lo uno ni lo otro.

sábado, 26 de noviembre de 2022

Por qué no necesitábamos la LOMLOE

 Hace más de dos meses que no publico una entrada en el blog. Septiembre y octubre son meses complicados en las aulas, con la programación, conocer al grupo nuevo, si es el caso, y situarse en el centro si, como me ocurre a mí, estoy en comisión de servicios. Tareas que se llevan parte del tiempo libre y, por supuesto, todo el tiempo que dedicamos a lo educativo. 

Además, hay otro factor en este curso 22/23: el desconcierto que ha causado, en mí y en muchos compañeros, el despliegue normativo y el inicio de la aplicación en los centros de la reforma LOMLOE. Una ley innecesaria, hecha de espaldas a la mayoría del profesorado, confusa en conjunto  y, en mi opinión, mal redactada. Queda claro que entusiasta de la reforma no soy, precisamente.

A veces, me sucede como a aquel político que, en los setenta o primeros ochenta, dijo aquella frase que ha hecho fortuna: Yo ya no soy de los nuestros. Pues eso me pasa a mí: siempre he creído que estaba del lado de la renovación pedagógica, aunque no haya sido de planteamientos radicales. En mi carrera académica, mis años en la escuela, he intentado probar ideas nuevas, contrastadas, para ayudar a mi alumnado a mejorar sus aprendizajes, haciéndolos más amenos sin renunciar al rigor en mis planteamientos. He seguido algunas normas propias que no me han funcionado mal, entiendo yo. A continuación, las explico brevemente.

Siempre conviene evitar la rutina, al tiempo que se han de crear hábitos intelectuales y de organización del propio trabajo del alumnado. Vaya ejercicio de equilibrio. Para ello, se han de presentar aprendizajes relevantes. En ese sentido, una actividad que no justifica su interés, no se hace. El libro de texto es una propuesta, no las tablas de la ley. Sí, ya sé que resulta evidente, pero en mi trayectoria me he encontrado con compañeras que hacían todas las actividades de todas las unidades. No podemos ser meros administradores del libro. Para eso sirve cualquiera.

 He insistido en las técnicas de manejo de información, intentando aplicarlas a todas las áreas. Hoy mismo hemos elaborado un esquema sencillo a partir de un texto expositivo en tercero de primaria. Mi alumnado dice que les gustan los esquemas, y alguno suelta: Es que a Salva le gustan los esquemas.

He dado muchísima importancia a la lectura comprensiva. En este blog tenéis una decena de artículos sobre el tema, que he unido a la animación lectora. Los docentes de primaria somos, sobre todo, maestros de primeras letras y de cálculo. En ese sentido, he reflexionado también sobre la escritura y las tipologías textuales, abjurando del predominio abrumador de la narrativa en las propuestas de manuales de texto y buscando alternativas que permitieran empezar a dominar la producción autónoma de textos. 

Mi clase siempre ha tenido una buena biblioteca de aula, y la hemos usado muchísimo, dándole un lugar preeminente en la clase, accesible y bien visible. Este curso, en que me estoy encontrando muchas dificultades para trabajar al nivel que corresponde con el grupo que tengo, he mantenido la biblioteca desde el principio y va dando buenos resultados. Además, otro año más soy el bibliotecario del centro.

He tenido varios blogs de aula, y he intentado acercar la informática al alumnado en prácticas con sentido, más allá de ir al aula de informática. Reconozco que, en los últimos cursos, he dejado más de lado esta faceta, al estar en la dirección de un centro y encadenar esta etapa con los años de pandemia, que han supuesto en mi caso no disponer de aula de informática por desdobles en los niveles de primaria.

He participado en muchas iniciativas de renovación docente (la innovación, término que viene de la empresa, es otra cosa) y sigo vinculado a algunas asociaciones que se han dedicado a organizar jornadas, conferencias, trabajo en red buscando un cambio en las aulas y los centros. Y he sido asiduo de actividades formativas que me han llevado a visitar media España en cursos de verano, seminarios o congresos. Por resumir, digamos que no me he quedado en mi aula haciendo lo de siempre. Y este curso he cambiado parte de mi práctica para ajustarla a la realidad del grupo que tengo, con el que voy a aplicar trabajo cooperativo de manera continua: un nuevo aprendizaje para mí.

Y me confieso un tanto aturdido ante los giros que va dando la legislación en educación, así como la práctica de muchos centros en los que se toman decisiones sobre metodología sin consenso o apoyándose en modas o eslóganes. Será que me hago mayor, pero no entiendo que se haya cambiado de arriba abajo la manera de programar el trabajo en el aula sin una formación previa y exhaustiva. Es más, tampoco veo la necesidad de ese cambio, no era lo que la educación formal requería, a mi entender.

En Twitter hemos pasado dos meses viendo a profesorado angustiado por no saber cómo llevar a cabo la programación de aula ante las exigencias de la nueva ley. Acuciados, además, por el curso ya en marcha y con los curricula oficiales de cada comunidad autónoma recién salidos (el valenciano apareció a mitad de agosto) o aún por ser publicados en los diarios oficiales.

El cuadro aludido en el artículo, en
 https://www.eitb.eus/es/radio/
Es de una falta de sensibilidad pasmosa que, tras dos cursos de pandemia en que hemos sufrido mucho a nivel profesional se aplique esta reforma en el primer año de normalidad. Es un maltrato al profesorado, considerado como simple ejecutor de lo que algunas mentes brillantes han diseñado para las aulas españolas, sin tener en cuenta, una vez más, la cultura profesional de la docencia, y saltándose la idiosincracia de los centros educativos.

Para acabar de completar el cuadro, las editoriales han sacado sus libros que, salvo excepciones, son los mismos de la LOMCE pero camuflados de LOMLOE, con alguna situación de aprendizaje, sí, pero con el mismo esquema de presentación de la información que siempre. Animo a quien quiera a que haga una investigación sobre los manuales de primaria, que son los que conozco.

Una reforma así requería, además de consultar al profesorado de manera efectiva, dos años para prepararla, con trabajo conjunto en los centros, reuniones deliberativas para llegar a unos acuerdos metodológicos y plantear alternativas creíbles a las unidades didácticas. Muchos no sabemos -ni se nos explica de manera clara- delimitar una situación de aprendizaje de la que emanen saberes, competencias específicas y a la que aplicar una evaluación bastante distinta a la que hacemos. 

Las reformas educativas de arriba abajo no son efectivas, está demostrado. Si además se pretende implantar una organización del aprendizaje similar al trabajo por proyectos, sin formación previa y con prisas, no le auguro mucho éxito a esta LOMLOE. 

Y quien dice esto ha escrito varios artículos contra la LOMCE, y no es contrario a la LOGSE. Pero una reforma que recuerda al cuadro de Delacroix, La libertad guiando al pueblo, cuando el pueblo es el profesorado y los cabezas de huevo son la mujer alegoría de la libertad, no es la solución. 

Un viaje al fin del sueño americano: Omaha

 Reconozco que he tenido mis dudas sobre hacer una reseña de Omaha, película estadounidense que vi en el cine hace una semana. Aunque no tra...