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domingo, 21 de junio de 2026

Por qué he dejado X-Twitter

Nunca pensé que llegaría a escribir este artículo, la verdad. Desde 2010 he estado en Twitter, que hace un tiempo se convirtió en X por la desgraciada adquisición de Elon Musk de la plataforma. De hecho, mi blog, este que lees, amable lector, es de 2012, y la interacción entre la red social y el blog ha sido una constante.

Hasta hace unos meses. Notaba cómo mis posts (ahora se llaman así) en los que daba difusión a mi trabajo en el blog pasaban casi desapercibidos. De hecho, no aumentaban significativamente las visitas. Digamos que no había repercusión. Por tanto, uno de los motivos que me han mantenido en X ya no estaba. No se debía, a mi entender, a la temática del artículo, sino a una tendencia propia de X que ignora mi contenido. Con casi ocho mil seguidores, la repercusión de lo que escribo es minúscula. Cansado de ver esto, va ganando terreno la desilusión y la desidia. Se empieza a entrar menos, a publicar más ocasionalmente, hasta que llega la pregunta: ¿Vale la pena seguir?

Ya habíamos dejado claro que Twitter-X no era un ámbito adecuado para el debate pedagógico, muy polarizado y sesgado, poco dado a los matices y a una visión holística, lejos de la dinámica de buenos y malos. En ese debate ya no entraba casi nunca, sabedor de que me caerían descalificaciones gratuitas y juicios de valor sobre mi trabajo, que tanta gente pondera sin conocimiento. Otro motivo para replantearse seguir.

Como me gusta interactuar, me puse a hablar de otras cosas que también me interesan: medios de comunicación, libros y lecturas, fútbol... Llega un momento en que no se sabe bien por qué se está ni para qué. Además, y no es un tema menor, estar conectado quita tiempo para otras tareas u ocupaciones de mayor valor añadido. Tengo comprobado que a más tiempo en redes, menor dedicación a la lectura y, lo que es más grave, la capacidad de concentración y de tiempo de lectura se ve afectada para mal, ya que cuesta más esfuerzo mantener la atención sin interacciones que son adictivas.

Con todo lo anterior, había que tomar una decisión desde la responsabilidad personal: aprovechar el tiempo o seguir por seguir, a ver si la tendencia cambiaba y recuperaba sensaciones. Pero no ha sido así. A la vez, el blog está marcando unos números increíbles de difusión, con cifras que no había visto antes. Sobre todo, de fuera de España: Estados Unidos en el primer lugar. Estoy sorprendido, aunque a efectos prácticos no hay ninguna mejoría, pues no gano un euro con el blog, ni nunca lo he pretendido. Ha sido y es un entretenimiento que me ha servido para reflexionar y ofrecer esta reflexión al conjunto de la comunidad educativa y a quien esté interesado en la educación.

No es un drama, ni tendrá conmoción en la fuerza, por usar un término friki. Simplemente, ya no reconozco la red que tanto me ayudó y de la que tanto disfruté. Supongo que Musk tendrá mucho que ver en esta deriva infame. Conmigo que no cuenten, eso es todo.


sábado, 6 de junio de 2026

La fugacidad de lo efímero y la atención menguante: un drama de nuestro tiempo.

 Algunos artículos, como este, vienen motivados por cosas que pasan en clase. Es lógico porque uno de los objetivos del blog es reflexionar sobre lo educativo, y lo que ocurre en las aulas es el meollo, donde se corta el bacalao. Eso sí, intentando trascender la anécdota, buscando significados más allá de las paredes que delimitan, pero solo físicamente, nuestra tarea.

Hace poco, expresé en X,  la versión actual del añorado Twitter, mi sorpresa por un hecho que ha ocurrido dos veces en poco tiempo. Como sabréis, en la educación valenciana hay una huelga desde el once de mayo. Me ha tocado ejercer servicios mínimos a tercer ciclo en este tiempo. La primera parte de la mañana la dedicamos a alguna tarea de comprensión lectora, sin avanzar contenidos, evidentemente. Tras la pausa del patio, pensé en poner una película para llegar así al fin de la jornada, que en mi caso es a las 14.00.

Hasta hace unos años, poner una película era garantía de éxito en primaria, a poco que se eligiera bien. El alumnado recibía la novedad con agrado, en líneas generales. En la actualidad, también se aprovecha lo cinematográfico para la programación en algunas áreas. Así, el curso pasado di Valores sociales y cívicos a sexto de primaria, y vimos Wonder, Matilda y Spirit, películas relacionadas con el planteamiento de la asignatura. Los filmes funcionaron bien, sirvieron a su propósito y creo que gustaron. Además, el visionado ocupó dos o más sesiones, ya que la asignatura es de cuarenta y cinco minutos. Durante el curso pudimos trabajar otros aspectos en otros formatos, añado.

Una joven Alaska en "La bola de cristal"
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En esta ocasión, el fin era solo recreativo. Estaba con alumnado de quinto de primaria, diez u once años. Mi sorpresa, como digo, es que muchos no quisieron ver la película antes incluso de ponerla. Sin evaluar el contenido, la temática... Esto pasó en dos ocasiones, y me quedé un tanto perplejo. De hecho, no acabamos de verlas. Los filmes eran distintos, aunque eran de animación. En ambos casos, solo una minoría mostró interés. Me quedé desconcertado.

Mi primera sensación fue de tristeza, una vez superada la sorpresa. No querer entrar en una narración a priori indica poco interés por conocer historias. Otra cosa es que la historia, cuando se está inserto en ella, no enganche, no emocione. Eso nos ha pasado a muchos espectadores habituales en el cine, si no a todos. Pero el rechazo previo... me preocupa. ¿Por qué pasa esto, por qué chavales que no han acabado primaria desarrollan prejuicios contra el cine convencional, de noventa o cien minutos, pensado para ellos? Me preocupa como aficionado al cine y como docente. 

Se puede pensar que más adelante aprenderán a valorar esas obras. No sé yo. La práctica hace maestros, y cuánto más cine se ve, más se acostumbra uno a su lenguaje; digamos que se requiere un aprendizaje informal, que en estos años se da naturalmente. No me parece adecuado que se lleve a los niños de pocos años al cine, a ver cosas que no entienden porque no están preparados. El placer se convierte en tortura. Pero los que sí pueden disfrutarlo... ¿pasan del tema?

Creo que Tik-tok tiene mucho que ver con lo que está pasando. El acceso indiscriminado a las redes desde muy temprano está haciendo estragos en la atención. Todo pasa muy rápido. De hecho, es una tendencia generalizada en lo audiovisual. Hace unos meses, volví a ver un vídeo en el que la cantante Alaska interpretaba La bola de cristal, el tema del legendario programa de mediados de los ochenta. El vídeo consistía en planos de ella bailando y cantando. La sensación de lentitud me invadía. Lo que era normal en los ochenta, hoy parece anticuado en cuanto al ritmo. Y eso se debe a la aceleración de los estímulos.

Tik-tok es el exponente máximo, a entender, de esta manera de proceder. Si nos afecta a los adultos, como acabo de comentar, ¿cómo no va a moldear la percepción de quien está formándose también en su manera de leer la realidad con atención? El smartphone configura una gramática de la comunicación, como nos dice Byung-chul Han en No cosas. Y la atención continuada, la capacidad de mantenerla, se resiente, disminuye, sufre. No es ocioso recordar que existe una edad mínima para entrar en las redes, edad que se ignora sistemáticamente.

Y llegamos así al desinterés por la narración, con su estructura, con su gramática, con su manera de mostrar el mundo, que nos ha hecho humanos desde siempre. ¿Es o no preocupante?

El tema da para mucho, por lo que amenazo con más artículos. Decía unos párrafos más arriba que mi preocupación también era como docente, no solo como un cinéfilo particular. La escuela no sabe, en general, cómo responder a estos cambios, cunde el desconcierto al que yo aludía. Pero eso ya será tema para otra entrada.

miércoles, 9 de abril de 2025

Pensamientos acerca de la Edujornada


 Hace unos días terminó la tercera Edujornada del Claustro Virtual que se ha celebrado, como las anteriores, en Madrid. Por segundo año consecutivo, el evento ha tenido lugar en el Caixafórum, un espacio cómodo y muy adecuado. Han asistido unos trescientos docentes, lo que indica el crecimiento de la convocatoria.

Este artículo no es una crónica al uso, como fueron los que escribí en la primera edición. Son más unas consideraciones, unas notas al margen, sobre lo vivido y reflexionado del cuatro al seis de abril.

Imagen del taller de juegos

Este año he podido acudir tras una edición en blanco, la de 2024. He visto algunas cosas novedosas. Una de ellas es que, contrariamente a la primera edición, X o Twitter no es el nexo principal de relación entre los participantes. Evidentemente, las Charlas Educativas están vinculadas a esta red, como el debate dominguero. Me refiero a que X ya no vertebra la relación entre la mayoría de asistentes: mucha gente joven tiene poca presencia en la red y, lo que es más preocupante, muchos docentes con años de bagaje la han abandonado, cansados de debates poco respetuosos, de shitstorms, de bandos de adscripción casi obligatoria. 

En su lugar, hay más uso de Instagram, algunos pocos vuelven a Facebook y muchos más se adentran en los cielos azules de Bluesky, buscando paisajes menos contaminados. De Tik Tok no opino, por falta de conocimiento sobre el tema. Cosas de mi edad. 

No es que me preocupe la salud mediática de X-Twitter. De hecho, la gestión de la nueva dirección es bastante penosa en diversos aspectos. Entre ellos, la manera de tratar las denuncias. Que insulten con todas las letras a un usuario, este lo denuncie y la respuesta sea "No infringe las normas". Pues vale.

Lo triste es que veo que se pierde un espacio de diálogo en una red que estaba predispuesta al mismo, que se pensó como microblogging y que permitía intercambiar opiniones y experiencias. No me detendré en reiterar el deterioro de esta red. Es un hecho. En ese sentido, las charlas y el debate del domingo son un foco de resistencia, como tantos docentes que continuamos por allí. Entiendo, no obstante, que muchos se dejen llevar por el cansancio y se vayan. 

En la Edujornada, compartí la comida de mediodía con un grupo de amigas con las que he coincidido en otras ocasiones. Como siempre, hubo risas y buen ambiente. Hablando de X, unas han cerrado la cuenta y han emigrado, otras se lo están pensando y la mayoría opta por un perfil bajo. Eso sí, no se perdieron la Edujornada, motivo, además, para reunirse y compartir unos días.

Este abandono de gente veterana en la red, unido a la juventud que no está de manera demasiado activa en la misma, me lleva a pensar en un deslizamiento en la relación entre profesorado que asiste a la Edujornada. Estoy convencido que Twitter (además de las charlas) dio origen a la primera edición, pero tal vez ha sido la propia dinámica positiva de las jornadas las que han hecho factible la tercera. En la primera, conocer y abrazar a personas con las que teníamos familiaridad virtual era, sin duda, un acicate importantísimo para asistir. En esta ocasión, ha habidos muchos reencuentros, pero también un interés genuino en lo que se planteaba en la jornada. Una convocatoria que no reporta reconocimiento de horas de formación, hay que recordar, y que es en sábado. 

Otra marca de la casa, la horizontalidad, se mantuvo para bien. Recuerdo entrar a acreditarme en la sala correspondiente y encontrarme a docentes con mucha presencia en X, con una legión de seguidores, tras la mesa donde recogíamos nuestra credencial. Momento de besos y de alegría, claro. La Edujornada es horizontal, aquí no hay gurús. Algunos han de organizar los talleres, han de estar en las mesas redondas, pero todo se hace desde la cercanía, sin marcar distancias. Ese es un valor contrastado.

Tras la acreditación, a los talleres matutinos, que me consta que fueron interesantes. Participé en el de juegos, porque quiero incrementar la presencia de los mismos en mi aula. Me llevé ideas potentes, y una presentación muy acertada por parte de los ponentes.

Después de la macrofoto, se llevó a cabo el plenario de la tarde. Para ello, se reprodujo el sistema del debate dominguero. A partir de la pregunta: ¿Está mejor el sistema educativo hoy que hace diez años? intervinieron docentes tanto en el escenario como desde el patio de butacas. Se produjo un intercambio de opiniones, matizaciones, intenciones... acerca de cómo estamos ahora con respecto a hace una década. Se consiguió que hubiera un equilibrio entre participantes, dando espacio a los que estábamos en la penumbra de la platea. Fueron dos horas y media de diálogo cuyo interés no decayó, en mi opinión.

Yo intervine casi al final, señalando que apenas se había mencionado la nueva ley en el análisis realizado, lo cual me llamaba la atención. Cómo no recordar a Viñao y su análisis de las reformas escolares, cuando afirma que no cambian la realidad escolar. También hablé de la necesidad de contar con indicadores fiables para valorar cómo está la educación. Hice referencia, por ejemplo, a la lectura y a la salud de las bibliotecas escolares. Terminé con una opinión sobre el estado del profesorado. Creo que estamos más cansados que hace unos años porque nuestra responsabilidad ha aumentado, si tomamos el término desde su significado primero. Responsabilidad es, en principio, dar respuesta. La docencia es eso, responder a múltiples demandas de atención, a preguntas y a conductas. En este tiempo, las aulas se han vuelto más complejas, y nuestras respuestas no pueden ser las mismas, han de ser más y mejores. Y asumir que el trabajo docente es exigente per se.

Dejamos para otro día el tema de cómo las instituciones fuertes sobreviven en una sociedad líquida, que es el fondo de la cuestión educativa en el siglo XXI, en mi humilde opinión.

miércoles, 1 de enero de 2025

¿Por qué sigo teniendo un blog?


 Iniciamos año y tenemos artículo nuevo. Las vacaciones de navidad son un tiempo propicio para echar una mirada hacia atrás, o hacia adelante, según convenga. Y el artículo va destinado a corroborar la continuidad de este espacio de opinión durante este nuevo año 2025. 

Ha habido otros artículos que podríamos denominar metalingüísticos, es decir, que reflexionaban sobre el mismo hecho de escribir en un blog. Así, a bote pronto, recuerdo "Por qué tengo un blog" y una entrada posterior sobre la pervivencia de los blogs: "La blogosfera. ¿Qué queda de lo que fue?" En ambos respondía a la utilidad personal y social de los blogs y su evolución en el tiempo.

La formación permanente, uno
de los temas habituales del blog

Ante la evidencia de pérdida de relevancia de lo que comparto en este espacio, me he planteado en los últimos tiempos dejar de publicar, aprovechando el fin de año, en una decisión consciente de dar por terminado un proyecto de escritura sobre educación que me ha ayudado, como decía en su momento, a reflexionar en voz alta sobre el aspecto institucional de lo educativo. Nunca he querido sacar rédito de lo escrito; de hecho, no he buscado dar ponencias, ni escribir otros artículos remunerados (alguno he escrito). Digamos que el blog era una manera de ordenar mis ideas y de ofrecer alternativas a la comunidad educativa.

Como decía, estaba rumiando la decisión de cerrar el quiosco, dejando, eso sí, más de doscientos artículos en la red que siguen siendo consultados, sobre todo los de cine y educación. Soy consciente de que mi estilo de redacción no facilita la lectura ligera; escribir un artículo requiere, en mi caso, una preparación de información y de referentes. Escribir cualquier cosa sobre cualquier tema no es mi estilo. Por eso, la cadencia de publicación no es exigente: dieciocho artículos al año, cifra que he cumplido casi siempre. 

El blog ha recogido peripecias personales como ejercer la dirección de un centro de infantil y primaria durante cuatro años, los problemas que conlleva la tutoría en primaria, mi experiencia como bibliotecario escolar... y mi amor por el cine, en especial el de temática educativa. Ha sido un testigo de mi trayectoria profesional. También ha habido lugar para rechazar -desde el razonamiento pedagógico- las dos últimas reformas, la LOMCE y la LOMLOE. Además, he reseñado una docena de libros y he escrito crónicas sobre formación continua a la que he asistido.

Dos espinitas tengo clavadas, aunque la herida ya no sangra. La primera, no haber obtenido una peonza al blog, a pesar de ser finalista en dos o tres ocasiones, cuando proliferaban los blogs. La segunda, ver el desinterés que casi siempre despertaba mi blog en mis compañeros de claustro. Qué pocas veces me han comentado algún tema después de haberlo leído. Nadie es profeta en su tierra, dice el texto bíblico. Bien, puedo dar fe. Y no hablo de un centro solo, es común a los que he estado desde que empezó esta aventura. Como dicen en mi tierra, El santo, cuanto más lejano, más milagroso. Debe de ser eso.

Supongo que el giro que ha dado X-Twitter también tiene que ver con esta época de menos relevancia de los blogs, incluído el mío. Además, suben con fuerza los podcasts, y muchos docentes ya han incorporado Tik-Tok a sus redes. No es mi estilo, ni lo va a ser. En cuanto a X, ha perdido muchos profesionales de la educación, cansados del ambiente irrespirable alrededor del debate educativo o hastiados de los devaneos y ocurrencias de su dueño actual, Elon Musk. Todo influye.

Por tanto, seguiré escribiendo humildemente lo que considere que es relevante en educación. En mi estilo, que ya no cambiará, me temo. Acabo con una frase que dijo Vázquez Montalbán cuando le cuestionaron que todavía estuviese en el extinto PSUC: Tiene que haber alguien que apague la luz al salir.


lunes, 18 de noviembre de 2024

El imposible debate educativo en Twitter: un caso concreto

 Voy a hacer algo nuevo en este blog. Aparte de cambiar el tipo de letra, aspecto que puede pasar desapercibido. Este artículo quiere responder y explicar una controversia ocurrida en Twitter-X este fin de semana. 

Ya estoy acostumbrado a que, cuando planteo algún episodio sucedido en clase que me llama la atención, algunos usuarios cuestionan mi profesionalidad. Podría decirlo de otra manera, pero es así: o no estoy bien preparado, o no me preocupo de mi alumnado, o no tengo en cuenta la diversidad. Hay más reproches, pero digo los más comunes. Otra modalidad es censurar que me desahogue, como si la docencia fuera, en sí misma, un ejercicio inmune al desánimo, a la falta de comprensión de lo que ocurre en el aula. Somos docentes y no podemos decir que las cosas van mal, porque el alumnado siempre lo hace bien. Y no es así. 

No es que el alumnado lo haga siempre mal, atención. Yo no creo eso ni nunca lo he dicho. Quejarse de nuestro alumnado es inadecuado, por lo menos. Ya no digo si se les menosprecia o ridiculiza en redes o en el aula. Comentar situaciones que me chocan y me superan es otra cosa, entiendo yo. Expreso mi perplejidad.

En Twitter-X tengo un perfil tranquilo. Me siguen docentes de distintas tendencias, de hecho me siguen OCRE y DIME. Busco la centralidad educativa porque en esta profesión nada es blanco o negro, sino que la tonalidad de grises la define mejor. Soy un profe que reflexiona desde siempre sobre lo que hace y por qué, además de no perder de vista las tendencias no solo educativas sino sociales o, mejor dicho, de la sociología y de distintos autores a los que leo y comento en el blog.

No busco reconocimiento, creo, ni palmadas en la espalda. Tengo un blog porque me ayuda a reflexionar y es una ventana para publicar esas reflexiones sobre cine y educación, profesorado, lectoescritura, organización escolar... Temas sobre los que opino habitualmente también en X. Tristemente, cada vez comento menos cosas sobre mi práctica, porque sé que voy a disgustarme. Explicaré el último caso.

En matemáticas de 4EP estamos revisando la multiplicación. Un día a la semana, la mitad del grupo va a informática y la otra se queda en clase. Aprovechando esa circunstancia, planteo trabajo de cálculo o resolución de problemas con un grupo reducido. En esta ocasión, les di una ficha de dos caras con ejercicios de tablas. Mi intención era quedarme con las fichas y calificarlas, sin decir nada al alumnado, solo que no podían consultar las tablas.

A la hora de hacer las fotocopias, cosas de la prisa, me equivoqué en una cara y la reproduje dos veces. Para aprovechar una cara, por lo menos, hice diez fotocopias de la cara buena (que no había fotocopiado anteriormente). Cuando el grupo hizo la actividad, les dije claramente que pegaran las dos fichas por la cara que no servía, y así no las graparíamos. Y me puse a ayudarles con sus dudas sobre los ejercicios.

Iban acabando e iban pegando. Nadie preguntó cómo se hacía. Cuando me di cuenta, vi que habían pegado las fichas... en la libreta. Libreta que no se había usado, ni siquiera hacía falta sacarla de la mochila. La verdad es que me sorprendí, y no agradablemente. La instrucción era clara: no hacía falta libreta, la ficha era para mí. 

El pasado sábado comenté este episodio en la red sin dar demasiados detalles. Acabé preguntando si tenemos un problema en las aulas. Un problema de atención, evidentemente.

Ha habido muchas respuestas que comparten esa sensación mía. Otras pedían más información (esta red tiene ese problema, falta contexto y se omiten detalles) y un tercer grupo ya hablaba de poca concreción en la instrucción dada, de cómo no era capaz de controlar esa situación con tan poco alumnado, cuestionaba qué estaba haciendo yo mientras tanto... o me afeaba que hablara de fracaso del alumnado, cosa que no hice. 

Normalmente contesto todas las interacciones a mis tweets, a no ser que sean numerosísimas, cosa que pasa pocas veces, la verdad. Esta vez, también. Al encontrarme con ese tono displicente o directamente descalificador, he intentado explicarme... hasta un cierto punto. Pegar las fichas no era la actividad, era simplemente dármelas de una manera concreta. En la clase me preocupé de las matemáticas, claro, que era el objetivo. Después, no hubo dudas con cómo proceder a pegarlas: hicieron lo que consideraron, no me preguntaron. Cuando me di cuenta, estaban en la libreta. ¿Tenemos un problema o no?

Y esta anécdota me lleva a hablar de la falta de atención del alumnado, ya en primaria. No me quejo de mi grupo (es un buen grupo, y si no lo fuera, no lo diría aquí). No les acuso de "fracasar" porque no fracasan si se equivocan. A mí sí que me han dicho que es mi fracaso que no lo hagan bien: a algunos la empatía se les acaba con el profesorado, a lo que se ve. 

No me duele que cuestionen mis decisiones, me duele que juzguen un trabajo, el mío, dando por sentado que me falta formación o interés, como decía antes. Que si tengo dificultades, es porque no hago bien las cosas. Y evidentemente me equivoco en clase. Pero que esa sea la explicación recurrente... no.

En fin, no seguiré contando cómo va esa red social. Este fin de semana también he visto el abandono de muchos docentes que dejan X en busca de otros espacios menos hostiles. No es mi caso, seguiré aquí aunque restrinja mis comentarios sobre mi práctica, ante la inquisición de algunos perfiles. No me gusta bloquear, de hecho bloqueo poco, no me sale casi nunca; solo si hay insultos o descalificaciones gruesas. O como respuesta a otro bloqueo anterior. 

Puedo entender que muchos, cansados de este calamitoso modo de interactuar, consideren que no vale la pena el esfuerzo. Se devalúa el claustro docente, las aportaciones de profes y expertos que desaparecen del TL para no volver. Al final, solo quedará el ruido.


jueves, 16 de mayo de 2024

Vuelven las Jornadas JALEO, pero sin apoyo de la administración educativa.

 He dejado pasar unos días antes de escribir este artículo. Es bueno no escribir en momentos de euforia, ni en momentos de indignación. Además, en estos días he preguntado por el tema y he esperado por si había sido un retraso, un olvido o similar. Pero no. Las jornadas JALEO 24, que aquí hemos reseñado desde 2018, no van a ser parte de la formación ofrecida por la administración educativa valenciana para este verano. Un auténtico despropósito para mí, y para muchos docentes que encontrábamos en esta convocatoria ideas, autores, experiencias relevantes sobre animación lectora. Desconozco las circunstancias técnicas de la decisión, si las hay. 

He asistido a estas jornadas siempre que he podido. En 2017 se solaparon con una estancia organizada por Conselleria en Gran Bretaña actualizando mi inglés. Por cierto, ese año fue la UIMP quien acogió JALEO.

Imagen promocional de
JALEO 23, en su web.
En 2022, fui miembro de tribunal de oposiciones y tampoco pude acudir. En 2018 todavía se celebraron en la facultad de Filología de Valencia, en la avenida Blasco Ibáñez. Después, disfrutamos durante unos años de la Biblioteca Valenciana, en el edificio de Sant Miquel dels Reis, un espacio fabuloso y con mucho sentido: ¿Dónde celebrar unas jornadas de animación lectora mejor que junto a una biblioteca?

La calidad de JALEO está demostrada en sus ediciones. Este año, justamente, se celebra la décima, que será más complicada, supongo, que las anteriores. La apuesta de los organizadores, Mar Benegas y Jesús G, era y es tratar la LIJ desde diversos puntos de vista: de autores, editores, ilustradores, bibliotecas y, por supuesto, profesorado. Esta ambición de totalidad se traducía en presencia de todos los sectores implicados, y daba una visión muy interesante y completa de qué se cuece en la LIJ. 

No voy a hacer mención de todos los buenos ratos pasados, de lo mucho aprendido, de las notas tomadas. Si queréis ilustraros, tenéis a vuestra disposición las crónicas que he realizado en cada edición que he podido asistir. Sí me gustaría dejar claro que han cubierto las expectativas de los asistentes, muchos de los cuales repetían. Pues bien, todo eso no es suficiente para quien dirige la formación permanente valenciana, para el CEFIRE de plurilingüismo que no ha autorizado su inclusión en la formación permanente del profesorado. Es incomprensible desde parámetros de utilidad pública. Además, hay que tener en cuenta que muchas personas que trabajan en bibliotecas públicas acuden, auspiciadas por el colegio oficial, el COBDCV. La atención que se ha prestado siempre a la colaboración entre escuelas y bibliotecas, a la difusión de las prácticas de animación lectora que se realizan en las bibliotecas públicas garantiza el interés del sector. Pero a lo que se ve, esto tampoco se ha tenido en cuenta.

A pesar de todo, las jornadas se van a celebrar en otro espacio, el Teatre el Musical, en los Poblados Marítimos de Valencia, también en julio. La diferencia es que cada docente que quiera asistir tendrá que desembolsar 80 euros, como el público en general. Siempre asisten muchas personas de otras partes de España que abonan la matrícula por el interés que suscita JALEO; es decir, como en cualquier congreso educativo. Los docentes valencianos teníamos una ventaja al no haber de pagar matrícula y, a la vez, poder certificar la asistencia como horas de formación continua. Todo eso ha desaparecido con los nuevos gestores políticos, los que van a tramitar una ley de libertad educativa, pero que será para lo que a ellos les interesa. Y, por lo que se ve, estimular la formación en lectoescritura y animación lectora no está entre sus prioridades. 

No voy a perder el tiempo elucubrando sobre las motivaciones de esta pérdida, de este portazo a un evento que ha demostrado su solvencia y utilidad. He interpelado a dos cuentas de X, la de la Conselleria de Educación y a la del CEFIRE de plurilingüismo por si tienen a bien explicarse públicamente. Hasta ahora, no ha habido respuesta (la primera me sigue, así que habrá leído el mensaje). Si es cuestión de financiación, supongo que se podría haber negociado y ajustado el presupuesto. Tampoco se entiende, aunque eso no depende del CEFIRE, que se deniegue el uso de la Biblioteca Valenciana. 

El asunto no tiene buena pinta, se mire por donde se mire. Por concluir, me siento decepcionado y preocupado por el rumbo que está tomando la formación permanente valenciana. No hay, de momento, convocatoria de puestos de asesorías en los CEFIRE, y a lo que se ve, tampoco criterios para mantener iniciativas coherentes y provechosas.

Dicho esto, si se me dan razones y argumentos lógicos para mantener fuera de la oferta formativa las X Jornadas JALEO, lo reflejaré aquí al igual que estoy haciendo ahora. Pero lo dudo.



martes, 9 de abril de 2024

Crónica de la II Edujornada... desde la distancia

 Hace unos días se ha celebrado en Madrid la segunda Edujornada, en el Caixaforum de la capital. Por razones personales, no he podido asistir en esta ocasión. No he estado muy activo en redes sobre este tema, porque entiendo que el protagonismo lo tienen los docentes que toman parte en la jornada, no los que, por diversos motivos, no hemos acudido aunque nos inscribimos en su momento.

Momento de la bienvenida de Ingrid Mosquera.
Foto de Elisa Peinado.

Comentando la jornada y su éxito, dije que una de las cosas que echaba de menos era escribir una crónica personal de lo vivido. El año pasado, la Edujornada dio para tres artículos en mi blog, y eso que no son breves, precisamente. Medio en broma medio en serio, David G. Gándara, @mr_rookes, me ha animado a comentar cómo se ve desde fuera y Carlos Magro @c_magro, intervino a favor. Con dos padrinos así, cómo negarse.

Así que, aquí me veis (o me leéis) escribiendo sobre esta segunda Edujornada, más grande en tamaño que la primera, con más infraestructura, más asistentes y mayor repercusión, creo, en redes. Como en la primera edición, se notaba el buen rollo, la sintonía entre docentes de distintas etapas, procedencias y maneras de entender la educación. La ilusión por conocer en persona a tantos compañeros, muchísimos de ellos en Twitter, era evidente. 

Hay docentes con muchos seguidores y gran predicamento en internet. Lógicamente, poder saludarlos, hacerse una foto con ellos, es un aliciente. Más todavía si intervienen en alguna mesa, o en una ponencia, o coordinan un taller. Una oportunidad fantástica de aprender y de compartir. Porque todo no puede quedarse en abrazos y fotos. Hay que volver con las alforjas llenas de ideas, de interrogantes, de sugerencias para revisar nuestra práctica.

En otros casos, había reencuentro entre profesores que habían coincidido en otras convocatorias. Uno de los disgustos de no poder ir a la jornada es ese: dejar de abrazar y de charlar distendidamente con tantos compañeros que hemos compartido formación en tantas ocasiones y lugares. Formación y cervezas, claro.

Como vemos, algunos son veteranos en los edusaraos, otros se han incorporado hace menos. Es lo mismo. Recuerdo el año pasado, cuando alguien se presentaba con cierta timidez, diciendo "Es que estoy poquito en redes". No hay problema, no es un problema usar poco las redes sociales. No desvirtúa ni quita valor a lo que se hace en el aula. Es verdad que participar en el espacio común, en esas plazas públicas que son X, Instagram, o Facebook, o en ese escaparate prodigioso que es Pinterest, con un propósito de compartir lo que se hace, lo que se piensa, enriquece al conjunto de usuarios, de compañeros docentes.

Porque una de las claves del éxito de la Edujornada es la horizontalidad. No se está en un nivel superior de "expertos" que hablan y otros escuchan y toman apuntes. No hay cesarbonismo. Esta horizontalidad es también marca de la casa de las charlas educativas, origen de estos dos encuentros. Docentes que opinan y aportan desde su óptica y circunstancia laboral. Tampoco se busca el espectáculo. No hace falta.

Otro factor sobre el que he reflexionado es el ambiente que se respira. Aunque a veces seguir los foros previos se me hacía pesado, por la gran cantidad de mensajes, la alegría es el sentimiento más compartido. Una alegría sentida de distintas maneras, porque diferentes son las circunstancias de participación, como veíamos más arriba... pero todos participan desde la horizontalidad. La estructura de las mesas redondas, de los talleres, así lo promueve.

Y, ¿por qué esa alegría? Porque es necesaria. He llegado a esa conclusión. En una profesión tan vapuleada por factores externos, por cambios legislativos, por la propia división que se ve entre el profesorado en redes, necesitamos alegría de la buena. Descansar del hastío del agrio no-debate en X. Reconocernos como compañeros, como partícipes de una misión preciosa: educar. Necesitamos defender la alegría como una trinchera, que escribió Benedetti. Como un estandarte, como una certidumbre.

En https://frasesbuenas.net/

Y, además, porque la desvirtualización permite la humanización. Escribir delante de una pantalla es una cosa, pero hablar alrededor de una mesa es otro nivel. Compartir una comida, unas tapas con sus vinos o cervezas es un acto que nos aproxima. Por eso es una buena iniciativa que se ofrezca a los asistentes, desde la organización, la posibilidad de comer o cenar acompañados.
 Por último, la preocupación por el que viene sin compañía, que son muchos: nadie se siente solo, ese sentimiento dura hasta la acreditación. A partir de ahí, se habla, se saluda, se entra en la dinámica. Y se aumenta la alegría.

Recuerdo, en contraste, un fin de semana formativo en Almansa al que acudí solo, hace unos años. Pues bien, no crucé palabra con nadie en el recinto donde se celebraba. Del teatro al hotel y viceversa. La edujornada es otra cosa.

Como conclusión final, es manifiesto que todo el montaje de la jornada, lo que no se ve, lleva un inmenso trabajo que un grupo de entusiastas realizan desde hace meses. A ellos debemos gratitud y un cálido homenaje. 

La edujornada nos presenta, en definitiva, una imagen de lo mejor del claustro virtual, dejando claro que la diversidad no está reñida con la armonía, y que sigue siendo posible la cooperación docente. A por la tercera edición.


martes, 2 de enero de 2024

Conocer la realidad escolar más allá de la nuestra: TALIS, por ejemplo.

 La educación sigue dando que hablar. Hasta cierto punto, es inevitable, puesto que la educación es un asunto público, y está en el punto de mira social. No me refiero a la escuela pública frente a la escuela privada; es la propia educación, como esfuerzo y como anhelo, la que tiene carácter público, es decir, se deciden democráticamente sus principios generales a través de las leyes orgánicas, y se somete a un control jerárquico basado, sobre todo, en el respeto a la ley. 

Este preámbulo obedece a la generalización del debate sobre educación en las redes sociales: temas que, de manera cíclica, aparecen y desaparecen del discurso sobre educación. Las vacaciones escolares y cuándo situarlas, los resultados en evaluaciones internacionales, el acoso escolar o, últimamente, la influencia de las pantallas en la educación obligatoria. Podríamos citar más, evidentemente. Son indicativas del interés que despierta lo educativo.

Hemos hecho referencia, en este blog, a la cultura escolar, ese conjunto de características que diferencia a los centros y les da su personalidad: las festividades que se celebran y las que no, la relación con las familias, las facilidades para realizar actividades extraescolares...

Hay temas más ocultos, como la manera de tomar las decisiones, la periodicidad de los claustros, la calidad democrática y discursiva de las reuniones, las prioridades en la acción o en la inversión de recursos... Características todas ellas que se ven, sobre todo, estando en el centro. Esa diversidad complejiza el análisis y refuerza la idea de que cada escuela es un mundo. Tomar nuestro propio centro como medida de todas las cosas, no sirve. Lo mismo podemos decir de nuestra aula o asignatura. No da perspectiva suficiente.

Portada del último informe TALIS

Sin embargo, se puede llegar a conclusiones generales. Se utilizan instrumentos como TALIS (Teaching and Learning International Survey, es decir, Estudio Internacional sobre Enseñanza y Aprendizaje) cuya última edición disponible es de 2018 y se anuncia una nueva para 2024. Es muy interesante y revelador sobre temas como, por ejemplo, la retroalimentación recibida por el profesorado y la frecuencia y modos de colaboración entre docentes.

Por tanto, conocer estas estadísticas internacionales nos sitúa y nos da información sobre cómo percibimos los docentes nuestro desempeño y de qué manera se posiciona a nivel internacional, con la UE y la OCDE como espacios de referencia. 

Hace poco, ha tenido lugar la enésima polémica en redes entre profesorado. Esta vez, acerca de la visibilidad de la práctica docente, a partir de un titular del diario "Ara". Por desgracia, se ha tomado la cuestión como un hecho meramente físico: tener la puerta abierta o no, cuando se refiere más a una actitud de apertura u ocultación de la propia práctica. Susceptibilidades aparte, ¿qué dice TALIS 2018 de este tema? 

El Volumen II de la edición española deTALIS 2018 estudia, entre otros aspectos, algunos apartados concretos de colaboración entre profesorado. Nos pueden dar luz sobre la situación en nuestro sistema educativo, más allá de las percepciones personales, mediatizadas, como veíamos, por las distintas culturas escolares existentes.

En general, estamos por detrás en varios apartados respecto a la media, y superamos esa media en otros. Hay que decir que no se disponen, en el estudio, de medias para educación primaria, pero sí para secundaria.

La colaboración con otros docentes está por debajo de la media en: docencia compartida, observación de otras clases con comentario, actividades conjuntas y en intercambio de materiales didácticos.

En cambio, se supera la media en: hablar sobre la evolución académica del alumnado, asistir a reuniones de coordinación, elaboración consensuada de baremos de evaluación, participación en actividades compartidas de formación.

Primaria supera a secundaria en todos los apartados, excepto en la colaboración docente a través de la movilidad transnacional, donde secundaria obtiene puntuaciones más altas.

Otro aspecto a considerar es la retroalimentación sobre la práctica docente (feedback en el informe). España va por detrás en todos los indicadores, excepto en resultados de centro y de clase, apartado en que empata o supera ligeramente la media europea en secundaria. Mención aparte merece la ausencia total de feedback en el profesorado de primaria (20%) o secundaria (17%). Es decir, una quinta parte del profesorado no recibe ninguna información sobre su práctica que le permita reelaborar, revisar, modificar... lo que hace. Las medias europea y de OCDE son 12 y 10 por ciento, respectivamente.

Siguiendo con la retroalimentación, también se pregunta por el impacto que este feedback supone sobre diversos aspectos de la práctica. En primaria, los resultados son superiores a secundaria en todos los aspectos. Por su parte, secundaria obtiene resultados inferiores a las medias internacionales en todos los apartados excepto en métodos para enseñar contenidos plurilingües y multiculturales, en el que se sitúa entre las dos medias (16 y 18 por ciento).

Además, se estudia la evaluación del trabajo docente. Empezando por el simple ejercicio de evaluación, encontramos que una cuarta parte del profesorado encuestado no ha tenido evaluación de ningún tipo en su centro; en primaria, el resultado es aún mayor (29%).

Respecto a las fuentes de la evaluación, estamos por muy debajo en evaluación por parte de dirección o miembros del ED, o por otros docentes (la mitad del porcentaje internacional) y en la media en lo que se refiere a personas u organismos externos. Es decir, que somos evaluados mucho menos que en el panorama internacional. 

En los métodos empleados, superamos la media en resultados externos, de centro y de aula y en encuestas al alumnado; estamos por debajo de la media en observación directa y en evaluación de los conocimientos docentes sobre los contenidos (un 24% inferior a la media OCDE, y un 22% respecto a la UE). Curiosamente, se evalúa más en primaria (42%) que en secundaria, con un 36 por ciento.

Como podemos constatar, en líneas generales, el conocimiento de la práctica docente y la colaboración entre profesorado muestra unos índices inferiores en España que en el panorama internacional evaluado en TALIS. 

Por si queréis ver los datos exactos, aquí tenéis un enlace al resumen del apartado de colaboración:

Resumen ejecutivo TALIS 2018

O, si preferís el apartado concreto en un formato más cómodo:

 Boletin_de_educacion_educainee_no_59._TALIS_2018.pdf

Espero que toda esta información sea de vuestro interés. La próxima edición de TALIS se espera para el primer trimestre de 2024, es decir, dentro de unos meses.




jueves, 4 de mayo de 2023

A modo de conclusiones sobre la Edujornada (y III)


Cierro esta serie de artículos sobre la primera Edujornada con unas conclusiones personales que también intentan recoger algunos comentarios e intercambios de impresiones con otros asistentes al evento. En ningún caso quieren ser categóricas; es más, me gustaría que en los comentarios a la entrada salieran otros puntos de vista que complementaran lo dicho aquí. Y además, encierra cierta dificultad de síntesis, porque ya se han esbozado conclusiones en los dos artículos anteriores. Lo intentaré.

Mi primera valoración tiene que ver con el esfuerzo realizado, que ha sido mucho y discreto durante varios meses. La organización ha funcionado bien, y de manera generosa y paciente. Iniciar un evento que no es lúdico, exactamente, pero tampoco es académico exclusivamente, requiere un grado de equilibrio considerable. Y se ha conseguido, en mi opinión, de manera notable. Tiempo habrá de revisar lo hecho desde la distancia temporal, pero que quede constancia de la dificultad y la pericia para llevarlo a cabo.

Una segunda conclusión es que era una cita necesaria, por varios motivos bien justificados. El primero de ellos, entiendo, era superar las dificultades de encuentro físico que nos trajo la pandemia, que nos limitó durante dos cursos de manera severa. Es cierto que ya pasó, pero una quedada así reafirma su final, al poder abrazarse, besarse... Una positividad que nos refuerza, sin duda.

Esta doble vertiente, la de la red y la de la realidad, es complementaria desde el inicio de la web 2.0: ha habido muchas quedadas, jornadas, congresos... que han nacido del contacto en Twitter. Esa simbiosis se vuelve a dar con la jornada en Madrid, aunque es cierto que no se había perdido del todo. Y podemos hablar del fenómeno contrario: a partir de coincidir en un evento, se han establecido relaciones virtuales posteriores. 

Otro comentario que escuché, entre varios participantes, es la sensación de no estar solos en los planteamientos pedagógicos y didácticos. El claustro virtual nos reconforta, al ser un espacio de colaboración y de diálogo entre iguales, como desarrollamos a continuación. Y en Twitter algunos llevamos muchos años, y otros son recién llegados, como quien dice. Así que esa sensación de bienvenida, de hallar compañeros, siempre va renovándose. Para muchos fue la primera vez, y se notaba en la ilusión que desprendían. Otros ya llevamos unas cuantas quedadas y jornadas a las espaldas. Pero allí, todos éramos iguales.

Abundando en este punto, se ha podido constatar, tanto allí en conversaciones y debates, como después en Twitter, que se han dado pasos para recuperar, o incrementar, la  horizontalidad entre usuarios que comparten, independientemente del status que tengan en la red. Todos tenemos algo valioso que podemos aportar, presentar al claustro virtual por si le sirve a algún docente. Se puede superar el miedo o pudor (expresión de Dolores Ojeda) que impida tomar parte en el discurso o en el conjunto de experiencias porque "lo mío no tiene valor". El modelo de gurú ya lo tenemos superado, creo, y más aún el de tweetstar.  no deben distraernos de la opción de participar, de ofrecer contenido, de mostrar lo que hacemos, huyendo de la espectacularidad, añadiría yo.

Otra razón que veo para celebrar esta reunión es superar el mal ambiente que se ha instalado en parte del claustro virtual, caracterizado por un enfrentamiento en cualquier tema que se plantee, enconado en sus planteamientos educativos y que aporta poco, en verdad, al debate relevante sobre cómo mejorar nuestra práctica docente. Ese cielo lleno de nubarrones, en ocasiones muy negros, ha disuadido a docentes valiosos de seguir en Twitter o de participar de manera más activa. Ese ha sido uno de los motivos principales de preocupación para mí: la pérdida de capital humano en el claustro virtual a causa del enfrentamiento estéril, que asusta o disuade... y que al final es ruido.

En sentido contrario, las charlas educativas, por ejemplo, son una iniciativa que proporciona caminos para la reflexión, dejando que cada cual tome sus decisiones, aquello que le interesa o convence, sin descalificar. Y han sido un factor aglutinante, ya que muchísimos de los asistentes han participado y han conocido el trabajo de Ingrid Mosquera a través de las charlas y sus encuestas en Twitter.

Por ayudar, a modo de sugerencia para otras ediciones, yo habría organizado una presentación informal el viernes por la tarde. Me gustó la encuesta, breve pero muy justificada, que nos hizo Elisa Peinado en su intervención en el debate: cuántos éramos de infantil, de primaria, secundaria, FP, y los dos sectores menos visibles (de manera injusta, he de decir): FPA y EOI. Se trata de una información global útil, que podría incluir lugar de residencia, y configurar así un retrato más preciso de la asistencia. Aunque no hubiéramos estado todos, por cuestiones de viaje, habría sido interesante, y habríamos podido recoger las acreditaciones, por ejemplo, en un acto más colectivo. La sugerencia queda hecha.

Me ha gustado el nivel de la parte más académica, los debates y mesas redondas. Creo que es imprescindible el diálogo docente que trascienda lo cotidiano, aunque llegue a englobarlo, y presente alternativas de significado compartido. No podemos quedarnos, en mi opinión, en un desahogo comprensible o en una versión atenuada de la cultura de la quejaSe ha optado, evidentemente, por la horizontalidad y la participación. Incluir una persona relatora de cada actividad (o un pequeño grupo) podría ser una propuesta de mejora a considerar.  

En consonancia con el párrafo anterior, no podemos limitar estos encuentros a los aspectos afectivos ya mencionados, que nos reconfortan, sin duda, pero son un tanto efímeros. En cambio, las ideas que compartimos, la visión distinta a lo que creemos, la perspectiva de otra etapa o realidad, nos enriquece de manera más permanente, más allá de besos y abrazos.

Por último, la complejidad del sistema educativo, su exigencia profesional y personal, la inestabilidad legislativa tan propia de la democracia española y el cambio social en costumbres y modos de vida dibujan un panorama en el que la docencia necesita apoyo, formación y actualización. ¿Qué mejor manera que ayudarnos entre nosotros, compartiendo y debatiendo para encontrar soluciones? Hay nivel y conocimientos, y voluntad de colaboración. Twitter sigue siendo una herramienta formidable, como confirmamos cada día, pese a todo. Y el claustro virtual muestra mucha vitalidad y diversidad de enfoques, intereses, miradas... que podemos aprovechar en beneficio mutuo.

 Recuperar el espacio público para el desarrollo profesional docente, ese es el objetivo. La Edujornada fue un paso más en ese sentido, un paso relevante.


domingo, 30 de abril de 2023

Crónica personal de la edujornada (II): Los debates

 Seguimos con la crónica de la interesante y emotiva edujornada celebrada en Madrid del 21 al 23 de abril. Los que seguís este blog sabéis que la reflexión educativa siempre está presente, así que mi análisis de la jornada no podía ser de otra manera: denso, como me suelen decir mis compañeros con cierto grado de eufemismo. 

La tarde nos proporcionó dos horas de debate, con diez ponentes en la mesa y el resto en gran grupo, en un espacio bien diseñado, que permitía el contacto visual con la mesa y entre los asistentes. La primera mesa habló de atención a la diversidad, y se abordó desde distintas perspectivas: la diversidad funcional en audición, visión o aspectos motores, muy bien representadas. También la diversidad LGTBI, la diversidad étnica o la atención a los ACNEE en diversas formas y desde una perspectiva inclusiva.

Uno de los problemas comunes que apareció fue la falta de formación que tenemos, en general, los docentes de aula para tratar estas realidades. Atención, también hay que reclamar más recursos y, muy importante, a qué se dedican en la práctica. Un tema complejo que nos exige desde la responsabilidad profesional y desde la justicia. Tengo una frase que me repito a veces: Si no puedes cambiar todo, no renuncies a cambiar tu parte. Y no es voluntarismo, ni exceso de vocación, a mi entender. Es atender nuestra realidad de la mejor manera posible. Y, como se dijo en la mesa, saber que no se sabe es el primer paso: reconocer que necesitamos más formación en temas específicos es dar ese paso. No es ser menos profesional, es justamente lo contrario. Dar a cada uno lo que necesita, no lo mismo a todos (eso no es igualdad, es discriminar sin pudor). Y sí, no llegamos al cien por cien de atención, pero intentamos llegar. Ese alumno al que dedicamos palabras, adaptamos actividades, nos lo agradece. Y estamos ayudándole. "No estoy preparado" o "no es mi trabajo" no son frases de recibo; la primera, al menos, permite un horizonte de mejora a través de la formación. La segunda requiere algo más complicado, un cambio de perspectiva y un replanteamiento de la práctica profesional. Mucha tela que cortar. 

No podemos estar esperando a Godot, en forma de reducción de ratio que nunca llega. Es decir, sería fantástica la disminución de alumnado si se aprovecha en la atención a la diversidad. Pero no puede ser un motivo (por no llamar otra cosa) para no poner en práctica otras alternativas que ayuden al alumnado en su conjunto, y al más necesitado sobre todo. Hace unos años escuché a Mel Ainscow, una autoridad en centros inclusivos, decir que la mejora en inclusión ayuda a todo el centro, porque se piensa globalmente: el centro es la referencia. Otro melón que abrir, sin duda. Pero avancemos.

El segundo debate, con el mismo formato que el anterior, se dedicó a la presencia docente en las redes. Los panelistas destacan por su papel en Twitter, en Instagram, en Tik-tok (como la reina del Tik-tok docente, a quien un día vi en el Whatsapp de mi claustro... y no había sido yo quién la subió: eso es triunfar). La verdad es que la representación era extensa y abarcaba muchas parcelas de internet.

Aquí quedó clara una reivindicación: el derecho a compartir, el deber (en el grado que se considere) a construir. No apareció, creo recordar, el término prosumidor, que como tantos otros términos en esta época informatizada, pueden pasar al olvido en un lustro, no ya en una década. Viene del inglés prosumer, mezcla de productor y consumidor, deshaciendo la división que Walter Benjamin describió a fines de los años 30 del siglo pasado, en la que el arte se había convertido en un objeto de consumo más, y el público en consumidor, más que en espectador diferenciado y con criterio propio -lo que había sido durante el siglo XIX, el siglo burgués por excelencia. En cambio, la audiencia se hizo cada vez más pasiva, y a la vez, más cercana a los estímulos artísticos, ya convertidos en mercancía al alcance de muchos a través de la reproducción en serie. 

Internet ha sido una herramienta formidable para deshacer este camino con la participación en la comunicación, no en la producción artística -que sigue siendo tarea elevada y que requiere de conocimientos técnicos- pero sí en la creación de contenidos que una persona en 1970 podía hacer de manera mucho más limitada. Las expectativas de una nueva Arcadia no se han cumplido, eso es verdad, porque ha entrado de todo en la red, y hay que tener una brújula experimentada para navegar sin naufragar en el mar de plástico tóxico que nos rodea.

Para la docencia, la posibilidad de compartir espacios digitales en los que comentar prácticas de aula, diseñar actividades conjuntas entre distintos centros, debatir sobre nuestra profesión y sus creencias... fue una fantástica noticia que cuajó en lo que se dio en llamar escuela 2.0, no tanto como iniciativa de la administración como un despertar de muchos docentes a la red. Esa explosión de participación, la proliferación de blogs, de páginas de recursos, de asociaciones a través de las redes, fue un tiempo extraordinario, aunque fuera para una minoría. Contactar con otras personas que, en lugares lejanos, veían la educación como nosotros. La sensación de no estar solos a nivel profesional fue un alivio, sin duda.

Aquella época pasó, como recuerdo en un reciente artículo. Y algunos han seguido compartiendo y aportando. Pero la sensación es que toca reconstruir este espacio y abrirse a nueva gente, que empieza en Twitter o que quiere opinar más, estar más presente, activarse. Y en eso, el número de seguidores no es impedimento, en absoluto. Tampoco lo es el tipo de práctica que se comparte, el trabajo de aula, la reflexión sobre un aspecto didáctico... No hace falta ser genial ni revolucionar el espacio de las redes. También es cierto que algunas redes más tranquilas, como Instagram, permiten colgar muchas actividades plásticas, vídeos, que ayudan a comprender nuestro trabajo y nos dan alternativas. 

Panelistas y asistentes en pleno debate. Foto de Domingo Chica Pardo

Pero los participantes en la Edujornada nos hemos relacionado en Twitter, hemos aprendido la gramática del pajarito azul, pese a que últimamente es una gramática parda, gracias al dueño actual de la compañía. Pero esa es otra cuestión. En el panel de este debate se vio también la diversidad de usos de las redes: desde sesudos análisis de legislación, muestras del trabajo realizado en el aula, cuentas que recogen otra realidad docente... Todo tiene espacio, todo construye escuela virtual. Entre todos construimos esa escuela. Y quien se dedique a destruir, a criticar todo lo que no encaja en su visión unívoca, que se quede en su cueva o en su columna elevada, que de todo encontramos.

El debate con el público fue interesante, con alguna intervención muy sentida, especialmente en el tema de atención a la diversidad. Fue una lástima que quedara poco tiempo para las intervenciones. Como propuesta constructiva, tal vez un número menor de panelistas permita más interacción con el público, que también tiene su interés. Creo que nos quedamos con ganas de más.

Al igual que en el primer post dedicado a estos días en Madrid, he optado por no nombrar a todos los intervinientes, sino captar lo más relevante, en mi opinión, de lo dicho allí.

Como podéis ver, no hemos hablado de conclusiones generales de la jornada. Eso quedará para un tercer artículo. Como decían en las series de los ochenta, continuará.


sábado, 29 de abril de 2023

Crónica personal de la Edujornada 23 (I)

 El presente artículo es el número doscientos que aparece en el blog. A lo largo de los años, desde 2012, he ido construyendo un discurso, espero que coherente, sobre los temas que me llaman la atención en educación, mi tarea profesional durante tantos cursos. 

No es una celebración, exactamente, pero sí me alegra haber llegado hasta aquí, en plena crisis de la blogosfera, de desaparición de espacios reflexivos sustituidos por la inmediatez de las redes. 

Además, coincide este artículo con la reciente quedada de usuarios de Twitter en Madrid, bajo el título #edujornada. Buen tema para dedicarle esta entrada. Dada mi tendencia a la locuacidad, dividiremos la crónica en dos partes.

Como ya sabréis, durante el fin de semana del 21 al 23 de abril nos hemos reunido ciento cincuenta docentes cuya relación principal estriba en el uso de Twitter, conformando el #claustrotuitero, un colectivo heterogéneo, con gente que va y viene, que se incorpora recientemente o que lleva muchos años. Muchos de estos docentes participan en las #charlaseducativas impulsadas por Íngrid Mosquera, @imgende, varios días a la semana, en especial los domingos, con espacios abiertos a la participación de los oyentes.

A partir de estas realidades, se montó el encuentro a que me refería en las líneas anteriores. Ha sido un tiempo de compartir, de saludarse, por primera vez o en un agradable reencuentro. Muchos besos, abrazos, fotos... en un ambiente festivo y afectivo. Se ha pasado de la red a la realidad, aunque tantos tuiteros a la vez en un tiempo tan corto hizo complicado saludar a todos los que queríamos. Era una experiencia necesaria, tras tanto tiempo de pandemia que impedía estas reuniones. 

Evidentemente, hubo mucho más. El sábado se dedicó a compartir reflexiones en voz alta sobre diversos temas. La mañana tuvo tres mesas redondas en las que todos los asistentes podían intervenir, convenientemente moderados. Como ya dije en Twitter, se trataba de hablar desde la horizontalidad, aportando ideas y experiencias, sin jerarquías de número de seguidores ni de presencia en la red. Creo que se consiguió.

Yo intervine en la mesa sobre LOMLOE, formación y evaluación. Además, hubo otra sobre gamificación y una tercera sobre metodologías activas. Se nos asignó una de las mesas, y en mi caso fue un acierto. No pude evitar mostrarme crítico con la aplicación de la LOMLOE, una ley que supone pasar de un curriculum académico a otro de tipo competencial, con todo lo que ello comporta: un cambio grandioso, se dijo. Por esa razón, su puesta en marcha debería haber sido mucho más previsora y cuidada.

Y, además, resalté la falta de sensibilidad de la administración que, tras dos cursos de pandemia, no se dedicó a subsanar las deficiencias formativas y emocionales que ese tiempo había ocasionado. Bien al contrario, de prisa y corriendo puso en marcha una reforma compleja sin considerar el cansancio acumulado por la comunidad educativa, y especialmente el profesorado.

Como también se remarcó, la LOMLOE ofrece mucha flexibilidad legislativa a las comunidades autónomas, lo que no favorece la claridad, ya que podemos hablar de tantas versiones de la ley como decretos autonómicos existen. Que, por cierto, todavía no existen todos.

Sin embargo, el ambiente en la mesa era favorable a la reforma, puesto que muchos ya trabajaban y planteaban los aprendizajes de manera competencial, lo que facilita, sin duda, la tarea de programación. Otro tema que preocupa es el uso del libro de texto: muchos de los participantes contaban experiencias de trabajo sin el mismo, y esa apuesta ayuda a programar con más libertad, al margen del guion ya establecido por la editorial.

Surgieron también problemas prácticos, como la adaptación de las calificaciones a los programas informáticos de cada consejería, o la dificultad de encajar prácticas contrapuestas, como el DUA y las ACIS. Aquí se subrayó que deben ser los programas los que se adapten a la ley, y no al revés. Fue un tema, el de las aplicaciones de cada autonomía, que dio mucho de sí. 

Se constató la falta de formación específica ofrecida por las administraciones y el poco respaldo de la inspección (tan perdida, he de decir, como muchos docentes en esta nueva manera de programar). También se criticó, acertadamente, que hay especialistas todoterreno en formación que te explican una normativa o la contraria... sin despeinarse.

Hubo, además, referencias históricas importantes. Se dijo que éramos, a nivel profesional, hijos de la LOGSE, y eso debía situarnos. Siempre echo en falta perspectiva histórica para afrontar lo que vivimos en educación. 

Me gustó la referencia a la dificultad en conocer qué ocurre de verdad en las aulas, y es ahí donde debe centrarse el cambio, si se quiere efectivo. Esa dificultad me evocó una frase de Goodson (citado por Viñao) que había leído hace unos días, en la que se hablaba de "caja negra" como sinónimo de la realidad escolar. También se habló sobre las reformas que cambian poco (a excepción de la LOGSE, que varió la distribución de las etapas educativas) y parece que siempre estamos dando vueltas a los mismos temas, desde hace mucho... sin centrarnos en lo que ocurre, de verdad, en las aulas.

Resumen gráfico de David Gándara sobre la mesa.













Por último, se dejó en el aire una pregunta: ¿Ha decepcionado la LOMLOE? Se quedó sin responder, porque entiendo que, unos meses después de empezar su andadura, no puede ser respondida adecuadamente. Habrá que darle tiempo. Un tiempo, por cierto, que no sabemos si tendrá a nivel de decisión política. Uno de los males endémicos de nuestro sistema educativo en España. Su implantación no ha sido la mejor, eso es así. 

A propósito de la aceptación o rechazo de la normativa, se habló de libertad de cátedra, un concepto un tanto escurridizo pero que, en ningún caso, permite actuar contra la ley o al margen de la misma, como quedó claro en el debate.

Me consta que las otras dos mesas estuvieron también a gran nivel, favorecidas por el carácter más práctico de sus temáticas. En total, fueron unas dos horas de reunión que dejaron buen sabor de boca y permitieron la participación abierta. Tiempo habrá de revisar las dinámicas y ver cómo se pueden mejorar.

Tras esta mañana intensa, la comida permitió compartir mesa y mantel de una manera más distendida, aunque el tema de conversación, a poco que nos descuidáramos, seguía siendo la educación.

sábado, 18 de marzo de 2023

Etapas del claustro tuitero, balance provisional, pero que cierra mi reflexión.

Este es un artículo conclusivo. No sé si está bien expresado de esta manera, pero me sale decirlo así: es un artículo para cerrar un tema que me ha ocupado, aquí y en Twitter, durante un par de años, por lo menos. Creo que va siendo hora de cerrarlo como objeto de reflexión, porque no me aporta a mí y, probablemente, tampoco lo haga a vosotros, sufridos lectores.
Me refiero a cómo ha cambiado la relación entre docentes en las redes y, sobre todo, en Twitter. Llevo en esta red desde agosto de 2010, cuando con otro amigo y compañero docente nos acercamos a Baeza, sede de la UNIA, a cursar un seminario con Alejandro Piscitelli sobre Edupunk. 
Allí conocí a Juanfra Herrerro, Juan Bueno, entre otros que todavía pululamos por aquí. Recuerdo perfectamente que uno de los días del curso, Piscitelli nos pidió que nos abriéramos una cuenta de Twitter, ya que nos serviría para el curso que estábamos llevando a cabo. Dicho y hecho. Hasta hoy.
Twitter se mostró como una herramienta sensacional para contactar con otros docentes y poner en marcha actividades compartidas entre distintos centros, actividades colaborativas sobre poesía, ciencia, investigación... Además, sirvió de soporte a grupos y asociaciones que surgían al calor de las nuevas tecnologías, sobre todo: Espiral, Novadors, Aulablog, Un entre tants, el EABE en sus distintas ediciones... Me dejo muchas, seguro, aunque estas han estado presentes en las redes de manera continua, alguna hasta hace bien poco. 
Fue una primavera educativa, si se quiere. Si los Movimientos de Renovación Pedagógica habían decaído tras los noventa, después de la Transición y la LOGSE, aparecieron con ímpetu estos docentes que se agrupaban para encontrar una nueva manera -una manera renovada, mejor- de impartir clase, de construir conocimiento con el alumnado.
Fue el movimiento 2.0, un intento un tanto anárquico, creativo, de colaborar y poner en funcionamiento estructuras que permitieran el conocimiento de otras realidades, por una parte; y también el reconocimiento de nuestras prácticas en otros lugares hechas por profesionales que compartían nuestra visión de la enseñanza y de la escuela. Se crearon vínculos temporales que dieron lugares a encuentros, cursos, conferencias... de docentes entre docentes, principalmente. 
Al mismo tiempo, se iba teorizando sobre lo que estaba ocurriendo, y así surgió el concepto de PLE, Personal Learning Environment, o Entorno Personal de Aprendizaje, referido a todos los recursos, de cualquier tipo, que servían para la formación continua del profesorado, a nivel formal o informal. Todo aquello se resumió en la afortunada frase: "El mundo es mi claustro". 
Para muchos, fue una ayuda encontrar colegas de profesión con los que compartían, en ocasiones, mucho más que con aquellos que estaban en la clase de al lado. Twitter fue aglutinador y liberador.
Pasó el tiempo y el ardor, como es lógico, fue decayendo, aunque el asociacionismo seguía en auge, con la fuerza de lo nuevo y de los que se van incorporando animados por lo que se transmite. El altruismo, la colaboración desinteresada, se mantuvo, pero aparecieron la profesionalización, la monetarización de las experiencias. Se empezó a ganar dinero, por parte de algunos docentes que habían destacado en su práctica, normalmente por un buen dominio de las TIC, y surgieron perfiles de referencia en las redes. Podemos hablar que aparecieron los gurúes, término que aprovecharemos a pesar de sus controversias en cuanto a su uso. No es la cuestión aquí: se pasó, a mi entender, de una horizontalidad rizomática (si se me permite la referencia) a otra más difusa que tenía cierta jerarquización y permitía, lícitamente, hacer caja por mostrar lo que se hacía.
Se extiende la necesidad de innovar. Se pierde la palabra renovación, más acorde a la tradición pedagógica española, y se sustituye por un término más propio de la empresa. Lógicamente, no fue lo único empresarial que pasó a la innovación educativa. 
Pasó el tiempo, se mantuvo esta manera de funcionar puesto que los centros de profesores, las universidades, las propias asociaciones de docentes continuaron contando con los gurúes. Muchos de nosotros desconfiábamos de aquellos que habían construido un discurso (uno solo, ojo) e iban pueblo por pueblo a ver quién creía su buena nueva. No vamos a decir nombres que están en la mente de muchos, no sería elegante.
Como decía, pasó el tiempo, algunos ya se desengancharon de Twitter y del asociacionismo -en muchos casos, por edad- y hubo un cambio brusco en las relaciones en la red. Lo que había sido un espacio al margen de las dinámicas más agresivas de Twitter, que estaban en el debate político o en torno a los odios y filias de los tweetstars, el espacio educativo, empezó a imitar los malos modos de aquellos territorios. Es el tercer momento en que estamos, y creo que no hay marcha atrás. Se han creado unos bandos cerrados, fuertemente vinculados entre sí y enfrentados en cada tema que se propone. Pero, además, se ataca lo que proponen otros compañeros en su práctica, exponiéndolos a críticas fuera de contexto, sin saber, casi nunca, nada de quién comparte. Se busca lo inmediato, lo impactante, para descalificar al contrario. Ya este vocabulario, hablar de contrarios, debería hacernos pensar. 
Han surgido asociaciones, pero en un sentido distinto a las de hace una década larga. Son asociaciones a la contra, si se me permite, teñidas de una sospecha generalizada hacia prácticas no coincidentes con las propias. Eso no significa, por supuesto, que no se lleven a cabo actividades interesantes y que tengan utilidad para el colectivo docente. Pero, para la parte concomitante, sobre todo, del mismo.
Podemos concluir que el debate que se tenía en algunos claustros sobre metodología, exigencia, innovación... ha pasado a las redes pero no lo ha mejorado, todo lo contrario. Ahora podemos decir, con cierta sorna: Twitter es como mi claustro.
Además, se ha seguido con la tendencia a monetizar, más que la práctica, la presencia en las redes, a través de publicación de libros, artículos en revistas... Como decía antes, de manera muy lícita. 
Con respecto a la etapa anterior, se ve claramente que se ha perdido la voluntad de consensuar puntos de vista en educación. Se va a una imposición, un quedar por encima del otro a cualquier precio. Y así, seremos jaleados por un grupo de entusiastas de lo que digamos. Una balcanización en toda regla. El argumento se sustituye por el eslogan, como en política. El bloqueo preventivo, en grupo, como estrategia. Muy cansado, todo, la verdad. Y los que no entramos en esto, no por ser almas puras, que no lo somos, sino por ese cansancio y esa ineludible pugna sin fin ni sentido, somos equidistantes. Sospechosos en los dos bandos, imagino. 
http://jcdonceld.blogspot.com/2012/08/l
a-guerra-de-trincheras-en-la-primera.html
¿Cómo afecta esto al conjunto del claustro virtual? Ha habido muchos que se han ido a otra parte, o vegetan esperando tiempos mejores. Gente valiosa, que aportaban gratuitamente, con altruismo. Docentes que, como ha pasado esta semana, suben contenidos de sus alumnos y tienen que leer descalificaciones gruesas, sin ninguna necesidad. Se habla mucho sin saber y, lo que es peor, sin querer saber.
Se va imponiendo, en Twitter, como en la guerra de trincheras tan propia de la I Guerra Mundial en Francia, una tierra de nadie con cadáveres en descomposición, boquetes, proyectiles... y silencio, mucho silencio. Callan aquellos que no quieren bronca, que no quieren ser señalados ni vilipendiados, que no quieren una pedrada simplista en su TL. No se ve el armisticio todavía, la verdad. La desolación es evidente.


Un viaje al fin del sueño americano: Omaha

 Reconozco que he tenido mis dudas sobre hacer una reseña de Omaha, película estadounidense que vi en el cine hace una semana. Aunque no tra...