jueves, 11 de diciembre de 2025

Un plan escritor (o algo así) en primaria

 Hace mucho que no trato el tema de la escritura en el aula. Mucho no, realmente hace demasiado. Me he centrado más en la lectura, en la animación lectora y en el uso de las bibliotecas y he descuidado la didáctica de la escritura, que también puede ser objeto de las reflexiones del blog. De hecho, una de las etiquetas es "Lectoescritura en primaria". Como el tema es muy amplio, he pensado dedicarle más de un artículo. 
Hoy me propongo dejar algunas ideas que me han funcionado bien durante mis años de tutoría. 

Ejemplo de relato escrito a partir de elementos dados. Tercero de primaria.

Lo primero que me gustaría recordar es que la escritura infantil requiere una didáctica bien planteada (¿y qué no, me diréis?). Sí, pero en este caso no podemos contentarnos con buenas intenciones o con planteamientos genéricos. No, hay que arremangarse y ponerse con el alumnado... ya en primer curso de primaria. 

Al igual que hay un plan lector en cada centro, debería haber un plan escritor. Si se trabaja por tipologías textuales, hay esperanza de que se tenga en cuenta el aspecto de escritura guiada para el alumnado. Si no es así, es de temer que las prácticas escritas escaseen, más allá de los ejercicios en la libreta, que se basan en respuestas a preguntas casi siempre, o a ordenar secuencias de un texto. 

Si un centro de primaria ha reflexionado sobre las tipologías textuales que practica cada curso, o cada ciclo, es un avance importante porque sitúa el texto en el lugar que le corresponde, un espacio organizador de las prácticas comunicativas y lingüísticas a desarrollar. En cualquier caso, esta ventaja ha de ir acompañada de un planteamiento riguroso en la escritura del alumnado, que no puede renunciar a un andamiaje bien planificado.

Si damos al alumnado un papel en blanco y esperamos que escriba una receta de cocina, una descripción de un lugar, incluso un pequeño texto argumentativo, probablemente la experiencia acabará en fracaso generalizado. ¿Por qué? Porque ha de haber un acompañamiento y una facilitación de la escritura. Y, por supuesto, la práctica se ha de hacer en clase, con ayuda docente y si se puede contar con una persona de refuerzo, mejor.

Dejamos a un lado la finalidad del texto. Siempre es mejor que tenga un fin real, una comunicación verdadera, como la correspondencia escolar (que hoy puede hacerse también por internet, con supervisión docente) o una petición a una autoridad para solicitar soluciones a cuestiones por resolver. En ese sentido, se puede escribir una noticia a partir de una salida escolar y quedar como recuerdo de la misma. 

En mi experiencia, lo que suelo hacer es plantear el texto unos días antes de su redacción en clase. Así pueden buscar información, elaborar un guion, si lo creen necesario, pero siempre de manera esquemática. No se trata de que escriban el texto en casa, sino que lo puedan preparar. Evidentemente, no todos hacen ese trabajo... y suele notarse en los resultados. También encontramos quien escribe demasiado y quiere copiar ese texto. Con la práctica, van ajustándose las cosas, pero siempre considerando que el escrito se ha de preparar, sobre todo en lo que se quiere decir, por una parte, y qué estructura se ha de utilizar, ya que no es lo mismo una entrevista que una noticia, por poner dos ejemplos sencillos.

Se trata de que la página en blanco no sea amenazante... porque ya se tiene una idea de qué escribir. Una práctica sencilla que suele funcionar al redactar narraciones es dar unos elementos que ha de contener la trama: un lugar, un personaje, un objeto... con los que se configura la narración. Existen unos dados ex profeso en cuyas caras hay dibujos que representan elementos narrativos. Una lanzada de dados da los datos necesarios y después... a escribir. Es una experiencia divertida y que asegura diversidad de tramas y plantea un reto más atractivo, a priori, de unas instrucciones iguales para todos. Decimos lo mismo que en el caso anterior: la práctica afila los resultados. Por eso, incluirlas en un plan de ciclo, o de nivel, para que no sean esporádicos sino sistemáticas nos asegurará un incremento del dominio competencial de la escritura autónoma. 

No se puede dejar esta competencia para quinto de primaria; lo digo porque en mi desempeño profesional me he encontrado con alumnado que no había hecho una redacción hasta que topó conmigo en ese curso. Ante mi desesperación por cómo redactaban, me quedé pensativo y les pregunté si habían hecho una composición escrita anteriormente. Me dijeron que no. Inmediatamente, me disculpé con ellos. Evidentemente, no era responsabilidad suya.

Por eso decía al principio que hay que practicar desde principio de primaria, adaptando las exigencias a la capacidad del alumnado. Una manera de escribir partiendo de la realidad de la clase es llevar un diario que cada día redacta una persona del grupo, escribiendo lo que le parezca más relevante al final de la jornada, dejando unos minutos para su redacción. Se configura así un recorrido por el curso escolar que enriquece la visión del mismo, a la vez que nos da pistas sobre qué valora nuestro alumnado. Yo comento a cada redactor qué me ha parecido su aportación. Lo hago privadamente, con la esperanza de que pueda reflexionar un poco sobre su escrito.

Como veis, hay muchas prácticas que funcionan y que tienen una tradición: llevar un diario de vacaciones de navidad o pascua es otro ejemplo que ya es veterano. En el curso 24/25 lo planteamos y hubo resultados sobresalientes, niños que se implicaron muchísimo y que disfrutaron de la experiencia. También hubo desilusiones porque ni siquiera se plantearon hacerla para "cumplir el expediente". Pero esa es nuestro día a día: sembrar semillas de la mejor manera posible, y que se cumpla la parábola evangélica; no todas dan fruto, pero hay que seguir sembrando.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Leyendo "Laboratorio lector", de Daniel Cassany

Se acaba 2025 y este año el balance de mi blog es bastante descorazonador, a nivel de artículos escritos. Mi intención es llegar a dieciocho, y bastante haré si llego a quince. Hay diversas razones para ello. La principal, tal vez, es es agotamiento que siento ante el debate educativo, que ha tomado la forma de guerra de trincheras al estilo de la I Guerra Mundial. De eso ya hemos hablado en otras ocasiones. Muchas veces, me pregunto para qué escribir, tanto en el blog como sobre todo en redes sociales.

Otra razón es el desapego que siento últimamente de los temas educativos, por causas personales y profesionales. Al final de mi carrera como docente, veo que no estoy acabando como me gustaría, y no por voluntad propia. Ese hecho también influye en el interés que he mostrado por opinar sobre educación, y que me llevó a abrir este espacio hace ya casi catorce años. 

Además, el declive de la blogosfera es un hecho. Hace poco, en una presentación de formación educativa, una interviniente habló de los antiguos blogs. La rapidez con que unos medios suceden a otros también se ve en internet: tener un blog ya no está de moda, a pesar de que sigue habiendo algunos relevantes (los que aceptaron no estar de moda, supongo).

https://www.anagrama-ed.es/

Hoy mi intención era otra. Esta introducción me sirve para explicar por qué mi escasa producción en el blog. Pero este medio sigue vigente por lo que aporto, más o menos relevante. Y en el caso de hoy, me voy a permitir comentar un libro de Daniel Cassany, al que la escuela debe mucho en aspectos de lingüística, sobre todo de lectoescritura, desde aquel lejano Enseñar lengua, en la editorial Graó, con versión en catalán con el mismo nombre. Para mí fue una especie de biblia que recogía una gran cantidad de cuestiones que me interesaban sobre cómo enseñar a leer y a escribir, además de otros aspectos de la comunicación, las cuatro habilidades básicas. Todavía lo consulto alguna vez.

El libro que comento hoy, Laboratorio lector, es más reciente, de 2019 y tiene una intención eminentemente práctica, de ayuda a la enseñanza de la lectura. Como en el libro anterior, también tiene edición en catalán y castellano. Esta última, que es la que he utilizado, está en Anagrama. Son veinte capítulos dedicados a diversas técnicas y aspectos de la lectura: mecánica ocular, automatismos, buscar información, inferencias... presentados de forma sencilla y rigurosa a la vez. La novedad que viene implícita en el nombre es que cada capítulo incluye unas prácticas de lectura relativas al contenido del mismo, con las soluciones. Así, se puede utilizar en clase para afianzar prácticas de una manera entretenida, puesto que se puede tomar como un pequeño reto.


 También se acerca al mundo de la red, evaluando la calidad de los contenidos de páginas web o abordando el concepto de posverdad, citando a McIntyre. Hay un capítulo dedicado al uso adecuado de Wikipedia, por ejemplo.

Como podemos ver, es un libro útil para el profesorado, en que aparecen conceptos que quizá no hemos estudiado o no recordamos (movimientos sacádicos, por ejemplo, que usamos en la mecánica ocular). Sostengo que la formación que hemos recibido sobre lectoescritura es mejorable, y sigue siéndolo. Necesitamos actualización, conocimiento consolidado y poner en duda nuestra manera de actuar en el aula. Como he dicho tantas veces, no podemos tomar nuestra experiencia como aprendices para basar cómo enseñamos la lectura: falta consistencia. En ese sentido, esta obra breve supone una ayuda práctica desde su planteamiento.

Ojalá nuestras aulas fueran laboratorios de lectura, tomando como referencia el conocimiento experto disponible. Seguro que se vería la mejora.


martes, 11 de noviembre de 2025

En el Día de las Librerías

 Hoy, 11 de noviembre, se celebra el Día de las Librerías en España. Es una celebración reciente, impulsada por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) para animar la compra de libros de cara a la campaña navideña, que ya asoma. En principio, se eligió el primer viernes de noviembre, pero desde 2019 tiene fecha fija, el once del once.

Este día, 11/11, también puede simbolizar qué es la lectura: una persona, un libro y tiempo para dedicarle. Un hábito saludable para la mente, porque nos permite recuperar la atención de un modo completo: la lectura es absorbente, requiere de silencio o, si se prefiere, de ausencia de ruido. Hay quien lee con música suave de fondo, por ejemplo. No es mi caso, prefiero el silencio de mi salón. Hay quien lee antes de dormir, como una preparación al sueño. Tampoco es mi caso, soy incapaz de leer después de las diez de la noche. En cambio, las mañanas libres son mi momento favorito, o a partir de las cinco de la tarde. 

Alguna vez he fantaseado con abrir una librería pequeña, a mi gusto, como una aventura personal. Tal vez me anime cuando me jubile, una fecha que se acerca sin prisa pero sin pausa. Sé que la cosa está complicada, que cierran muchos establecimientos y otros se mantienen a duras penas y buscando alternativas, porque hay que pagar facturas y llegar a final de mes. 

La situación de los quioscos es más grave todavía: se calcula que han cerrado más de la mitad en los últimos años debido al descenso de la compra de prensa escrita en esta era de internet. Y el quiosco, no conviene olvidarlo, es también un lugar de distribución de lectura diaria. De hecho, en poblaciones de quince mil habitantes, como Nules, a unos quilómetros de donde vivo, no había ningún punto de venta diaria de periódicos hasta que hace poco, un supermercado-cooperativa decidió vender prensa. En mi localidad, en unos pocos años han desaparecido dos quioscos en mi barrio, uno de ellos recientemente.

La proliferación de medios audiovisuales tal vez hace redundante el papel impreso, pero la lectura del periódico proporciona un análisis que no se encuentra en las pantallas de televisión o incluso en la radio (aunque esta es más proclive, al tener un enfoque basado en la conversación). Es cierto que se lee mucha prensa por internet, y que los periódicos se han adaptado con suscripciones, con publicidad y han ganado presencia en la red.

Histórica librería Armengot, en Castelló.
https://recuerdosdecastellon.wordpress.com
/2010/12/15/libreria-armengot/


Sabemos que el panorama de la lectura se ha modificado por la tecnología, el acceso continuo a información en el móvil y la cantidad de tiempo que dedicamos al scroll, a curiosear o a chatear. De hecho, a lectores experimentados y habituales, como yo mismo, me cuesta más que antes ponerme a leer y estar un rato prolongado. Lo mejor es tener lejos el móvil o apagado el ordenador. Quizá se está cumpliendo lo que preconizaba Nicholas Carr en Superficiales.

En cualquier caso, no se ha cumplido la profecía de la desaparición del libro de papel. De hecho, se publica más que en años anteriores, y las temáticas son variadísimas. Pero las librerías desaparecen porque ya se pueden comprar libros en los supermercados, en las grandes superficies y, sobre todo, por internet a los gigantescos distribuidores con precios ajustados. Y una librería que cierra empobrece su entorno. Visitar una librería es un viaje que nos enriquece, nos permite hallar nuevos autores, indagar en un tema concreto, pasear entre muchas opciones de lectura. Si además nos acompaña una persona que conoce las obras o puede darnos alguna referencia (eso hacen los buenos libreros), pues mucho mejor.

Porque, aparte de un negocio y un comercio, las librerías son espacio de resistencia cultural, un lugar donde todavía puede haber un nosotros en que nos reconozcamos como lectores y miembros de una comunidad extensa, desorganizada, pero que comparten el asombro de la lectura. Ese asombro que queremos inculcar en nuestro alumnado, para que lo hagan suyo y engrosen esa comunidad.



martes, 23 de septiembre de 2025

Samantha Reed: una historia para la escuela

 Hace poco encontré una historia conmovedora en X, donde todavía se pueden encontrar perlas en medio del barro. La verdad es que no tenía noción de la existencia de Samantha Reed Smith, una niña estadounidense que, en la actualidad, tendría cincuenta y tres años. Es decir, nació cuatro años después que yo, en 1972.

Samantha era una niña que iba a un colegio de primaria en el estado de Maine, en el noreste de Estados Unidos, en una de las trece colonias originarias. En plena Guerra Fría, estaba preocupada -con un pensamiento infantil, inquieto y todavía en formación- por la amenaza soviética, por la pugna que mantenían estadounidenses y soviéticos desde principios de los años cincuenta. Ronald Reagan empezaba su mandato de ocho años y en la URSS había ascendido al escalón máximo del Politburó Yuri Andropov, tras la muerte de Leonidas Brezhnev.

El cine nos ha dejado buena muestra del miedo a una guerra nuclear devastadora entre las dos superpotencias. Yo mismo recuerdo hablar  con compañeros o profesores sobre la amenaza nuclear que también afectaría a España. En este contexto, Samantha se atrevió a escribir una carta al secretario general del PCUS, preguntándole por qué querían invadir su país, con la naturalidad de una niña de diez años.

Para sorpresa generalizada, Andropov contestó a su misiva con un escrito que se puede leer en el enlace anterior. En esta carta, la invitaba a pasar una temporada en la Unión Soviética, cosa que Samantha hizo en el verano de1983, junto con sus padres. 

Por desgracia, la prometedora joven murió en un accidente de avión, con solo quince años, en 1983, tras volver del rodaje de una serie en la que participaba. También falleció su padre, que viajaba con ella.

Estatua en honor a Samantha, en
https://maineanencyclopedia.com/
smith-samantha-reed/

Antes, había acudido a un congreso de la juventud en Japón y había llegado a ser estandarte del pacifismo de los ochenta. 

Hubo homenajes tanto en Norteamérica como en Rusia. Su muerte evitó una trayectoria vital que habría tenido, sin duda, gran alcance en el pacifismo y en las relaciones internacionales. Samantha no llegó a ver el final de la Guerra Fría con la caída del Muro de Berlín y las revoluciones del Este de Europa.

¿Por qué hago referencia a esta historia en el blog? Primero, por darle difusión, ya que yo mismo no tenía ni idea de lo ocurrido. Segundo, por sus posibilidades educativas, tanto en primaria como en secundaria. Sería una magnífica alternativa a las palomas picassianas del DENIP, o Día de la Paz: conocer la breve vida de Samantha Reed y poder leer su biografía, acercándonos a ese género poco leído en la escuela. También se puede practicar la carta como manera de comunicarse, o elaborar un sencillo cómic, con todo lo que ello conlleva. O hacer una búsqueda por internet de aspectos concretos de su vida. Conocer más a fondo la Guerra Fría. Hacer búsqueda por internet de aspectos concretos de su aventura soviética. Elaborar una entrevista a Samantha, o a su madre, tal vez en inglés. Poder ver vídeos en VOSE sobre su vida.

Podríamos seguir dando ideas. Probablemente, a los docentes que me leéis ya se os han ocurrido otras. Como digo, tiene mucho potencial para el área de Valores Sociales y Cívicos, para fomentar el pacifismo, para dotar de músculo celebraciones que devienen en folklore sin demasiada repercusión en la escuela.

En otros artículos hemos hablado de la folklorización de las causas que celebramos en la escuela. No insistiré en el tema. Pintar mariposas para el 25N está bien; conocer quiénes fueron las hermanas Mirabal, en cuyo honor se pintan los lepidópteros, está mejor. Y no hay que desplegar demasiado andamiaje, con los medios audiovisuales que tenemos en clase. Es fundamental saber por qué, desde cuándo y para qué se celebran las fiestas, adaptando la información a las edades del alumnado y sus posibilidades.

domingo, 31 de agosto de 2025

Sobre la Cumbre Mundial de la Docencia: una reflexión al margen

 Se termina agosto y con él, las vacaciones estivales. En la última semana del mes, en Santiago de Chile ha tenido lugar la Cumbre Mundial de Docentes, organizada por la UNESCO y el gobierno chileno, los días 28 y 29. 

Algunos titulares hablan de cierta alarma internacional por cifras preocupantes de abandono de la profesión docente, fenómeno que se ha duplicado en educación primaria en los últimos años, llegando casi al diez por ciento. La UNESCO, además, habla de "crisis sin precedentes", según afirmó su presidenta, Audriey Azoulay, ante la que se necesita revalorizar la profesión docente. Según UNESCO, harán falta cuarenta y cuatro millones de docentes hasta 2030 para poder asegurar el acceso universal a las etapas preuniversitarias. Se cita un informe del organismo internacional del que se dan algunas pistas en la página de UNESCO.

En el artículo adjunto, podéis leer cuatro puntos para la mejora global de la docencia. Me gustaría comentar alguno de ellos, como la mejora de las condiciones de trabajo, dignificar la profesión... Me parece relevante el tercer punto: poner la profesión en el centro de las decisiones. Advierte el artículo que "Las políticas que nacen sin la voz docente corren el riesgo de la inefectividad en el aula". Supongo que nos suena la música y la letra. Es más, se reconoce que "la experiencia directa debe informar las políticas públicas".

Negro sobre blanco. Una reivindicación de gran parte del profesorado se ve reconocida por un informe de la UNESCO: que cuenten con nosotros para elaborar las políticas educativas, que nuestra opinión importe, que nos consulten (a través de sindicatos, pero también de otras maneras, haciendo uso de inspección, encuestas bien elaboradas, etc.) En España, este menosprecio ha sido tónica habitual. Cada partido mayoritario ha hecho su reforma educativa desde 2002, por no remontarnos más atrás. Consecuencias: desgaste del profesorado, descrédito de la política educativa, cambios cosméticos la mayoría de las veces y un montón de dinero, público o de las familias, destinado a cambiar los libros de texto con cada reforma. Y la sensación -el convencimiento- de que no contamos para nada. 

Otro aspecto importante es recuperar y mejorar la relación entre docente y alumnado, insustituible aun en estos tiempos de IA y de tecnificación generalizada. Esa relación constituye la base de la enseñanza, sin duda. No hace falta aportar muchas pruebas de que se ha deteriorado, sobre todo en las etapas superiores. Ha aumentado la conflictividad en los centros, hay más diversidad entre el alumnado, y todo eso requiere respuestas válidas. La docencia siempre está interpelada, siempre hay que responder aquí y ahora Eso no ha cambiado, ha sido así históricamente; pero se ha intensificado con problemáticas nuevas, ya en primaria, porque se han avanzado en el tiempo. Además, observamos que la atención disminuye en el alumnado, sobre todo en la lectura atenta. Cuesta más conseguir los objetivos de cada curso. No es una queja, sino una constatación. 

Imagen de la Cumbre, en
 https://www.unesco.org/es/teachers/2025-world-summit
Aumenta el cansancio docente, como consecuencia de lo anterior: poca relevancia social, gestión del aula cada vez más problemática, a lo que hay que añadir que la relación con la comunidad educativa tampoco anda muy boyante. Lo dice alguien que, por regla general, conecta bien con las familias y trata de explicar abiertamente su práctica y sus decisiones en el aula. La única manera que se me ocurre de mejorar esas relaciones es ser transparente, buscar el diálogo y huir de la confrontación gratuita. Facilitar el contacto frecuente con las familias ayuda y sí, sabemos que hay padres complicados que siempre tienen la razón (o la quieren). A pesar de todo, no podemos dar la sensación de que las familias molestan en el centro. Esa es, al menos, mi vivencia.

Hay otro aspecto que no aparece directamente en la información -yo al menos no lo he visto, tal vez porque es un fenómeno más local- que se refiere al aumento de la burocracia y, a la vez, a la poca ayuda efectiva recibida de la inspección educativa, con escaso asesoramiento y presencia en los centros. Ya digo, tal vez sea un problema específicamente español. La inspección, por regla general, desconoce los centros más allá de una relación documental, lo que a veces provoca la sensación de que no tenemos un apoyo en conflictos en el centro, con familias, compañeros o con el equipo directivo. Vivimos estos hechos en soledad. Y eso aumenta el estrés y el desánimo.

Por último, conviene recordar que la educación es una institución sólida en un mundo líquido, como lo definió Bauman hace unos años. Es imposible que no haya colisión entre lo que se busca y lo que se encuentra. Se ha desvalorizado lo educativo, pero no tiene sustitución, al menos de momento. Y en ese impass nos hallamos, es terreno movedizo, sobre todo si no se renuncia a educar de manera valiosa, relevante (que no ha de ser aburrida y pesada, añado) e integral. 

Sin ese marco general de interpretación, creo que la imagen queda incompleta. Lo institucional también juega, y en este caso se cuestiona a la luz de un cambio tecnológico continuo y una inestabilidad generalizada: laboral, familiar, política. La escuela no se queda al margen, y el profesorado, tampoco.

Da cierta esperanza ver que ya hay voces que alertan sobre el deterioro de nuestro trabajo. Sin caer en el alarmismo, hay que repensar qué docencia es posible en 2025, y qué medidas concretas se está dispuesto a tomar para mejorar nuestro desempeño. Todo no depende de nosotros, los docentes.  



domingo, 24 de agosto de 2025

Qué es una persona experta en educación

 En internet, en X y supongo que en otros foros también, se discute mucho sobre qué es un experto educativo. En el claustro virtual el debate es casi diario. Por eso he decidido aportar mi punto de vista que, como es ya habitual, no suele coincidir al cien por cien con las posturas más frecuentes.

Una posición bien arraigada es la de negar la condición de persona experta a todo aquel que no dé clase en las etapas preuniversitarias. Los docentes universitarios imparten docencia en sus facultades, pero eso no parece aval suficiente para algunos maestros o profesores. Un reduccionismo mayor aún es el que niega todo conocimiento real de lo educativo a quien no esté en la misma etapa educativa. Así, de secundaria solo podrían opinar los profesionales que ejerzan en dicha etapa, y lo mismo ocurre con los de infantil o primaria. 

"Aquí me gustaría verlos a mí", dicen con cierto escándalo algunos profes cuando leen artículos o entrevistas a expertos en educación. Pero el aula no es su lugar (al menos, no el aula de 3 a 18 años). Es un problema de perspectiva, sobre todo.

El estudioso de la educación ha de saber mucho sobre su campo, que no es toda la educación (sería inabarcable). Hay quien se dedica a la sociología de la educación, como Mariano Fernández Enguita: es su campo de estudio desde hace décadas. Tiene una obra consolidada y en algunos aspectos polémica. Su artículo ¿Es pública la escuela pública? fue un aldabonazo en su momento, alrededor del año 2000. Ha seguido escribiendo y publicando hasta la actualidad. ¿Le negamos la categoría de experto en sociología de la educación porque no da clase fuera de la universidad? 

Otros expertos educativos se dedican al currículum, o a la organización escolar, o a las políticas inclusivas educativas, a la Formación Profesional, a la psicología evolutiva... Habrá de todo, personas muy responsables que se actualizan y otros menos diligentes. Como en cualquier cuerpo docente, entiendo. Su tarea es formar a futuros docentes y técnicos en educación. Se les debe exigir rigor en su desempeño profesional, como se nos exige a nosotros. Muy de acuerdo en ese punto. Pero desdeñar su aportación porque no están en nuestra etapa educativa no puedo aceptarlo. ¿Voy a discutir yo con una persona que ha estudiado a fondo los sistemas educativos, que ha leído muchísimo sobre organización escolar, que está al día en el tema? No, no lo haré. Tampoco aceptaré acríticamente lo que diga, pero entenderé que su perspectiva es mayor, sus herramientas son otras y sus ocupaciones, también.

Reducir la educación al aula es comprensible para los prácticos, pero no es real: la educación es mucho más. Como decía antes, es un problema de perspectiva. La teoría educativa ha sido denostada por la práctica como alejada de la misma... porque solo se valora dar clase, en un presentismo del que ya hemos hablado aquí. ¿Vamos a ignorar a Piaget, a Vygotsky, a Hargreaves, a tantos otros? 

Otra cuestión es que se otorga fácilmente el título de experto educativo a personas con un conocimiento limitado pero con un buen método para promocionarse, dar ponencias, vender su producto y hacer caja. A partir de ganar un premio (o ser finalista), o de promocionar una determinada metodología, empiezan a popularizarse y a acudir a convocatorias para docentes. En este sentido, recuerdo que escuché a un docente que promovía "educar con el corazón". Dio una ponencia entretenida, la verdad. Me sorprendió ver que esa ponencia estaba en internet, y que repetía hasta las bromas. Es una opción, claro. Tal vez no la más acertada si queremos mejorar de verdad, o conocer otras maneras de trabajar. Mi criterio para valorar una ponencia es si me proporciona pistas para seguir, me habla de aportaciones que desconozco, si me cuestiona de alguna manera lo que hago.

Para concluir, creo que la abundante oferta bibliográfica sobre distintos aspectos de nuestro trabajo constituye una fuente de mejora, de reflexión, un acicate para salir de la zona de confort, que no es esa reducción cansina que se escucha y se lee en X, como ya explicamos en su día. 

Trabajar en educación sin formarse ni actualizarse me parece bien complicado. Es posible, pero ¿a qué precio? No podemos cambiar la sociedad, que evoluciona como quiere. La queja, aunque comprensible, no mejora nada. Tal vez nos convenga adaptarnos y acudir a los que saben. Con discernimiento y en compañía de otros, si es posible.

jueves, 17 de julio de 2025

Leer pedagogía en verano (y todo el año)

 En este blog se reseñan habitualmente obras relacionadas con la educación y la pedagogía. Así, a bote pronto, recuerdo autores como Hargreaves, solo o con Fink o Fullan, Antonio Viñao, Fernández Enguita... También se han comentado obras de pensadores como Marina Subirats, Bauman o Byung-chul Han, que han escrito sobre educación, los dos primeros, o tienen obras que pueden relacionarse con la misma, el segundo.

El verano es tiempo de lecturas. Los que somos muy cafeteros de la educación aprovechamos para leer pedagogía, o psicología educativa, o didácticas específicas. La oferta es variada. También se lee novela, biografías... Creo que lo importante es leer, ejercitar esa práctica que requiere atención, silencio y tiempo. Recuerdo una compañera, ya jubilada, que leía muchísima ficción. De hecho, me dejó El niño con el pijama de rayas, de John Boyne, quien no ha vuelto a escribir una obra similar, tan bien pensada. Yo también leo ficción, menos de lo que debería.

Hoy vengo a recomendar, más que un libro concreto, una colección a la que ya me he referido en otras ocasiones. Ya tiene unos años, pero estoy seguro que se podrán encontrar ejemplares. Es un conjunto de obras breves de divulgación pedagógica dirigida al profesorado a cargo de los mejores autores en educación de fin del siglo pasado. Está en Editorial Morata y se llama Razones y propuestas educativas. Su director es José Gimeno Sacristán, catedrático emérito de la Universidad de Valencia y una referencia para los que hemos cursado estudios de pedagogía. Fui alumno suyo en los noventa; además, fue el presidente del tribunal de mi diploma de estudios avanzados, el DEA.

Volviendo a la colección, son veintitrés títulos en un formato asequible entre los que podemos leer a Santos Guerra, Fernández Enguita, Antonio Viñao, Jaume Carbonell, Rosa Vázquez, Rafael Feito, Carmen Rodríguez... y el propio Gimeno.
La lista es extensa y los temas abordados, también: dirección escolar, libro de texto, educación obligatoria, medios y educación, el sistema educativo en la sociedad actual, evaluación...

Como veis, el elenco de autores y de temáticas satisface las expectativas de muchos docentes que quieren actualizarse o conocer más sobre cuestiones más allá del aula, pero que repercuten en nuestro trabajo. Se trata de ampliar la perspectiva, necesariamente limitada, del aula, para resituarnos y mejorar, reflexionar, recabar ideas y referencias que pueden ayudarnos. 

La diversidad de temas tratados en esta colección permite elegir según los intereses particulares del profesorado: por ejemplo, se puede leer sobre cine y educación, o sobre lectura en la escuela. 

Uno de los títulos de la colección

Creo que es necesario o al menos recomendable leer pedagogía de manera habitual. Cuando escucho discursos abiertamente antipedagógicos, no puedo evitar una sensación de desasosiego; en este tiempo concreto de cambios, circunscribirse solo al aula es, casi con seguridad, un camino al fracaso. Comprender lo que pasa socialmente es una necesidad. Si nos quedamos en la cultura de la queja, no mejoramos nada. 

No minusvaloro la gestión del aula, en absoluto. Más bien al contrario, veo que dicha gestión requiere de un conocimiento del análisis del sistema educativo para situarse y situar la realidad del aula, mucho más compleja -y complicada- que hace unos años, sobre todo en secundaria. Como dijo alguien, el agua no la inventó un pez. El pez vive en el agua y no concibe otra realidad. No seamos peces en el mar educativo.

Aumentar la información disponible sobre la educación es una herramienta que funciona, si no inmediatamente, sí a medio plazo. No hay recetas mágicas (conviene desconfiar de quien las propugna) pero existe reflexión de calidad. Menospreciarla porque sus autores "no pisan aula" es un error.

Termino agradeciendo a la Editorial Morata su larga trayectoria de difusión de temas pedagógicos, y a Gimeno Sacristán esta iniciativa que hoy reseñamos, y cuya finalidad podemos leer en las páginas iniciales de cada título.


Altas capacidades: la escuela, ¿para quién?

Hace tiempo que no publico una entrada sobre #cineyeducación, pese a que es uno de los ejes del blog. Esto se debe a que no todas las pelícu...