martes, 14 de febrero de 2023

Un trimestre muy celebrado

 Reconozco que ando escaso de inspiración este trimestre a la hora de escribir en el blog. Sin novedades legislativas en las administraciones educativas, ante la inminencia de las elecciones autonómicas, acaba una legislatura marcada por la aplicación de la LOMLOE, la última reforma educativa que tiene sus días contados si gana la derecha en los comicios generales que se celebrarán en este año 2023. 

Ya he expresado mi opinión sobre la nueva ley, y no estoy animado a seguir explorando las novedades que trae. Sigo pensando que el paso de un curriculum basado en contenidos, que ha tenido una vigencia de siglo y medio en España, a otro competencial, debería haberse hecho con tiempo, con previsión, informando y acompañando al profesorado, y no con prisas, sin guía efectiva y dejando en la responsabilidad individual un tema que es colectivo, a nivel de centro escolar. No hacía falta esta reforma, y mucho menos, aplicada de esta manera. Y no voy a insistir en sus defectos, creo que el tema no da más de sí. Otra cosa es si se están elaborando las situaciones de aprendizaje, si el curriculum por competencias va siendo aplicado en las aulas. Yo apostaría a que no.

Hablar del debate educativo en Twitter, aunque parece más calmado, tampoco es un tema que me interese. Cada vez más se parece a la guerra de trincheras de la I Guerra Mundial, con el desgaste y las bajas consabidas, sin ningún avance. En este caso, pierde Twitter y el claustro virtual, que afortunadamente va encontrando convocatorias y espacios donde todavía se puede huir del "y tú más" tan habitual. 

En lo educativo, enero y febrero son meses tranquilos marcados por celebraciones festivas: el día de la paz, que se solapa con el día del árbol, más minoritario. A continuación, con fechas movibles, el carnaval, que dará paso, en marzo, al día de la mujer. A todo esto se pueden añadir el día de la niña y la mujer en la ciencia, el 11 de febrero, y San Valentín, que van abriéndose paso en el calendario festivo, cada vez más recargado.

En el blog ya hemos comentado la mentalidad de escaparate de estas celebraciones, hacer para que se vea, más que mostrar lo que se hace, un camino que no parece tener retorno en esta competición postmoderna por la visibilidad en redes, por el márketing escolar, por parecer atractivos, una escuela que hace cosas. La consistencia de las acciones ya es otra cuestión, que muchas veces no se contempla, o se camufla en las buenas intenciones de la mayoría. 

En una época de exaltación de la infancia y de la juventud, parece lógico que se quiera potenciar lo festivo, lo que se sale de la rutina. Efectivamente, una práctica escolar demasiado predecible no es acertada, porque el aprendizaje tiene un componente de curiosidad, de novedad, que en ocasiones puede disminuir en tareas y horarios muy reglados y compartimentalizados. En eso, las sesiones de primaria, que en muchas ocasiones son seguidas para el mismo docente, permiten coger de aquí y de allá y alargar o acortar el tiempo de una asignatura, llevar a cabo una actividad más laboriosa o, por el contrario, dedicar menos tiempo a una tarea más sencilla sin alterar el horario general del centro.

Celebración de carnaval (foto mía)
Pero... si se acumulan tantas celebraciones a lo largo del trimestre, y del año, ¿no se está rutinizando la propia celebración? Se está haciendo ordinario un hecho que, en su concepción, era extraordinario, es decir, fuera de lo habitual. Con tanta fiesta, ¿podemos hablar de celebración, de alto en el camino? ¿No se pierde el carácter de interrupción de la dinámica del aula porque se quiere llegar a algo diferente, también interesante? En ese sentido, surge otra reflexión: ¿Conviene celebrar todo lo que se quiere celebrar? ¿O es mejor seleccionar y no dejarse llevar por esta marea pseudofestiva que en todo ve una ocasión para salir del aula y dejar de dar clase?

En un centro donde trabajé hace un tiempo había un aula CyL con alumnado con TEA. Estaban perfectamente integrados en la vida del centro: los demás alumnos veían con normalidad que de tanto en tanto sus conductas fueran distintas. No había incomodidad ni falta de aceptación; al menos, esa fue mi impresión prolongada durante los dos años en que estuve allí. Una maestra de PT propuso celebrar el 2 de abril con unas actividades por clases que tenían el color azul como fondo. Apenas se nos dio información, fue bastante precipitado todo. A mí me pareció muy fuera de lugar: celebrar el dia TEA (2 de abril) en un centro donde los alumnos TEA estaban integrados, eran unos más de la vida escolar, aunque acudían al aula CyL unas horas semanales. ¿Necesitaba esa escuela reforzar el tema? No. ¿Hacía falta vestirse de azul? En absoluto: el trabajo ya estaba hecho, y es una alegría que fuera así. Pero... se celebró de manera folklórica, aunque no hiciera falta. Al centro no le faltaba concienciación, pero se dejó llevar. 

En tantos claustros encontramos posturas diferentes, cuando no enfrentadas, sobre estos días. Están los entusiastas de celebrar todo y durante más de un día, a poder ser, sin tocar un libro o una actividad que no tenga planteamiento lúdico, a poder ser fuera de clase. Completar el día con una película también es una opción; lo relevante es no dar clase. Y los que no participamos de esa marea de días perdidos para el aprendizaje, tantas veces, somos vistos con recelo, como poco innovadores, como mínimo. Se nos llama aburridos, sosos (cuando se quiere ser respetuoso, ojo) o maltratadores de niños, obligados a aprender cuando hay que jugar y celebrar... lo que los mayores queremos que celebren, claro.

Y así pasa la vida y la primaria, y creo que la secundaria también, cada vez más celebrativa-festiva. Una tendencia que no tiene marcha atrás, al menos en el corto plazo. A no ser que reflexionemos seriamente, como colectivo, sobre el valor del tiempo escolar, ese tiempo demasiado escaso como para malgastarlo. Pero no veo yo ese afán en muchos claustros, en los que la fiesta no admite debates sosegados. Mientras tanto, me consuelo recordando al gran Ángel González: 

No busquéis el motivo en vuestros corazones.

Tan sólo es lo que dije:
lo que pasa.


miércoles, 28 de diciembre de 2022

"Un viaje por las letras": ¿Nos acompañan?

Portada, foto propia

 En este blog se comentan libros sobre educación, o relacionados con la misma. Sin ser una sección fija, hay obras reseñadas de pedagogía, organización escolar, sociología, estudios culturales... Todas, en mayor o menor medida, afectan a la visión de la escuela que se tiene en la sociedad, y a lo educativo como parte de un sistema.

Pero hasta hoy, no había reseñado una obra como "Un viaje por las letras", de Pedro Cifuentes, @krispamparo, autor con quien comparto lugar de residencia (vivimos en la misma población), macrovisión educativa y, lo más importante, mesa y mantel unas cuantas veces al año, con nuestra amiga Isabel Corell, @FLE_isabel.

Lo anterior, siendo importante, no me ha llevado a escribir sobre esta obra. Pedro no necesita ninguna promoción, su trabajo lo avala y lleva ya una trayectoria considerable en el cómic y la narrativa visual en España y en el extranjero, ya que sus obras se traducen cada vez más. Yo, por mi parte, me he ganado, creo, el derecho a escribir de lo que me apetezca tras diez años de chiringuito educativo abierto en la blogosfera, antaño fértil vergel y hoy... escenario de película del oeste, con arbustos llevados por el viento incluidos.

La narración del libro empieza en una biblioteca municipal, que por cierto desconocía a pesar de estar en Valencia, a donde me desplazo con frecuencia y cuyo centro transito con agrado. Allí quedan dos alumnas de instituto, una lectora voraz, Isadora, y María, que prefiere lo digital y musical, para hacer un trabajo de literatura. Allí se reúnen con Calíope, una de las musas griegas, la de la poesía épica, predecesora de la narrativa como la conocemos actualmente.

Empieza un viaje por todo el mundo y por todas las épocas de la literatura. No se plantea un repaso exhaustivo a la historia de la literatura, aunque aparecen muchos momentos (algunos injustamente postergados, como los inicios de la poesía en Persia o la historia de Gilgamesh, por ejemplo) y muchos autores canónicos, podríamos decir. También hay espacio para autoras menos conocidas que reciben un reconocimiento a su labor, minusvalorada por el hecho de ser mujeres, tantas veces. 

El planteamiento de la obra me parece un acierto: a través de saltos bien hilvanados entre lugares y épocas, da vivacidad al relato y lo convierte, en un inteligente recurso, en una narración con interés propio, en una posmoderna novela de viajes con una guía muy pizpireta, Calíope, que cambia de vestuario con facilidad para adaptarse a la época que visitan. Este recurso, que parece un añadido, puede interpretarse en un transfondo más profundo: la literatura es hija de su tiempo, de las creencias y costumbres que imperaban en los siglos en que se escribió. No es mal mensaje, por supuesto, en estos tiempos de revisionismo exacerbado (que casi nadie aprobaría en la historia universal, me temo) desde la visión occidental del siglo XXI.

Me llama la atención lo trabajado del libro, la cantidad de imágenes clásicas que llenan sus páginas, entre las que se cuelan las tres protagonistas viajeras. Esta manera de dibujar ya se veía en la trilogía "Historia del arte en cómic", y sigue siendo eficaz, al contrastar el hilo narrativo con la quietud de los escenarios. Me impresiona la ciudad medieval, la plaza mayor de Almagro (que hoy sigue siendo blanca y verde), el uso del blanco y negro en la incipiente urbe industrial de inicio de siglo XX... Tantos apuntes para la observación y el deleite de la vista.

Ahí radica uno de los atractivos indudables de "Un viaje por las letras", a mi entender: esa dispersión ordenada -permítaseme el oxímoron- que ofrece pistas para la investigación, para la consulta, para seguir viajando por el inagotable mundo de las letras, de la ficción, del teatro o de la poesía, a partir de lo esbozado en las páginas del libro comentado. El autor abre un abanico de oportunidades a la mirada del lector, no solo del adolescente, que puede sentirse muy atraído por el tratamiento de la información, sino también del adulto que, como yo, descubre algún autor o circunstancia que no recordaba o directamente desconocía, como la alusión a Tolkien y su participación en la I Guerra Mundial... que he investigado posteriormente.

La idea misma de canon fue puesta en cuestión ya en los años setenta, al proliferar los canales de información y de conocimiento y dejar de ser patrimonio de una "academia". La popularización del saber lleva inevitablemente, al menos así ha sido en el siglo pasado, al cuestionamiento y dilución del canon establecido con anterioridad. No hablamos ya de la sospecha que se ha instalado en el siglo XXI sobre los valores que sustentan obras literarias de hace siglos; simplemente, el acceso a más autores, más perspectivas y voces descoloca, recoloca, si se quiere, la ortodoxia en la consideración de las obras literarias. 

Abraham Moles habló de una cultura mosaico para definir las relaciones culturales horizontales en las que todo cabe... antes de internet. Imaginaos ahora, con tantísimas fuentes de información. Por tanto, plantear un trayecto con mucha libertad, dando pinceladas aquí y allá, dejando al lector con curiosidad por saber más, por seguir el viaje por su cuenta, es una estrategia brillante.

La enseñanza de la literatura ha ido variando en las últimas décadas dentro de la inercia que padece el sistema educativo, ese elefante lleno de ideas previas, prácticas no cuestionadas y curriculum oculto. Este libro de Pedro Cifuentes es una contribución, desde el amor a la lectura, a una manera más dinámica, más cercana a la realidad del alumnado, de enseñar literatura... y de empezar a disfrutarla. 

Hemos sufrido una asignatura de literatura demasiado constreñida al canon. Yo, alumno de medias en los años ochenta, tuve que leer "El Quijote" en un momento en que leía, motu propio, 1984 de Orwell. Antes fue el Cantar de Mío Cid, en aquellas ediciones de Cátedra que conservo en una estantería. O las Cantigas de Santa María. No era la mejor manera de incentivar la lectura voluntaria. Porque, al final, se trata de hacer lectores, no solo eruditos efímeros en hemistiquios, sinécdoques o calambures. Es más difícil crear lectores que dar una asignatura, cierto. Pero no quiero demonizar lo vivido, que también me ayudó, a mí y a muchos alumnos de aquella época.

Volviendo a la obra reseñada, también encontramos el recurso de la narrativa visual, el visual thinking, para hablarnos del esquema clásico de la narración popular, que remite, por ejemplo, a Propp y su Morfología del cuento. Es otra pincelada, al igual que el magnífico conjunto de las musas, cuyo nombre, reconozco, he olvidado en muchos casos. Una imagen deslumbrante. Podría seguir, pero estoy convencido que la lectura del libro será mucho mejor que mis palabras. 

He leído alguna crítica en Twitter sobre si está o no está tal autor (hay quien se guarda el papel de narrador omnisciente en esa red social, tan llena de sabios cuya aquiescencia consideran indispensable). Evidentemente, se trata de un paseo, una invitación, y están, como decíamos al principio, los grandes movimientos y autores, incluido mi admirado Zweig, aunque no estén Hesse, Hölderlin, Kafka, Goethe... porque un repaso tan exhaustivo sería enciclopédico, y no es la intención, intuyo, del autor. Enciclopedias sobre literatura universal hay muchas, y seleccionar se vuelve necesario.

En definitiva, creo que este cómic es una ayuda decidida para el profesorado de etapas obligatorias en el empeño de fomentar la lectura, sin renunciar a la información propia del área de la literatura. Es didáctico sin parecerlo, cumpliendo aquella máxima clásica de "enseñar deleitando". No hay moralina, los personajes están bien trazados y su relación resulta convincente, con referencias y guiños que muchos jóvenes pillarán y que otros, más viejunos, podemos indagar. El final, que no desvelaré, me parece lógico, como bien sabemos tantos maestros y profes que amamos la lectura y los libros. Y a nuestro alumnado, también.

sábado, 24 de diciembre de 2022

Balance desencantado de 2022

 Hace unos años, escribí un artículo en este blog titulado "Balance desencantado de 2015" en el que reflexionaba sobre la imposibilidad de un pacto político en educación. Con la LOMCE aprobada en 2013, iniciábamos una nueva reforma, con la LOE de 2006 apenas desplegada. 

Había habido cambios políticos importantes en el mapa autonómico. En el País Valenciano, tras veinte años de mayorías absolutas del Partido Popular, había empezado un gobierno bicolor apoyado por Podemos y sustentado por un pacto político llamado del Botànic, porque en ese jardín céntrico de Valencia se firmó el acuerdo, que ha seguido vigente hasta hoy y que será valorado en las urnas en las elecciones autonómicas de mayo de 2023.

Evidentemente, ha habido grandes diferencias de gestión entre ambos gobiernos, el popular y el tripartito del Botànic. Se han renovado muchos de los elementos legislativos que hacen que un sistema educativo funcione en una determinada dirección: la normativa sobre inspección, se ha avanzado mucho en inclusión efectiva, con leyes exhaustivas para la detección, seguimiento y ayuda a los alumnos con NEE; se ha regularizado la acogida al sistema educativo, se han actualizado los ROF de las etapas no obligatorias, se ha diseñado un nuevo modelo de educación plurilingüe que cree en el fomento efectivo de la lengua minorizada, el valenciano-catalán. Podría seguir, pero creo que queda ilustrado el cambio que ha habido en la administración educativa de mi tierra. Curiosamente, la gestión económica de los centros, cuya normativa es de 1995, sigue vigente (y muy desfasada en algunos aspectos). Otro aspecto a mejorar es la hipertrofia de legislación producida: casi imposible estar al día en todo.

Releyendo el artículo de 2015, no puedo evitar la sensación que tiene el personaje de Bill Murray en "El día de la marmota" al revivir el mismo momento una y otra vez. Reconozco que me gusta más el mito de Sísifo, al que aquí he aludido alguna vez (es lo que tiene llevar un blog desde marzo de 2012). Me confesaba cansado, decepcionado con el trato político a la educación española. Cómo expresar las sensaciones en 2022, con la insensata LOMLOE ya en vigor. Por si alguien me cree nostálgico de la LOMCE, puede revisar los artículos que escribí razonando mi rechazo a aquella ley y a su ministro, que ha desaparecido de la vida pública (sin que lo eche de menos, la verdad). Tampoco soy amante de la LGE y la EGB. Hay que especificar esto porque últimamente si no se está con la LOMLOE, parece ser que hay que estar con todo lo anterior. 

Y no es así. Una de las tristes constataciones de 2022 es la absurda, dañina e ineficaz polarización de posturas en el claustro docente, en el debate educativo en Twitter. Y, como en el cuento de los clavos y la valla, el desenlace dejará marcas. De hecho, ya se han ido muchos que compartían sin querer imponer, cansados de tanto alboroto desagradable. Han dejado Twitter o estan en silencio, participando mucho menos de lo que lo hacían. Yo mismo me planteo si tiene sentido exponerse y que caigan por todos los lados (o casi todos). Si el bloqueo preventivo ha venido para quedarse o he de afiliarme a un bando obligatoriamente, cuando tengo amigos en ambos y, además, una trayectoria profesional que me define, y que mi blog recoge ampliamente. ¿Por qué tengo que someterme a un escrutinio por parte de compañeros de profesión que cuestionan sin saber? ¿Vale la pena? Hemos adoptado las malas formas del debate político (si puede llamarse debate a ese lanzamiento de piedras al grito de "Y tú, más") y hemos perdido, no sé si irremisiblemente, la capacidad de cooperación desinteresada.

Lo más penoso es en Twitter que ya no se puede opinar de nada, ni de fútbol, sin temer las consecuencias en forma de insulto. Parece ser que lo progresista era querer que Argentina y Messi ganaran el Mundial. Me ha costado unos cuantos unfollows y algún bloqueo opinar lo contrario y pensar que había interés de FIFA por un desenlace en ese sentido, que Argentina y su capitán ganaran, como fuera, el Mundial. Hasta ahí, perfecto, si hay quien decide dejar de seguir, es perfectamente asumible, aunque sea por el mundial, que dentro de quince días recordaremos vagamente. Lo que no acepto es que haya quien, desde cuentas anónimas, cuentas B o C, no sé, se dedica a insultar gratuitamente, o a asignar sentimientos como "odiar a muerte" a un jugador por no seguir la corriente absolutoria de todo lo que hace. O peor aún, por criticar a una divinidad del planeta fútbol. Todo ridículo, pero así está Twitter; infantilizado y gamberrizado.

Dejemos Twitter, que en el fondo representa a una parte pequeña del profesorado en España, y menos va a representar con esta deriva. Respecto a 2022, ha sido el año de la apresurada y hasta cierto punto caótica aplicación de la LOMLOE, con curricula autonómicos publicados en agosto, septiembre... o  todavía esperando en algunas CCAA. El lema del ministerio ha sido "Deprisa, deprisa". ¿Por qué? Porque se tiene la expectativa de un posible cambio de gobierno central, que paralizaría una vez más esta reforma, como pasó con las dos anteriores. Había que hacer el cambio como fuera. Y la ministra del ramo, más dedicada a la portavocía de su partido que al ministerio. Así, difícil lo van a tener.

Paradójicamente, al no tener todavía la programación según la reforma, con sus situaciones de aprendizaje de las que emanarán las competencias específicas, muchos docentes han recurrido, más que nunca, a lo que propone el libro de texto, que se ha "adaptado" a LOMLOE en un santiamén, casi milagrosamente. O sea, que la primera consecuencia de la ley, en el universo real, es que se use más la programación de las editoriales.

Para otro día dejaremos un posible calendario razonable de aplicación de la reforma, algo que ya no se podrá hacer. Un cambio tan profundo en la programación y diseño curricular requería de mucho más acompañamiento, además de una campaña de persuasión de sus bondades. Ni lo uno ni lo otro.

sábado, 26 de noviembre de 2022

Por qué no necesitábamos la LOMLOE

 Hace más de dos meses que no publico una entrada en el blog. Septiembre y octubre son meses complicados en las aulas, con la programación, conocer al grupo nuevo, si es el caso, y situarse en el centro si, como me ocurre a mí, estoy en comisión de servicios. Tareas que se llevan parte del tiempo libre y, por supuesto, todo el tiempo que dedicamos a lo educativo. 

Además, hay otro factor en este curso 22/23: el desconcierto que ha causado, en mí y en muchos compañeros, el despliegue normativo y el inicio de la aplicación en los centros de la reforma LOMLOE. Una ley innecesaria, hecha de espaldas a la mayoría del profesorado, confusa en conjunto  y, en mi opinión, mal redactada. Queda claro que entusiasta de la reforma no soy, precisamente.

A veces, me sucede como a aquel político que, en los setenta o primeros ochenta, dijo aquella frase que ha hecho fortuna: Yo ya no soy de los nuestros. Pues eso me pasa a mí: siempre he creído que estaba del lado de la renovación pedagógica, aunque no haya sido de planteamientos radicales. En mi carrera académica, mis años en la escuela, he intentado probar ideas nuevas, contrastadas, para ayudar a mi alumnado a mejorar sus aprendizajes, haciéndolos más amenos sin renunciar al rigor en mis planteamientos. He seguido algunas normas propias que no me han funcionado mal, entiendo yo. A continuación, las explico brevemente.

Siempre conviene evitar la rutina, al tiempo que se han de crear hábitos intelectuales y de organización del propio trabajo del alumnado. Vaya ejercicio de equilibrio. Para ello, se han de presentar aprendizajes relevantes. En ese sentido, una actividad que no justifica su interés, no se hace. El libro de texto es una propuesta, no las tablas de la ley. Sí, ya sé que resulta evidente, pero en mi trayectoria me he encontrado con compañeras que hacían todas las actividades de todas las unidades. No podemos ser meros administradores del libro. Para eso sirve cualquiera.

 He insistido en las técnicas de manejo de información, intentando aplicarlas a todas las áreas. Hoy mismo hemos elaborado un esquema sencillo a partir de un texto expositivo en tercero de primaria. Mi alumnado dice que les gustan los esquemas, y alguno suelta: Es que a Salva le gustan los esquemas.

He dado muchísima importancia a la lectura comprensiva. En este blog tenéis una decena de artículos sobre el tema, que he unido a la animación lectora. Los docentes de primaria somos, sobre todo, maestros de primeras letras y de cálculo. En ese sentido, he reflexionado también sobre la escritura y las tipologías textuales, abjurando del predominio abrumador de la narrativa en las propuestas de manuales de texto y buscando alternativas que permitieran empezar a dominar la producción autónoma de textos. 

Mi clase siempre ha tenido una buena biblioteca de aula, y la hemos usado muchísimo, dándole un lugar preeminente en la clase, accesible y bien visible. Este curso, en que me estoy encontrando muchas dificultades para trabajar al nivel que corresponde con el grupo que tengo, he mantenido la biblioteca desde el principio y va dando buenos resultados. Además, otro año más soy el bibliotecario del centro.

He tenido varios blogs de aula, y he intentado acercar la informática al alumnado en prácticas con sentido, más allá de ir al aula de informática. Reconozco que, en los últimos cursos, he dejado más de lado esta faceta, al estar en la dirección de un centro y encadenar esta etapa con los años de pandemia, que han supuesto en mi caso no disponer de aula de informática por desdobles en los niveles de primaria.

He participado en muchas iniciativas de renovación docente (la innovación, término que viene de la empresa, es otra cosa) y sigo vinculado a algunas asociaciones que se han dedicado a organizar jornadas, conferencias, trabajo en red buscando un cambio en las aulas y los centros. Y he sido asiduo de actividades formativas que me han llevado a visitar media España en cursos de verano, seminarios o congresos. Por resumir, digamos que no me he quedado en mi aula haciendo lo de siempre. Y este curso he cambiado parte de mi práctica para ajustarla a la realidad del grupo que tengo, con el que voy a aplicar trabajo cooperativo de manera continua: un nuevo aprendizaje para mí.

Y me confieso un tanto aturdido ante los giros que va dando la legislación en educación, así como la práctica de muchos centros en los que se toman decisiones sobre metodología sin consenso o apoyándose en modas o eslóganes. Será que me hago mayor, pero no entiendo que se haya cambiado de arriba abajo la manera de programar el trabajo en el aula sin una formación previa y exhaustiva. Es más, tampoco veo la necesidad de ese cambio, no era lo que la educación formal requería, a mi entender.

En Twitter hemos pasado dos meses viendo a profesorado angustiado por no saber cómo llevar a cabo la programación de aula ante las exigencias de la nueva ley. Acuciados, además, por el curso ya en marcha y con los curricula oficiales de cada comunidad autónoma recién salidos (el valenciano apareció a mitad de agosto) o aún por ser publicados en los diarios oficiales.

El cuadro aludido en el artículo, en
 https://www.eitb.eus/es/radio/
Es de una falta de sensibilidad pasmosa que, tras dos cursos de pandemia en que hemos sufrido mucho a nivel profesional se aplique esta reforma en el primer año de normalidad. Es un maltrato al profesorado, considerado como simple ejecutor de lo que algunas mentes brillantes han diseñado para las aulas españolas, sin tener en cuenta, una vez más, la cultura profesional de la docencia, y saltándose la idiosincracia de los centros educativos.

Para acabar de completar el cuadro, las editoriales han sacado sus libros que, salvo excepciones, son los mismos de la LOMCE pero camuflados de LOMLOE, con alguna situación de aprendizaje, sí, pero con el mismo esquema de presentación de la información que siempre. Animo a quien quiera a que haga una investigación sobre los manuales de primaria, que son los que conozco.

Una reforma así requería, además de consultar al profesorado de manera efectiva, dos años para prepararla, con trabajo conjunto en los centros, reuniones deliberativas para llegar a unos acuerdos metodológicos y plantear alternativas creíbles a las unidades didácticas. Muchos no sabemos -ni se nos explica de manera clara- delimitar una situación de aprendizaje de la que emanen saberes, competencias específicas y a la que aplicar una evaluación bastante distinta a la que hacemos. 

Las reformas educativas de arriba abajo no son efectivas, está demostrado. Si además se pretende implantar una organización del aprendizaje similar al trabajo por proyectos, sin formación previa y con prisas, no le auguro mucho éxito a esta LOMLOE. 

Y quien dice esto ha escrito varios artículos contra la LOMCE, y no es contrario a la LOGSE. Pero una reforma que recuerda al cuadro de Delacroix, La libertad guiando al pueblo, cuando el pueblo es el profesorado y los cabezas de huevo son la mujer alegoría de la libertad, no es la solución. 

viernes, 2 de septiembre de 2022

Hoy empieza todo (un año más)

 Este artículo no pretende analizar el inicio de curso desde una perspectiva técnica: la implantación de la LOMLOE, accidentada y a destiempo, los nuevos currículos a aplicar, recién salidos del horno de cada consejería autonòmica (algunos aún están cociéndose, cosas de palacio), no son objeto de estudio. Tiempo habrá de ver y de entresacar lo mollar de cada cuestión. Eso, suponiendo que esta reforma sobreviva al gobierno que la promueve, que es mucho suponer.

Hoy quiero referirme a algunos ritos, momentos, que marcan nuestro trabajo docente, y la propia manera de entender la escuela. Y el uno de septiembre es uno de ellos. Ese día que, en países eslavos, supone la vuelta del alumnado a las aulas, y en nuestra tierra significa que el profesorado vuelve a los centros. Nuestro comienzo de año, el de verdad, el que trae cambios hasta el treinta de junio siguiente.

Esa primera semana sin alumnado que nos sirve para conocer el centro, si acabamos de llegar; para saber qué alumnado tendremos, con qué compañeros trabajaremos, qué novedades legislativas se aplicarán. Son días más relajados, aunque exigentes en la preparación, fundamentales para que, una vez las aulas llenas de chicos y chicas, las cosas funcionen con normalidad. Hay que arreglar las aulas, mirar qué clases de pruebas y actividades haremos los primeros días, qué materiales se utilizarán. Empezar a ver cómo se hará la programación de aula. 

Me parece fundamental reflexionar sobre la distribución del espacio en la clase. Lo fundamental, y no es broma, es que quepan todos. Hay una tendencia malhadada a construir aulas cada vez más pequeñas, que se llenan de estanterías, mesas auxiliares, ordenadores... Hoy mismo me he calentado la cabeza al ver que mi alumnado de tercero de primaria no va a llegar a los casilleros de arriba, porque están demasiado elevados. Pensando si bajarlos (un trabajo, la verdad) o utilizar solo la fila inferior, donde si llegarían los más altos, y poner una estantería de tres baldas para conseguir más espacios de almacenaje. Porque, no nos olvidemos, las aulas son fundamentalmente para el alumnado que las utiliza y todo, en la medida de lo posible, ha de estar a su nivel: circulación, almacenaje, señales y pizarras... A veces, nos liamos con la legislación o con no sé qué técnica avanzadísima, y resulta que nuestro trabajo consiste, en tantas ocasiones, en mover sillas, cambiar mesas de sitio, cuadrar el mobiliario con la idea que queremos para el aula. O llegar a tiempo a la fotocopiadora para que tengan esa ficha de mates que complementa lo que estamos viendo.Una cotidianeidad de lo escolar que nos es muy cercana... y necesaria. 

Repensamos el aula como lugar de aprendizaje, viendo qué nos ha funcionado y replanteando lo que queremos mejorar. Dónde vamos a poner un póster, dónde la biblioteca de aula, si hay percha para mi chaqueta (no suele haberla, añado). 

Vista del exterior desde la ventana
de mi clase de tercero EP

Septiembre nos permite también recuperar  sensaciones: el olor del papel nuevo en los libros, los lápices de madera y, sobre todo, el silencio tan infrecuente cuando se trabaja en educación.

Se suele decir que los docentes hemos sido buenos alumnos, nos ha gustado la escuela tanto que nos hemos quedado. Esto sirve más para infantil y primaria, en mi opinión, aunque también hay profesorado de secundaria que tenía claro, desde siempre, que quería enseñar... porque disfrutó en el insti. De hecho, somos un colectivo que pasa su vida en los centros escolares, y normalmente hablamos de educación cuando no estamos en la escuela. Y es en septiembre cuando empieza todo, en esos días de silencio en las clases, de trabajo menos vistoso pero igual de necesario.

Y además, esos días de septiembre suponen una esperanza nueva, un anhelo de vivir otro curso, de seguir enseñando y compartiendo el gusto por la cultura, cada uno en su especialidad o en la generalidad adaptada a la edad del alumnado. Un aula que se abre el uno de septiembre es una página en blanco. No importa qué ha pasado allí anteriormente, ni quienes han ocupado los pupitres o la mesa del profesor. Todo se vuelve nuevo, esperanzado, capaz, en un sentido de abrir posibilidades. No de acostumbrarse a una rutina cada vez más insostenible, pero sí de adquirir hábitos intelectuales que nos servirán en adelante. De practicar la convivencia entre iguales y con los mayores. De disfrutar, de equivocarse, de mejorar, de vivir, como decía Dewey, porque la escuela, para nuestro alumnado, es la vida misma. También para nosotros, que acumulamos años junto a esas mesas verdes o marrones, deambulando por la clase, manchándonos de tiza (cada vez menos, eso sí) o dándole al teclado del ordenador y a la pizarra digital. Con libretas o tabletas, buscando el aprendizaje, lo más significativo posible, lo más completo que se pueda. Introduciendo a nuestro alumnado en la tradición cultural, en lo valioso, tomando la responsabilidad de los adultos con respecto a la infancia, como indicó Hannah Arendt.

Para nosotros, hoy también empieza todo.

martes, 16 de agosto de 2022

Byung-Chul Han en Santander (II). Un resumen

Byung-Chul Han, atendiendo
a la traducción simultánea

Continuamos con la crónica del curso magistral impartido por Byung-Chul Han en Santander del 1 al 3 de agosto. Tras un primer artículo en que comentamos los aspectos generales del curso, nos adentramos en algunos de los temas que abordó el filósofo coreano.
Han habló mucho sobre digitalización, un proceso dejado en manos del mercado. Según el pensador, los políticos no piensan en el proceso digitalizador, que no tiene rostro humano, solo el capital. Sin embargo, Han deja claro que no odia la digitalización ni la tecnología, sino la manera en que se está llevando a cabo, la adicción que nos crea inconscientemente, la dependencia de estar siempre conectado y disponible.
Uno de los efectos de la digitalización es que insonoriza el lenguaje. La existencia de un tú hace sonoro el lenguaje, ya que va en su busca (el diálogo es eso, una búsqueda sonora del otro). Y así, lo hace también verdadero. Desaparece la voz del otro porque usamos mensajes de texto, diluyendo el diálogo. Además, no evocamos al otro como tú, o lo hacemos en contadas ocasiones. Se elimina la parte que tenemos enfrente, la otredad del otro.
Byung-Chul Han liga esta ausencia del tú al narcisismo, que a su vez explica que leamos tan poca poesía, retomando a Celan. La poesía necesita un otro, tiende hacia el otro. La poesía, dice el filósofo, es la esencia del lenguaje humano, por lo que estamos perdiendo la esencia de la humanidad.
Respecto a la relación con el otro, Han habla de una paradoja: se suprime la distancia (en un sentido de disponibilidad) pero no aumenta la proximidad. Al estar todo disponible, se pierde la pasión, no hay deseo. Los consumidores son seres solitarios. Incluso desaparece el vínculo con las cosas, ya que la relación es inversamente proporcional: a más cosas poseídas, menor vinculación, como explica en su libro "No cosas".
 El smartphone ha creado otra manera de percibir la realidad. Determina nuestra percepción pero sin ser conscientes de ello. Por eso, según este autor, necesitamos una fenomenología del smartphone. Está íntimamente ligado al consumo, todo está a un clic. Es un objeto agradable al tacto, con superficies lisas, que se ha convertido en el objeto devocional del capitalismo, como en otro tiempo lo fue el rosario para el catolicismo. De hecho, cada like es como un amén digital, una confirmación de que participamos en la comunicación global, a la que aportamos información sin coerción. Nos confesamos, mostramos imágenes, reflexionamos... sin darnos cuenta de la compulsión existente para publicar. Más comunicación es más capital, más publicidad en redes, más beneficios para las corporaciones que controlan la red, más información y datos que pueden ofrecer de cada uno de nosotros, convertidos, en realidad, en el producto. Nuestros datos son valiosos y los cedemos inconscientemente ante la gratuidad de los servicios digitales.
Para terminar con la digitalización, aunque el tema es casi inagotable, Byung-Chul Han habló del homo digitalis, el ser humano sin mano, solo con dedos. Históricamente, hemos conocido el mundo con las manos. De hecho, en alemán, actuar se denomina handeln, y la palabra mano (hand) está en el lexema. 
En nuestros días, en cambio, todo se digitaliza, se hace dígito y adopta valor numérico. Hemos pasado de descubrir el mundo con las manos a hacerlo con los dedos.  Incluso los niños cambian la manera de relacionarse y experimentar la realidad, ya no con la manipulación sino a través de los dedos que tocan el teléfono móvil.

La sociedad de la información ha llevado a la fragmentación de la realidad. La actualidad es compulsiva y difícilmente permite elaborar un relato sereno. La verdad es una narrativa, y el capitalismo no presenta una narrativa, no hay verdades, cada uno tiene su verdad. Por eso, las noticias falsas no pueden combatirse con la verdad. El panorama es terrible. Es una comunicación sin comunidad.
Hemos perdido capacidad de concentración para la lectura, que es una actividad que requiere mucha atención de manera continuada. Ha aumentado el aislamiento, ya que la televisión aún suponía un cierto ritual de compartir la visión, pero hoy casi ha desaparecido sustituida por plataformas digitales. 
Se pierden las historias, que son las que vinculan a las personas. Necesitamos, llegará a decir Han, una comunidad narrativa que comparta una narración que dé sentido y no la hay. Esto ya lo indicó Lyotard al hablar de la postmodernidad en La condición postmoderna: no hay grandes relatos justificadores, ni la religión (premoderna) ni el progreso, versión moderna y laica del relato, sirven ya. Y esto lo dijo a finales de los setenta. ¿Plantea Han volver a la premodernidad, a recuperar la comunidad, superada por la sociedad en la modernidad? ¿Se trata de hacer algo semejante a la comunidad ideal de habla habermasiana? Le pregunté al filósofo, pero no fue muy preciso. Dijo que la idea sería más una comunidad que comparte relatos, como antes de la modernidad. Cómo llegar allí, ya no está tan claro.
La comunidad se destruye. La desaparición de los rituales contribuye a su destrucción. Son arquitecturas temporales que estabilizan la vida. Ahora, solo cuenta el momento. El tiempo se fragmenta y atomiza, todo es instantáneo. Nada permanece, y esa instantaneidad nos anima a seguir publicando. No nos damos cuenta de que más comunicación significa más capital, más ganancia para las plataformas. Una manera sutil de dominación, aquella que no se percibe.
Me gustó su reflexión sobre la deformación de la sexualidad que supone la pornografía, en la que se ha suprimido la parte erótica, que no es productiva, y se ha optado por lo mecánico, que puede medirse en términos de rendimiento. Y esta visión tan parcial es la que reciben los jóvenes cuando se inician en la sexualidad, lo que no es una buena manera de conocimiento. Además, el porno puede hacernos ajenos al cuerpo de la otra persona, a su realidad, puesto que se busca repetir las escenas vistas una y otra vez, mecánicamente, en una paradójica afirmación de la sociedad de rendimiento en un espacio íntimo... al haberse convertido el acto sexual en un espectáculo sometido a la intervención de las redes, un objeto de consumo visual más.
Se refirió brevemente a la educación, sugiriendo la prohibición de los móviles en clase, sobre todo para dejar a un lado la adicción y poder recuperar parcelas de concentración de calidad.
Hasta aquí el resumen de tres días de curso. Supongo que hay pistas suficientes para investigar, buscar lecturas, artículos... que nos permitan conocer más la obra de Byung-Chul Han. 
En 2012, Zygmunt Bauman dio un curso magistral de tres días en Santander. En 2022, ha sido el turno de Byung-Chul Han. He tenido la suerte de acudir a los dos. Me siento afortunado.

domingo, 14 de agosto de 2022

Byung-Chul Han en Santander

 Como he comentado en un artículo anterior, del 1 al 3 de agosto de este año he asistido a un curso magistral impartido por el filósofo coreano afincado en Berlín Byung-chul Han. Aunque no habló específicamente de educación, creo interesante y pertinente incluir sus reflexiones en mi blog, porque la educación no está aislada de la evolución de la sociedad, y siempre he defendido que el profesorado ha de estar sabedor de cómo van cambiando las cosas. Recurrir a filósofos, sociólogos, antropólogos culturales... es una manera de formarse y de situarse.

Tras glosar las virtudes de la formación veraniega en Santander, paso a resumir lo más destacado de estos tres días de formación junto al filósofo de la sociedad del cansancio. Al igual que en otras ocasiones, dividiré la crónica en dos artículos para no cansar demasiado al desocupado lector, expresión del gran Paco Umbral.

El curso despertó gran expectación y eso se reflejó en la masiva asistencia de público a pesar de la intempestiva hora de celebración, de tres y media a seis y media de la tarde, un horario absolutamente inusual en los cursos de verano, que suelen tener sesiones por la tarde, pero más cortas y como continuación de la mañana. El propio conferenciante nos explicó la razón de estas horas: se levanta tarde ya que pasa la noche trabajando, leyendo, tocando el piano... Supongo que alterar su rutina durante tres días era demasiado sacrificio. Aquí falló, y no fue la única vez, la organización de la universidad. No se puede decir a todo que sí, por más reconocido que sea el ponente. El divismo debe estar fuera del ámbito académico, o atenuarse hasta niveles más soportables. 

Otra consecuencia de este horario es que apenas pudimos entablar contacto los asistentes al curso, ya que se terminaba tarde y no daba tiempo a comentar lo acontecido, mientras que en horario de mañana se tiene la comida, normalmente en el comedor de la residencia, para compartir impresiones.

Así pues, en la sala Riancho, la de mayor capacidad del Palacio de la Magdalena, rodeado de expectación, vestido con camisa blanca y pantalón y chaqueta negros (mismo atuendo los tres días), apareció Byung-chul Han a las tres y media del lunes.

Respecto a su discurso, he de decir que fue un tanto difuso, con divagaciones extemporáneas, repetición de conceptos... Además, el primer día solo habló noventa minutos, dejando otros noventa para la intervención del público. Demasiado tiempo, porque lo interesante era escuchar a Byung-chul Han, y las preguntas en los cursos y congresos... las carga el diablo muchas veces. Santander no fue la excepción. No se filtraron las preguntas (en el sentido de escribirlas y pasarlas a la traducción simultánea) ni se puso límite a la intervención de los asistentes, con lo cual algunas preguntas fueron miniponencias con mayor o menor coherencia. Se olvidaba frecuentemente que se estaba traduciendo al alemán, y el ritmo locutivo era demasiado rápido para la traducción. No hubo moderadores, un segundo error organizativo y bastante grave, ya que vivimos momentos esperpénticos. El tercer día, el rector estuvo toda la sesión e hizo de moderador de las preguntas.

Ejemplar de "La sociedad del cansancio" firmado por su autor.


Otra posible deficiencia de la organización fue no decirle al ponente qué público tenía: muchos profesores de filosofía, profesorado de enseñanzas medias en general, además de lectores de su obra de distintos campos profesionales. Digo que es posible porque no me consta que se dejara de hacer, pero Byung-chul Han desconocía el nivel académico de la audiencia. Y un pequeño informe a partir de la matrícula siempre es útil. Es cierto que era un gran número de asistentes, pero han tenido tiempo para hacerlo. En un momento dado, Han dijo que si daba una clase teórica de filosofía nadie entendería nada, lo que provocó la protesta de parte del público. No hubo demasiada conexión, la verdad, a pesar de que el auditorio estaba deseoso de oír al filósofo berlinés. 

El segundo día, dedicó media hora a rebatir un artículo publicado en "El Mundo" en que se le acusaba de practicar la autoexplotación, cuando él denuncia esta práctica como nociva en Occidente. Para convencernos de que no se autoexplota, nos aseguró que es muy vago: por eso escribe libros cortos, respondiendo así a una pregunta que yo quería hacerle, la razón de la brevedad de la mayoría de sus libros. Y también nos dejó claro que le encanta tocar el piano, sobre todo las variaciones de Goldberg. También disertó, en otro momento, sobre la diferencia entre el romanticismo de Schubert y Schumann. Nos animó a tocar un instrumento, cosa que todo el mundo debería hacer, en su opinión. Ya digo, divagaciones cuyo sentido no acabábamos de captar. 

La verdad es que me está saliendo un artículo un tanto sombrío, y no quisiera que fuera así. Hubo momentos de inspiración y de discurso interesante relacionado con la obra publicada por el autor. De hecho, empezó su intervención resumiendo su pensamiento con esta oración: "El otro desaparece". Es un proceso dramático, acelerado por la digitalización: todo es inmediato, accesible, consumible. Desaparece así la negatividad de la no disponibilidad, que justamente es lo que da la categoría de persona al otro. Al estar siempre disponible, al alcance (gracias a la digitalización y al teléfono inteligente), pasa a ser objeto consumible, ya no más persona. Una idea profunda para empezar, sin duda, que recupera el discurso sobre la alteridad de los ochenta y noventa, con referencias a Levinas y Derrida, principalmente, y también a Foucault. Han también utiliza el análisis del poder que hace este último autor en Psicopolítica, al hablar de los estadios de la dominación.

Han desarrolla esta apertura al otro mediante el contacto,  siguiendo a Paul Celan. Una relación basada en el tacto, no en lo digital. Un apretón de manos, tender las manos, las hace verdaderas. Así, propone un enigmático paralelismo: No hay diferencia esencial entre un apretón de manos y un poema. En ambos hay un encuentro, una fusión de dos personas que comparten el momento. Una intimidad que la exposición digital trunca, desenfoca y banaliza. Por eso, tal vez, cada vez leemos menos poesía. Y en el poema, la lengua llega a un estado contemplativo, hasta el punto de surgir una nueva lengua, según Han, quien llega a preguntarse: ¿Para qué vivimos las personas si abandonamos la poesía? Continuará.


Altas capacidades: la escuela, ¿para quién?

Hace tiempo que no publico una entrada sobre #cineyeducación, pese a que es uno de los ejes del blog. Esto se debe a que no todas las pelícu...